13-09-2025, 06:02 AM
Me encanta la tranquilidad que me da esta isla, comienzo a pensar que es mi favorita. Siento la tranquilidad, me encanta, soy muy feliz aquí con la tranquilidad de esta ciudad pesquera. Poder desplegar mis alas en las noches se ha vuelto una actividad que me encanta, también tiene sus cosas negativas, el frío, el olor a pescado constante, la poca variedad de actividades poco estéticas, nada deja buen dinero. Todo se compensa, ciertamente desde que me fuí de allí no puedo negar que tener un itinerario libre me hace muy feliz.
Sin tener que atender clientes que no deseo, sin tener que ser castigado por desear estar fuera, ver hermosos pétalos florecer. La luz deformarse en un arcoiris en la lluvia. Bañarme en la intemperie, conectar con la naturaleza. No paraba de pensar en lo positivo, aunque el hambre es algo que no siempre puedo lidiar bien. Hay días en los que puedo comer bien y hay dias que un bocado no está permitido. Pero hoy estoy de suerte pues en mi vuelo nocturno en el que estoy retomando mis practicas de vuelo puedo notar que allí hay algo.
Una luz, una que me llama, puedo verla desde los metros y a pesar de que las brisas me hacen planear y no me puedo acercar directamente, veo ese fuego solo. Es innegable que acercarme podría darme ventaja, seguro un pescador andaba perdido, podría ayudarle y conseguir donde dormir sin tener que colarme en algún establo, molino, o granero de maneras no legales. Yo soy bueno para ubicarse así le puedo llevar a las personas a sus destinos. Puedo ver bien y puedo saber donde están los puntos cardinales.
El viento sopla a mi favor y me acerca a la brasa que arde y lucha contra el clima. Deja de ser un punto opcional y comienza a llamarme el fuego y la imaginación de estar cerca de un ardor cálido que aleje al frío de mi. Entonces es cuando la ví, mi aguda y felina visión me permite ver aquella obra de la naturaleza. Puedo ver su caminar su silueta, me desconcentran, ella no sabe de mi, pero está bien pues no es el pescador que esperaba encontrar. Stendhal me recuerda que soy mortal y débil ante lo que impacta en mis ojos y se graba en mi mente. Me aturde un instante y me hace caer, imagina que un ave olvidó cómo volar, como una gaviota que hace algo estupido y hace que las otras de su especie se burlen de ella.
Mi aterrizaje menos prolijo ha llamado la atención. No fuí sutil, no me encanta cuando llamó la atención así. Me habría gustado poder ver un poco más antes de ser percibido, pero ahora ya no puedo mantenerme detrás del manto que me hace invisible en el anonimato y tengo que reponer la compostura y levantarme. Sacudirme y dejarme bien, sacudo bien mi cabello oscuro y lo cuido bien para que no se noten aquellas canas plateadas. Espero que ella no las vea esta noche, arruinan todo.
—Buenas noches.— Digo antes de aparecer en escena, recojo las notables y negras alas para conservarme en un perfil controlado. De cerca, con la luz a favor, la braza que reavivada llega a crepitar, de sus destellos etéreos que se convierten en ceniza al vuelo y el remanente de las gotas de su piel que reflejan su silueta. Fornida, tersa, pero no demasiado curtida por venir del agua. Cabello que aprovecha el color del fuego y su postura de rodillas. ¿Qué está pasando por mi cabeza ahora mismo? Por un instante he perdido el control y creo que he perdido un segundo eterno admirándola.
—Me vi atraído por el fuego. Pensé que encontraría pescadores. No a la doncella de la bahía. — Se me escapa, costumbre del edificio adular primero y preguntar después. Ni me he percatado que ella podría estar a punto de golpearme. Soy descuidado, no lo medito y tuve el momento para hacerlo pero mi razón tampoco dijo nada para detenerme. —Me llamo Heras.— Seguido de un ademán formal al llevar mi pierna hacia adelante y una reverencia que he entrenado repetidas veces. Mi mano se mueve como si me quitara el sombrero, me presento como si fuera su mosquetero personal.
—No deseaba tomarla por sorpresa. Solo venía de mi paseo nocturno y pensé que alguien podía necesitarme. — El sonido en mi cabeza me dice que guarde silencio, no es algo real es algo que yo imagino y entonces le sonrío y vuelvo a mi postura luchando y mirando a sus ojos directamente. Aunque mi postura en la que veo desde arriba no me está ayudando en nada ahora mismo.
Sin tener que atender clientes que no deseo, sin tener que ser castigado por desear estar fuera, ver hermosos pétalos florecer. La luz deformarse en un arcoiris en la lluvia. Bañarme en la intemperie, conectar con la naturaleza. No paraba de pensar en lo positivo, aunque el hambre es algo que no siempre puedo lidiar bien. Hay días en los que puedo comer bien y hay dias que un bocado no está permitido. Pero hoy estoy de suerte pues en mi vuelo nocturno en el que estoy retomando mis practicas de vuelo puedo notar que allí hay algo.
Una luz, una que me llama, puedo verla desde los metros y a pesar de que las brisas me hacen planear y no me puedo acercar directamente, veo ese fuego solo. Es innegable que acercarme podría darme ventaja, seguro un pescador andaba perdido, podría ayudarle y conseguir donde dormir sin tener que colarme en algún establo, molino, o granero de maneras no legales. Yo soy bueno para ubicarse así le puedo llevar a las personas a sus destinos. Puedo ver bien y puedo saber donde están los puntos cardinales.
El viento sopla a mi favor y me acerca a la brasa que arde y lucha contra el clima. Deja de ser un punto opcional y comienza a llamarme el fuego y la imaginación de estar cerca de un ardor cálido que aleje al frío de mi. Entonces es cuando la ví, mi aguda y felina visión me permite ver aquella obra de la naturaleza. Puedo ver su caminar su silueta, me desconcentran, ella no sabe de mi, pero está bien pues no es el pescador que esperaba encontrar. Stendhal me recuerda que soy mortal y débil ante lo que impacta en mis ojos y se graba en mi mente. Me aturde un instante y me hace caer, imagina que un ave olvidó cómo volar, como una gaviota que hace algo estupido y hace que las otras de su especie se burlen de ella.
Mi aterrizaje menos prolijo ha llamado la atención. No fuí sutil, no me encanta cuando llamó la atención así. Me habría gustado poder ver un poco más antes de ser percibido, pero ahora ya no puedo mantenerme detrás del manto que me hace invisible en el anonimato y tengo que reponer la compostura y levantarme. Sacudirme y dejarme bien, sacudo bien mi cabello oscuro y lo cuido bien para que no se noten aquellas canas plateadas. Espero que ella no las vea esta noche, arruinan todo.
—Buenas noches.— Digo antes de aparecer en escena, recojo las notables y negras alas para conservarme en un perfil controlado. De cerca, con la luz a favor, la braza que reavivada llega a crepitar, de sus destellos etéreos que se convierten en ceniza al vuelo y el remanente de las gotas de su piel que reflejan su silueta. Fornida, tersa, pero no demasiado curtida por venir del agua. Cabello que aprovecha el color del fuego y su postura de rodillas. ¿Qué está pasando por mi cabeza ahora mismo? Por un instante he perdido el control y creo que he perdido un segundo eterno admirándola.
—Me vi atraído por el fuego. Pensé que encontraría pescadores. No a la doncella de la bahía. — Se me escapa, costumbre del edificio adular primero y preguntar después. Ni me he percatado que ella podría estar a punto de golpearme. Soy descuidado, no lo medito y tuve el momento para hacerlo pero mi razón tampoco dijo nada para detenerme. —Me llamo Heras.— Seguido de un ademán formal al llevar mi pierna hacia adelante y una reverencia que he entrenado repetidas veces. Mi mano se mueve como si me quitara el sombrero, me presento como si fuera su mosquetero personal.
—No deseaba tomarla por sorpresa. Solo venía de mi paseo nocturno y pensé que alguien podía necesitarme. — El sonido en mi cabeza me dice que guarde silencio, no es algo real es algo que yo imagino y entonces le sonrío y vuelvo a mi postura luchando y mirando a sus ojos directamente. Aunque mi postura en la que veo desde arriba no me está ayudando en nada ahora mismo.
