Hace 1 año — 7 pm.
Paré mi andar cuando llegué a la salida del bosque, justo donde la planta de mis pies descalzos sintió la arena blanca de la playa, a unos kilómetros del puerto principal, cerca de la orilla del mar donde, más allá, se veían algunas rocas altas. "Ahí será perfecto. Si tengo suerte claro." pensé, encaminando mis pasos un poco más allá de la orilla del bosque.
Coloqué un gran tronco que me serviría de silla en la suavidad de la arena, frente a él, comencé a armar una pequeña fogata, nada demasiado extravagante; junté hojas, ramas y, con un par de rocas y un tronco, hice fuego en menos de una hora.
Una de las ramas largas me sirvió como lanza luego de afilarla un poco con algunas conchas y piedras que me encontré en la orilla; con suerte, aplicar la suficiente fuerza me serviría para atravesarlos.
Dejé mi capa de lobo en el tronco, esperando que no hubiera nadie que quisiera robarme cerca en las próximas horas. Me quité la licra y el top y, así, quedando completamente desnuda, me metí al mar.
Mi cuerpo se estremeció ante la frialdad del agua salada; me sumergí completamente, en parte disfrutando un poco de la playa, en parte buscando el sitio perfecto donde pudiera cazar algunos peces, pues esa sería la cena.
Algunas horas después, lo logré.
Solo con mis manos y aquella lanza improvisada, tirándola al agua desde las rocas, logré asestar a varios peces de diferentes tamaños; "Tal vez", pensé "Si vendo algunos en el puerto, podría pagar una noche en una posada". La verdad era que —para dormir— no lo necesitaba, pero prefería enormemente poder bañarme a solas y en tranquilidad que entre un mar de gente en las saunas. Aunque eso también era divertido.
Cuando salí del agua, las luces del pueblo ya estaban prendidas; el fuego casi se había apagado, así que debía avivarlo de nuevo. Sin embargo, al observar hacia arriba, por un momento… olvidé muchas cosas.
Olvidé que estaba desnuda, que tenía hambre y que no tenía un hogar; olvidé a mi madre y olvidé mi pasado. Solo existía ese momento: estaba presenciando la vida misma avanzar en el tiempo, como los destellos de las luces cálidas del pueblo que se perdían colina arriba empezando desde el puerto, con el faro a lo lejos como testigo, el repicar y el canto de las aves costeras, con el crepitar de mi fogata y los peces que estaba a punto de comer.
Inhalé fuerte y me dirigí a la orilla, pisando con decisión y levantándome del agua con la lanza llena de peces en una mano.
Caminé hasta mi fogata y me senté sobre las rodillas, inclinándome hacia delante para avivar las llamas, soplando poco a poco y colocando algunas ramas sobre las brasas. El cabello me cayó sobre los hombros, tapando parte de mi cuerpo desnudo. Pero entonces… escuché algo que me hizo pensar que mi tiempo a solas se había terminado. Levanté la vista, como un animal alertado por un depredador.
—¿Quién anda ahi? —pregunté, en espera de una respuesta.
Paré mi andar cuando llegué a la salida del bosque, justo donde la planta de mis pies descalzos sintió la arena blanca de la playa, a unos kilómetros del puerto principal, cerca de la orilla del mar donde, más allá, se veían algunas rocas altas. "Ahí será perfecto. Si tengo suerte claro." pensé, encaminando mis pasos un poco más allá de la orilla del bosque.
Coloqué un gran tronco que me serviría de silla en la suavidad de la arena, frente a él, comencé a armar una pequeña fogata, nada demasiado extravagante; junté hojas, ramas y, con un par de rocas y un tronco, hice fuego en menos de una hora.
Una de las ramas largas me sirvió como lanza luego de afilarla un poco con algunas conchas y piedras que me encontré en la orilla; con suerte, aplicar la suficiente fuerza me serviría para atravesarlos.
Dejé mi capa de lobo en el tronco, esperando que no hubiera nadie que quisiera robarme cerca en las próximas horas. Me quité la licra y el top y, así, quedando completamente desnuda, me metí al mar.
Mi cuerpo se estremeció ante la frialdad del agua salada; me sumergí completamente, en parte disfrutando un poco de la playa, en parte buscando el sitio perfecto donde pudiera cazar algunos peces, pues esa sería la cena.
Algunas horas después, lo logré.
Solo con mis manos y aquella lanza improvisada, tirándola al agua desde las rocas, logré asestar a varios peces de diferentes tamaños; "Tal vez", pensé "Si vendo algunos en el puerto, podría pagar una noche en una posada". La verdad era que —para dormir— no lo necesitaba, pero prefería enormemente poder bañarme a solas y en tranquilidad que entre un mar de gente en las saunas. Aunque eso también era divertido.
Cuando salí del agua, las luces del pueblo ya estaban prendidas; el fuego casi se había apagado, así que debía avivarlo de nuevo. Sin embargo, al observar hacia arriba, por un momento… olvidé muchas cosas.
Olvidé que estaba desnuda, que tenía hambre y que no tenía un hogar; olvidé a mi madre y olvidé mi pasado. Solo existía ese momento: estaba presenciando la vida misma avanzar en el tiempo, como los destellos de las luces cálidas del pueblo que se perdían colina arriba empezando desde el puerto, con el faro a lo lejos como testigo, el repicar y el canto de las aves costeras, con el crepitar de mi fogata y los peces que estaba a punto de comer.
Inhalé fuerte y me dirigí a la orilla, pisando con decisión y levantándome del agua con la lanza llena de peces en una mano.
Caminé hasta mi fogata y me senté sobre las rodillas, inclinándome hacia delante para avivar las llamas, soplando poco a poco y colocando algunas ramas sobre las brasas. El cabello me cayó sobre los hombros, tapando parte de mi cuerpo desnudo. Pero entonces… escuché algo que me hizo pensar que mi tiempo a solas se había terminado. Levanté la vista, como un animal alertado por un depredador.
—¿Quién anda ahi? —pregunté, en espera de una respuesta.
![[Imagen: dtilbUBl_o.gif]](https://images2.imgbox.com/36/77/dtilbUBl_o.gif)
Hablo #e82a1f | Pienso #E86E04 | Narro
Karmas
