25-09-2023, 10:25 PM
Derya se lo estaba pasando en grande. Delante suya podía ver a montones de personas aterrorizadas por la bestialidad de la Red Line, bueno, ¿y qué se esperaban que iba a pasar al montarse en aquel barco? Pero no tenían de qué preocuparse, porque por suerte, Derya estaba allí controlándolo todo. Sus dotes eran increíbles, esquivando rocas de un lado a otro pero sin perder el equilibrio del navío. Pero no fue lo mismo cuando lo que empezó a caer del cielo fueron trozos de barcos destrozados y personas que se precipitaban al vacío. Siguió esquivando, pero esta vez era una sensación más extraña... acababan de perderse vidas humanas. — ¡Agarraos con fuerza y estaremos bien! — Los gritos de Derya intentaban calmar la situación, tener a una tripulación asustada no ayudaba en nada, de hecho, podría dificultarlo todo. Hizo de tripas corazón. Siendo la navegante, tenía que dar sensación de confianza, no dejarse llevar por los sentimientos.
Antes de lo que se imaginaron, el barco llegó a la cima. El tiempo pareció pausarse por unos segundos, suspendidos en el aire, era como si la gravedad hubiese dejado de existir... pero rápidamente la inercia hizo su trabajo, provocando una enorme caída, siguiendo ahora la corriente descendiente. — ¡Ánimo, que ya queda poco! — Desde luego, aquellas personas no olvidarían ese viaje en sus vidas. La bajada fue incluso más violenta que la subida. Lo malo es que desde su posición no podía localizar bien a todos sus compañeros, solo distinguió a Don Bambú, aferrado a uno de los mástiles y ayudando a unos cuantos civiles. "¿Y Enma?", pensó, "¿no estaba con él?". Por un momento se preocupó... pero enseguida zarandeo la cabeza, borrando de su mente aquellos malos pensamientos. Confiaba en sus compañeros más que en ninguna otra cosa. Seguro que todos estaban bien. Así que decidió priorizar, olvidarse de aquel asunto y centrarse en controlar bien el barco. Ya quedaba menos. Gracias al agarre que tenía sobre el timón pudo evitar salir volando, y también le permitía ver muy bien lo que el final de la corriente les deparaba. Allí estaban los cabos gemelos. Derya intentaría que la bajada no fuera demasiado abrupta, pero la verdad que es que suficientemente difícil era controlar que no se hubieran estrellado ya. — ¡Yuhuuuuuuuuu! — Gritó la gyojin, se sentía como si estuviera en un parque de atracciones.
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