12-09-2025, 03:08 PM
El amanecer bañaba la Isla del Karate con una luz cálida, disipando poco a poco la tensión que había dejado la batalla del dojo el día anterior. Sin embargo, para Moja no había descanso. A primera hora, el capitán de la base de la Marina lo había convocado en su despacho.
-Soldado, tenemos un nuevo problema- dijo el capitán, extendiéndole un informe arrugado. -Un ladrón lleva semanas sembrando el caos en el mercado central. Ha robado provisiones y dinero de varios comerciantes. La gente empieza a desconfiar, incluso de nuestra presencia. Tu misión es simple: encuéntralo y pon fin a esto.-
Moja no respondió con palabras. Tomó el documento, asintió con firmeza y salió sin más.
Un rato más tarde se encontraba al inicio del mercado, delante de él estaban los pasillos abarrotados del mercado. El aire estaba impregnado con olores de pescado fresco, pan horneado y especias picantes. Los comerciantes alzaban sus voces ofreciendo sus productos a todo pulmón, y el bullicio de los compradores llenaba el ambiente como una marea incesante.
Aunque, a primera vista, todo parecía normal, Moja avanzaba con cautela. Sus sentidos felinos captaban los detalles invisibles: una bolsa de monedas ocultada con demasiada prisa, un cruce de miradas nerviosas, pasos ligeros que se deslizaban por la multitud con intenciones ocultas. Sabía que el ladrón se encontraba allí, escondido en medio de la confusión, y que la clave para atraparlo no sería la fuerza, sino la paciencia.
Se detuvo frente a al primer puesto, sus ojos dorados recorriendo los rostros de los mercaderes y transeúntes. El murmullo de las conversaciones se mezclaba con la música de tambores lejanos, pero para él, cada sonido era una pista. Antes de hablar con el primer mercader, Moja ya había comprendido que aquella misión sería distinta, pues, no se trataba de una batalla a muerte como la del dojo, sino de un juego silencioso entre cazador y presa. Y él no pensaba fallar.
Moja se acercó al mercader y le dijo. -Vengo en busca del ladrón, sería tan amable de contarme lo que sabe.-
-Soldado, tenemos un nuevo problema- dijo el capitán, extendiéndole un informe arrugado. -Un ladrón lleva semanas sembrando el caos en el mercado central. Ha robado provisiones y dinero de varios comerciantes. La gente empieza a desconfiar, incluso de nuestra presencia. Tu misión es simple: encuéntralo y pon fin a esto.-
Moja no respondió con palabras. Tomó el documento, asintió con firmeza y salió sin más.
Un rato más tarde se encontraba al inicio del mercado, delante de él estaban los pasillos abarrotados del mercado. El aire estaba impregnado con olores de pescado fresco, pan horneado y especias picantes. Los comerciantes alzaban sus voces ofreciendo sus productos a todo pulmón, y el bullicio de los compradores llenaba el ambiente como una marea incesante.
Aunque, a primera vista, todo parecía normal, Moja avanzaba con cautela. Sus sentidos felinos captaban los detalles invisibles: una bolsa de monedas ocultada con demasiada prisa, un cruce de miradas nerviosas, pasos ligeros que se deslizaban por la multitud con intenciones ocultas. Sabía que el ladrón se encontraba allí, escondido en medio de la confusión, y que la clave para atraparlo no sería la fuerza, sino la paciencia.
Se detuvo frente a al primer puesto, sus ojos dorados recorriendo los rostros de los mercaderes y transeúntes. El murmullo de las conversaciones se mezclaba con la música de tambores lejanos, pero para él, cada sonido era una pista. Antes de hablar con el primer mercader, Moja ya había comprendido que aquella misión sería distinta, pues, no se trataba de una batalla a muerte como la del dojo, sino de un juego silencioso entre cazador y presa. Y él no pensaba fallar.
Moja se acercó al mercader y le dijo. -Vengo en busca del ladrón, sería tan amable de contarme lo que sabe.-
*Pienso* -Hablo- Narro
![[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]](https://i.imgur.com/5IZMHzN.jpeg)
