13-09-2025, 02:30 PM
Krysser avanzó lentamente tras dejar atrás la barca, sintiendo bajo sus pies el contraste de aquel terreno hostil. La arena húmeda dio paso a un suelo áspero, cubierto de rocas graníticas y yerbajos secos que se agitaban con el viento como espectros quebradizos. El tigre alzó la vista y ya no había nada. Nada de los colosales bonsáis, nada del verdor que lo había acompañado durante meses, nada de vida. Aquella tierra parecía muerta, gris, castigada por la presencia constante del alquitrán que impregnaba incluso el aire.
Entre aquel paisaje gris, las ropas que llevaba el Mink pasaban completamente desapercibidas. Una túnica larga con capucha que cubría hasta el ultimo rincón del cuerpo enorme del tigre, a modo de abrigo, era su principal defensa habitual ante la inclemencia del mar y del clima. En la oscuridad de su capucha, solo sus ojos dorados brillaban, como un aviso de muerte a quien se los cruzara.
Y en aquellos ojos se reflejaba ahora la silueta de la ciudad, a lo lejos, que se alzaba como un coloso ennegrecido. Columnas de humo ascendían hacia el cielo y filtraban la luz del sol, tiñendo todo de un tono rojizo y siniestro que hacía que incluso el día pareciera el preludio de una noche eterna. La cola de Krysser se agitó con un movimiento lento, incómodo, como si su instinto le recordara que ese lugar no recibía a los forasteros con los brazos abiertos.
Entonces lo sintió. Un olor inconfundible se coló en su nariz felina, cortando de raíz cualquier divagación. Era el hedor metálico y penetrante de la sangre. Su cuerpo se tensó y sus orejas giraron en dirección al rastro invisible que sus sentidos captaban con claridad.
-Tch... -Chasqueó la lengua, comenzando a andar con paso firme, siguiendo aquella estela como un cazador tras su presa. Aquello significa una cosa habitualmente, una que le parecía perseguir fuera donde fuera.
El rastro lo condujo hasta uno de los muchos montículos de roca que poblaban la llanura. El tigre se movió en silencio, bordeando el bloque granítico hasta encontrarse de frente con la verdad. Allí yacía la mujer, joven aún, con las ropas de trabajo desgarradas y empapadas en sangre. Había luchado por aferrarse a algo en sus últimos instantes, y lo había conseguido, pues sostenía una carta manchada, atorada en sus dedos con la rigidez de la fría muerte.
Krysser se agachó junto al cadáver. No dijo nada al principio, simplemente, permaneció unos segundos con los ojos clavados en aquella figura frágil y ya sin vida. Luego tomó la carta con cuidado, arrancándola de sus dedos con un respeto casi reverencial.
Las manchas dificultaban la lectura, pero con paciencia logró descifrar algunos fragmentos.
"Querida C...
Estamos encerrados ... los hermanos Onyx. Jess y ... muerto en ...
Nuestro plan para salvar a ... foso ... fallado. Huye ... la ciudad... peligrosa.
No ... hacerte ... esta carta ... de pensar en ti. Te ..."
Las palabras incompletas eran suficientes para comprender la magnitud del peligro. El mink frunció el ceño, los colmillos asomando levemente mientras apretaba la carta en su mano.
-Problemas. -Murmuró para sí, pronunciando así el nombre de aquello que lo acompañaba a donde iba, mientras permanecía observando el horizonte donde Briss se erguía, oscura y silenciosa, como si ocultara algo en cada calle oscura.
Se incorporó, dejando el cuerpo de la mujer en paz, y llevó la garra libre a su abrigo, buscando entre los pliegues el pequeño Den Den Mushi que había conseguido junto a Fyodor antes de separarse. El caracol, aún adormilado, abrió lentamente los ojos cuando lo sacó.
Krysser lo sostuvo con firmeza, acercando sus fauces y pronunciando con voz grave y clara.
-Parece que hay problemas en la ciudad. Será mejor reunirnos en otro lado, y marcharnos pronto de esta isla. -Tras decir aquello, escuchó cómo las interferencias del humo en las ondas de radio hacían mella en el pobre caracol, quien se vio incapaz de continuar enviando o recibiendo mensajes.
No se enfadó con el pobre animal, pues entendía que la frustración era mutua. Al contrario, aquello solo le confirmó lo que ya sabía. La estancia en Briss y el reencuentro con su compañero no iban a ser una tarea sencilla.
Por lo pronto, se dedicaría a buscar por la zona a Fyodor, con la esperanza de que ambos hubiesen desembarcado en la misma costa o, al menos, en el mismo extremo de la isla.
Entre aquel paisaje gris, las ropas que llevaba el Mink pasaban completamente desapercibidas. Una túnica larga con capucha que cubría hasta el ultimo rincón del cuerpo enorme del tigre, a modo de abrigo, era su principal defensa habitual ante la inclemencia del mar y del clima. En la oscuridad de su capucha, solo sus ojos dorados brillaban, como un aviso de muerte a quien se los cruzara.
Y en aquellos ojos se reflejaba ahora la silueta de la ciudad, a lo lejos, que se alzaba como un coloso ennegrecido. Columnas de humo ascendían hacia el cielo y filtraban la luz del sol, tiñendo todo de un tono rojizo y siniestro que hacía que incluso el día pareciera el preludio de una noche eterna. La cola de Krysser se agitó con un movimiento lento, incómodo, como si su instinto le recordara que ese lugar no recibía a los forasteros con los brazos abiertos.
Entonces lo sintió. Un olor inconfundible se coló en su nariz felina, cortando de raíz cualquier divagación. Era el hedor metálico y penetrante de la sangre. Su cuerpo se tensó y sus orejas giraron en dirección al rastro invisible que sus sentidos captaban con claridad.
-Tch... -Chasqueó la lengua, comenzando a andar con paso firme, siguiendo aquella estela como un cazador tras su presa. Aquello significa una cosa habitualmente, una que le parecía perseguir fuera donde fuera.
El rastro lo condujo hasta uno de los muchos montículos de roca que poblaban la llanura. El tigre se movió en silencio, bordeando el bloque granítico hasta encontrarse de frente con la verdad. Allí yacía la mujer, joven aún, con las ropas de trabajo desgarradas y empapadas en sangre. Había luchado por aferrarse a algo en sus últimos instantes, y lo había conseguido, pues sostenía una carta manchada, atorada en sus dedos con la rigidez de la fría muerte.
Krysser se agachó junto al cadáver. No dijo nada al principio, simplemente, permaneció unos segundos con los ojos clavados en aquella figura frágil y ya sin vida. Luego tomó la carta con cuidado, arrancándola de sus dedos con un respeto casi reverencial.
Las manchas dificultaban la lectura, pero con paciencia logró descifrar algunos fragmentos.
"Querida C...
Estamos encerrados ... los hermanos Onyx. Jess y ... muerto en ...
Nuestro plan para salvar a ... foso ... fallado. Huye ... la ciudad... peligrosa.
No ... hacerte ... esta carta ... de pensar en ti. Te ..."
Las palabras incompletas eran suficientes para comprender la magnitud del peligro. El mink frunció el ceño, los colmillos asomando levemente mientras apretaba la carta en su mano.
-Problemas. -Murmuró para sí, pronunciando así el nombre de aquello que lo acompañaba a donde iba, mientras permanecía observando el horizonte donde Briss se erguía, oscura y silenciosa, como si ocultara algo en cada calle oscura.
Se incorporó, dejando el cuerpo de la mujer en paz, y llevó la garra libre a su abrigo, buscando entre los pliegues el pequeño Den Den Mushi que había conseguido junto a Fyodor antes de separarse. El caracol, aún adormilado, abrió lentamente los ojos cuando lo sacó.
Krysser lo sostuvo con firmeza, acercando sus fauces y pronunciando con voz grave y clara.
-Parece que hay problemas en la ciudad. Será mejor reunirnos en otro lado, y marcharnos pronto de esta isla. -Tras decir aquello, escuchó cómo las interferencias del humo en las ondas de radio hacían mella en el pobre caracol, quien se vio incapaz de continuar enviando o recibiendo mensajes.
No se enfadó con el pobre animal, pues entendía que la frustración era mutua. Al contrario, aquello solo le confirmó lo que ya sabía. La estancia en Briss y el reencuentro con su compañero no iban a ser una tarea sencilla.
Por lo pronto, se dedicaría a buscar por la zona a Fyodor, con la esperanza de que ambos hubiesen desembarcado en la misma costa o, al menos, en el mismo extremo de la isla.
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