Fiesta del té [pasado con la mano vacía]
#6
El día se acercaba y, una noche antes, la mujer juntó todas las monedas que pudo para pagar un hostal donde pudiera limpiarse correctamente y darse un merecido baño, quitar el polvo y la suciedad de su ropa y de su capa y, de paso, dormir en una cama que no fuera improvisada con paja en algún cobertizo de los lugares donde trabajaba.
De alguna manera, la emoción la recorría por dentro, pero no por el baño o por limpiar su ropa, sino por el encuentro que iba a darse al día siguiente. Cao la había invitado a una reunión con otras personas, y la simple idea de descubrir de qué se trataba era lo que la llenaba de entusiasmo.

En cuanto pudo encerrarse y lavarse, encendió en su vieja pipa las hierbas que había conseguido hacía unos días y que guardaba con recelo, pues el dinero no era abundante la mayor parte del tiempo. Le dio una profunda calada, sostuvo y luego dejó salir, observando cómo el humo se elevaba mientras permanecía desnuda en medio de la habitación, junto a la caldera que calentaba su piel y secaba su ropa mojada.
A la mañana siguiente se vistió con las mismas prendas gastadas de siempre, se peinó el cabello con sus propios dedos y colocó la capa sobre sus hombros, ajustando la capucha sobre su cabeza. Le entregó a la señora una propina —todas las monedas que llevaba encima— y salió del hostal con una sonrisa, la pipa en la boca y el paso seguro en dirección al lugar de la cita.

Encaminó sus pasos hacia la iglesia, donde apenas unos días atrás había realizado varios trabajos sin paga. Cruzó el arco de la entrada y recorrió los pasillos interiores, preguntando en el camino por el señor Cao Guojiu. “Preguntando se llega a Roma”, pensó, justo en el instante en que a su nariz llegó el olor a comida.
—No he desayunado —se dijo, al tiempo que se bajaba la capucha con forma de cabeza de lobo para entrar por la puerta.
La mesa ya estaba dispuesta y algunos invitados se encontraban alrededor, rodeados de flores y niños que iban y venían dejando y trayendo cosas. El ambiente recordaba a aquellas fiestas de nobles donde la etiqueta era un requisito para todos los presentes. La mujer sonrió, complacida, al contemplar la escena: un escenario de lujo, casi extravagante para ella, que evocaba las celebraciones de la comunidad en la que alguna vez vivió. El corazón se le apretujó con nostalgia.

Lan avanzó hasta el círculo que poco a poco se había formado. Reconoció rostros que había visto antes: allí estaba Cao y, junto a él, aquel mink burro sabio con quien había hecho eclosionar un huevo días atrás. También distinguió a un mink con una cáscara de huevo en la cabeza, a una mujer que hablaba en otro idioma mientras entregaba una canasta como obsequio y a un hombre con una flauta de bambú entre las manos.
La mujer sacó su pipa, la llevó a los labios y caminó a paso seguro hasta el grupo.
—Es un gusto verlos el día de hoy —dijo en voz alta, observándolos a todos. Luego retiró la pipa de la boca y giró hacia la mujer, intentando expresarse en su idioma—:
—Es un gusto, señorita. Buen día —saludó con una reverencia un tanto oxidada, aunque aún elegante.
—¡Gracias por la invitación, señor Cao! —añadió, inclinándose una vez más para dirigirse a todos los presentes.
[Imagen: dtilbUBl_o.gif]
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RE: Fiesta del té [pasado con la mano vacía] - por Lan Caihe - 11-09-2025, 11:48 PM

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