El Cinturón de Campeón Okama [Aventura T1 - Presente Absoluto]
#16
Me había recostado con la mejor vista del jardín. Y la paciencia de un viejo lobo marinero, comentaba la pelea como si fuese una transmisión en la radio, señalando movimientos, prediciendo amagos y regañando mentalmente a los aprendices por no mirar el horizonte cuando el mar viene con truco. Justo en el momento en que Gerry lanzó ese giro felino y Maki clavó la primer patada con la cola reptiliana, noté que mis párpados pesaban como anclas. Intenté seguir describiendo —Ahí, ahí, cuidado con la guardia, Uker, no te dejes engatusar— Pero las palabras se me enredaron como redes viejas y, sin darme cuenta, mi cabeza cayó hacia el costado y me quedé dormido sentado, como un viejo que se queda dormido contando historias junto al fuego.

En el sueño todo se volvió ridículamente claro: Frente a mí aparecieron una iguana y un perro, ambos con mejor actitud que muchos marineros, y del otro lado dos vacas con peluca y los labios pintados como si fueran estrellas de teatro. La iguana brillaba verde-musgo, con escamas que relucían como monedas mojadas; movía la cola como banderín y bufaba con aire de capitán en cubierta. El perro, un mestizo de mirada feroz y corazón tierno, ladraba en compases cortos, mascando el tiempo entre un salto y otro. Las vacas, por su parte, meneaban esas pelucas rizadas con una dignidad absurda, mientras sus bocas, pintadas de rojo, proferían un “muu” que sonaba casi a canción de cabaret. El aroma era una mezcla imposible de heno, laca para pelo y caldo de carne, delicioso. 

Los sueños pueden ponerse extraños cuando uno tiene hambre.

Mis ronquidos no fueron simples gemidos: en el sueño se convirtieron en tamborileo rítmico, la pista sonora del combate. Cada “BRRR-THUM” que escapaba de mi pecho marcaba el paso de la iguana y el dogo: con un ronquido bajo, la iguana giraba la cola y lanzaba un látigo que desarmaba una de las vacas; con un ronquido agudo, el perro se impulsaba y mordía la base de la peluca, haciéndola volar como una bandera. Y lo más fantástico: cada vez que mi sueño pegaba un ronquido más fuerte, en el tatami, justo en ese instante, Uker desviaba un escudazo y Maki encajaba una patada que dejaba a su adversario tambaleando. Mi sueño dirigía la pelea y los cuerpos en la vida real peleaban con la sinfonía de mis ronquidos.


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RE: El Cinturón de Campeón Okama [Aventura T1 - Presente Absoluto] - por Thrym - 14-09-2025, 09:00 AM

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