15-09-2025, 12:10 AM
Mis palabras se diluyen en el aire. No por la música estridente ni el bullicio de gente disfrutando. Lo que hace que mis palabras pierdan fuerza fue la seguridad de aquella chica, que en ningún momento aparenta otra cosa que no sea seguridad en si misma. Su gran tamaño no choca para nada con su belleza, pero lo que le había visto hacer unos instantes atrás la convertían en un arma afilada, mucho más de lo que promete ser su cuerno. Me inclino hacia el agente que permanece arrodillado ante nosotros y aprovecho su temor para golpearlo de nuevo, no con mi arma, la cual ya había recuperado su lugar dentro de mi chaqueta, sino directamente con mi puño, en un intento de inutilizarlo, pero sin cargar sobre mis espaldas una nueva baja. Aún no tengo asegurado salir de aquí con aliados, y mucho menos no ganarme nuevos enemigos, así que no quiero que asciendan a algo más que robo y agresión. Bueno, y seguramente huida de la justicia.
El cuerpo del hombre cae con aspecto de haber perdido las fuerzas. Está consciente, pero seriamente dañado, por lo que creo que no será una amenaza hasta que lo vea algún médico. Me giro hacia la chica del vestido morado y vuelvo a insistir.
-Rápido, estos sitios los frecuenta gente peligrosa. Debemos marcharnos.
Termino de pronunciar la última frase y entonces soy consciente de que la música ha sido envuelta por las voces de diferentes personas. Un ruido muy característico: gritos de gente que huye despavorida, vasos y botellas que se rompen contra el suelo y contra algo que produce un sonido sordo, golpes y más golpes. Giro mi mirada hacia la pista de baile, pero la danza que me encuentro es distinta de la que esperaba. Los bailarines de antes corren para alejarse del centro de la escena, en la que dos figuras se están enfrentando a unas caras que me resultan familiares; los Reena Boys. Pensé que después de lo ocurrido unas noches atrás no tendrían más ganas de meterse en líos, pero estos pobres desgraciados parece que no son bueno para otra cosa. Y parece que el resultado será el mismo. Uno de los chicos derriba a algunos de ellos en un alarde de no importarle mucho el contenido de su cabeza, pues la usa como arma. Observo detenidamente mientras me acerco hacia las plataformas, buscando una zona desde la que observar y que me aporte algo de cobertura, un sitio donde no me detecten tan fácilmente. Me resguardo y veo una nueva sombra, pequeña, muy pequeña, pero sin duda con gran fuerza, porque va derribando enemigos a su paso. Tal vez se trate de algún mink ratón, aunque nunca había visto uno tan pequeño.
Pero sin duda, mi atención la capta el tercero de estos individuos, alguien en quién ya había fijado mi vista con anterioridad. La "estrella del espectáculo". Y eso es justo lo que parece ser, pues va derribando rivales con una mezcla de danza, provocación y destreza. Y como todo buen cabeza de cartel, tenía un truco final bajo la manga. Se lleva los dedos a los labios, y lanza un beso al aire, como si se estuviese despidiendo. Sin embargo no era él el que iba a irse de allí. El beso se desprende de sus labios y alza el vuelo, para desfragmentarse en decenas de haces de luz que caen sobre sus enemigos calcinándolos. Las flechas los atraviesan como si la carne no mostrase resistencia a su paso. Bueno, su carne y la de algunos de los que aún no habían huido de la pista de baile. Un espectáculo macabro y hermoso a la vez, como si hubiese sabido plasmar la belleza y crueldad de que consta la vida en una obra de arte efímera. Demasiado llamativo para mí estilo, pues está gente parecen atraer los focos sobre ellos. Pienso que no sería lo adecuado para mí, ya que muchas miradas acaban trayendo problemas, pero también recuerdo que detrás de un gran foco, todo son sombras. Sí ellos captan la atención, yo podré seguir pasando inadvertido.
La escena ya se ha detenido, la gente ha huido y yo, tomó una decisión sin apenas ser consciente de ello.
-Bonito espectáculo! Y un gran colofón final. Enhorabuena -digo con una seguridad que me extraña a mi mismo, como si la acabase de adquirir recientemente-. Pero un gran show atrae muchas miradas. Seguro que no tardan en venir pidiendo un segundo pase. Es más, me apuesto 100 berries con alguno de vosotros a qué esto se llena de marines antes de que podamos huir de aquí.
Quedo esperando su respuesta, con ansia por ver si huiremos de aquí juntos y porque, para que negarlo, ya me apetecía jugarme un puñado de berries. Tantas noches escondido no me han servido como limpieza, sino para agrandar esa necesidad. Y la apuesta pronto tiene un resultado. Unos pasos resuenan desde la puerta y mi cuerpo se tensa al ver quien aparece. Parece que la ruleta del destino no está de mi lado esta noche, pues me manda recuerdos de una apuesta fallida. DaSilva.
El cuerpo del hombre cae con aspecto de haber perdido las fuerzas. Está consciente, pero seriamente dañado, por lo que creo que no será una amenaza hasta que lo vea algún médico. Me giro hacia la chica del vestido morado y vuelvo a insistir.
-Rápido, estos sitios los frecuenta gente peligrosa. Debemos marcharnos.
Termino de pronunciar la última frase y entonces soy consciente de que la música ha sido envuelta por las voces de diferentes personas. Un ruido muy característico: gritos de gente que huye despavorida, vasos y botellas que se rompen contra el suelo y contra algo que produce un sonido sordo, golpes y más golpes. Giro mi mirada hacia la pista de baile, pero la danza que me encuentro es distinta de la que esperaba. Los bailarines de antes corren para alejarse del centro de la escena, en la que dos figuras se están enfrentando a unas caras que me resultan familiares; los Reena Boys. Pensé que después de lo ocurrido unas noches atrás no tendrían más ganas de meterse en líos, pero estos pobres desgraciados parece que no son bueno para otra cosa. Y parece que el resultado será el mismo. Uno de los chicos derriba a algunos de ellos en un alarde de no importarle mucho el contenido de su cabeza, pues la usa como arma. Observo detenidamente mientras me acerco hacia las plataformas, buscando una zona desde la que observar y que me aporte algo de cobertura, un sitio donde no me detecten tan fácilmente. Me resguardo y veo una nueva sombra, pequeña, muy pequeña, pero sin duda con gran fuerza, porque va derribando enemigos a su paso. Tal vez se trate de algún mink ratón, aunque nunca había visto uno tan pequeño.
Pero sin duda, mi atención la capta el tercero de estos individuos, alguien en quién ya había fijado mi vista con anterioridad. La "estrella del espectáculo". Y eso es justo lo que parece ser, pues va derribando rivales con una mezcla de danza, provocación y destreza. Y como todo buen cabeza de cartel, tenía un truco final bajo la manga. Se lleva los dedos a los labios, y lanza un beso al aire, como si se estuviese despidiendo. Sin embargo no era él el que iba a irse de allí. El beso se desprende de sus labios y alza el vuelo, para desfragmentarse en decenas de haces de luz que caen sobre sus enemigos calcinándolos. Las flechas los atraviesan como si la carne no mostrase resistencia a su paso. Bueno, su carne y la de algunos de los que aún no habían huido de la pista de baile. Un espectáculo macabro y hermoso a la vez, como si hubiese sabido plasmar la belleza y crueldad de que consta la vida en una obra de arte efímera. Demasiado llamativo para mí estilo, pues está gente parecen atraer los focos sobre ellos. Pienso que no sería lo adecuado para mí, ya que muchas miradas acaban trayendo problemas, pero también recuerdo que detrás de un gran foco, todo son sombras. Sí ellos captan la atención, yo podré seguir pasando inadvertido.
La escena ya se ha detenido, la gente ha huido y yo, tomó una decisión sin apenas ser consciente de ello.
-Bonito espectáculo! Y un gran colofón final. Enhorabuena -digo con una seguridad que me extraña a mi mismo, como si la acabase de adquirir recientemente-. Pero un gran show atrae muchas miradas. Seguro que no tardan en venir pidiendo un segundo pase. Es más, me apuesto 100 berries con alguno de vosotros a qué esto se llena de marines antes de que podamos huir de aquí.
Quedo esperando su respuesta, con ansia por ver si huiremos de aquí juntos y porque, para que negarlo, ya me apetecía jugarme un puñado de berries. Tantas noches escondido no me han servido como limpieza, sino para agrandar esa necesidad. Y la apuesta pronto tiene un resultado. Unos pasos resuenan desde la puerta y mi cuerpo se tensa al ver quien aparece. Parece que la ruleta del destino no está de mi lado esta noche, pues me manda recuerdos de una apuesta fallida. DaSilva.
Avanza hasta el centro de la pista, acompañado por dos agentes como los que guardaban la mesa. En ese momento comprendo el lío en el que me he metido por acompañar a la chica enorme que se encargó de una de ellos. Robingo muestra la misma mirada que me estremeció la vez que nos conocimos, esa misma que hace que cualquiera crea hacerse pequeño, una mirada que acompaña a sus palabras en la misión de dejarnos claro su descontento. Ve la escena y no se para a preguntar qué ha pasado. Simplemente nos dice que estamos todos detenidos.
Aún no me he atrevido a reaccionar cuando la pequeña mink ratón se lanza hacia delante. No sé qué pretende, pero si DaSilva la atrapa será la ultima vez que pueda salir de fiesta, de eso estoy seguro. En el momento que la veo saltar hacia delante salgo de mi cobertura desde el lateral de la sala y grito hacia el Contramaestre.
-Eh, DaSilva! Cuanto tiempo? Qué te trae por aquí?
No entiendo cómo he sido capaz de intervenir, de llamar sobre mi la atención de una bestia como él. Será que tantos días encerrado me han hecho perder la cabeza? Seguramente sea así, pero no podía dejar que atacase a la mink. Noto que mis piernas tiemblan, pero no puedo dejar que vea mi miedo, ni que me pille desprevenido. Está vez no. Cruzo mis brazos sobre mi pecho, con la intención de aparentar seguridad. Sí me muestro débil, será mi final.
Contenido Oculto
Veo como la pequeña se hace cargo de los dos agentes, que solo pueden emitir un crujido al caer desfallecidos.
-Viniste a bailar, Robingo?
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