15-09-2025, 12:41 AM
La gran cantidad de humo, los vapores del alquitrán y la monotonía del ambiente dificultaban el avance en aquella hostil isla. Después de un largo rato en el que el silencio era mi único acompañante, noté cómo mis alas se sentían poco a poco más pesadas de lo normal y cómo cada aleteo me iba impulsando menos que el anterior.
Necesitaba desconectar un rato y tomar uno de mis peculiares snacks para recuperar fuerzas, por lo que procedí al descenso de forma controlada ya que no quería llevarme ninguna sorpresa en aquél inhóspito paisaje, sentándome sobre una gran roca negra al mismo tiempo que sacaba mi den den mushi personalizado esperando poder contactar con Krysser.
-Nada... -Suspiré en voz baja algo desilusionado tras ver cómo aquel pequeño caracol seguía sin funcionar.
Mientras guardaba de nuevo el den den mushi en el bolsillo interior de mi oscura gabardina, mis afilados y rojos ojos vieron como unos pequeños y extraños escarabajos negros se arremolinaban a mis pies.
-¡Estos son nuevos! -Exclamé con alegría mientras agarraba uno de esos extraños escarabajos, con una especie de trompa flexible que usaban para tratar de golpearme.
Al sentarme, había golpeado con mis pies unas pequeñas rocas que escondían la despensa de aquellos insectos y habían salido en tropel para defenderla. Junto a ellos también salió una extraña fruta que nunca había visto, siendo una especie de racimo de uvas grises unidas entre si en forma de cadena.
-Hoy toca comer fruta. -Pensé mientras me quitaba la mascara, devorando primero al escarabajo elefante que ya tenía en la mano y notando como su caparazón era mucho más flexible y gomoso que el de los escarabajos a los que ya estaba acostumbrado.
Acto seguido, agarre un puñado de aquellos escarabajos junto con aquella extraña fruta, devorándolos con un par de enormes bocados.
-Puaj... Para que luego me digan que los insectos están malos... -Escupí en voz alta, llegando a notar un regusto asqueroso pese a mi atrofiado paladar y sabiendo que el causante de ello había sido la misteriosa fruta.
Después de ese pequeño descanso y con un nuevo suministro de insectos en mi canana, volví a emprender el vuelo en ese viciado aire. Aunque no tardé mucho en ver, en una de las muchas grandes grietas que había formado el alquitrán, un pequeño grupo de 10 hombres vestidos con ropas desgastadas y manchadas y con varias armas de fuego cerca de ellos.
Los gritos de alerta de aquellos hombres rápidamente envolvieron el ambiente, dejándome claro con sus palabras y actos que eran el mismo tipo de bandidos que habían matado a mi madre y a varios de mis hermanos en el orfanato. Gente sin moral a la que no le importaba hacer daño a inocentes para proteger sus intereses.
Segundos después el aire se llenó con el sonido de sus disparos, todos dirigidos a la posición en la que me encontraba hace un instante y que, de no ser por mí gran velocidad, habrían acabado impactando en mi cuerpo.
-No deberíais ir disparando a desconocidos. - Dije en voz alta con calma tras aterrizar en el duro suelo, situándome en un lateral de su formación para tenerles a todos a tiro mientras cambiaba las balas de Sekator por unas normales, calculando con precisión que líneas de tiro debía ejecutar. -Estos pueden devolveros los tiros. -Mi tono se volvió extremadamente serio y amenazador, notando el miedo en la cara de algunos de esos hombres mientras trataban de volver a apuntarme a una velocidad extremadamente lenta para mis ojos.
Hacía muchos meses que no mataba. No era una actividad con la que disfrutase y normalmente prefería resolver las cosas sin llegar a esos extremos, pero era conocedor de la crueldad que impregnaba cada rincón de ese vasto mundo y de cómo esa clase de personas, si se podían llamar así, abusaban del débil y mataban a cualquiera que pudiese causarles problemas sin importarle quien fuese.
3 disparos me bastaron para acabar con 7 de ellos antes de que se dieran cuenta de lo que sucedía, viendo cómo las balas iban atravesando de lado a lado el cuerpo de los bandidos sin apenas resistencia y como continuaban su camino para impactar en el siguiente bandido.
Los 3 restantes trataron de reaccionar, pero fueron igual de lentos que el resto. Con un rápido salto reubique mi posición para situar a 2 de ellos en la misma linea de tiro, disparando antes de que pudiesen moverse y acabando con su vida de la misma forma que los 7 anteriores.
-¡Monstruo! - Gritó aterrado el último bandido en pie, el mismo que me había llamado cuervo, disparándome de forma desesperada tras ver caer al resto de sus compañeros en apenas unos segundos.
-Tus amigos han tenido más suerte. - Mi tono seguía siendo amenazador mientras me quitaba la mascara, acercándome con paso tranquilo al último bandido y viendo cómo esté retrocedía tras tirar su arma y empezaba a correr completamente aterrorizado. -No puedes escapar de un cuervo. -Le susurré al oido antes de derribarle, sentándome encima suya mientras recargaba a Sekator con la munición del propio bandido para apoyarla acto seguido con fuerza en su sien. -No quiero alargar mucho esto... He quedado a las 5 a tomar el té con un tigre de 3 metros y tengo algo de prisa, por lo que seamos breves y no tendré que irte comiendo cachito a cachito. Dime quién coño es tu jefe y que cojones hacéis aquí. -Pregunté con calma tras analizar el terreno que nos rodeaba para ver si había más bandidos cerca, notando la mirada de terror en el rostro de aquél despojo humano.
Necesitaba desconectar un rato y tomar uno de mis peculiares snacks para recuperar fuerzas, por lo que procedí al descenso de forma controlada ya que no quería llevarme ninguna sorpresa en aquél inhóspito paisaje, sentándome sobre una gran roca negra al mismo tiempo que sacaba mi den den mushi personalizado esperando poder contactar con Krysser.
-Nada... -Suspiré en voz baja algo desilusionado tras ver cómo aquel pequeño caracol seguía sin funcionar.
Mientras guardaba de nuevo el den den mushi en el bolsillo interior de mi oscura gabardina, mis afilados y rojos ojos vieron como unos pequeños y extraños escarabajos negros se arremolinaban a mis pies.
-¡Estos son nuevos! -Exclamé con alegría mientras agarraba uno de esos extraños escarabajos, con una especie de trompa flexible que usaban para tratar de golpearme.
Al sentarme, había golpeado con mis pies unas pequeñas rocas que escondían la despensa de aquellos insectos y habían salido en tropel para defenderla. Junto a ellos también salió una extraña fruta que nunca había visto, siendo una especie de racimo de uvas grises unidas entre si en forma de cadena.
-Hoy toca comer fruta. -Pensé mientras me quitaba la mascara, devorando primero al escarabajo elefante que ya tenía en la mano y notando como su caparazón era mucho más flexible y gomoso que el de los escarabajos a los que ya estaba acostumbrado.
Acto seguido, agarre un puñado de aquellos escarabajos junto con aquella extraña fruta, devorándolos con un par de enormes bocados.
-Puaj... Para que luego me digan que los insectos están malos... -Escupí en voz alta, llegando a notar un regusto asqueroso pese a mi atrofiado paladar y sabiendo que el causante de ello había sido la misteriosa fruta.
Después de ese pequeño descanso y con un nuevo suministro de insectos en mi canana, volví a emprender el vuelo en ese viciado aire. Aunque no tardé mucho en ver, en una de las muchas grandes grietas que había formado el alquitrán, un pequeño grupo de 10 hombres vestidos con ropas desgastadas y manchadas y con varias armas de fuego cerca de ellos.
Los gritos de alerta de aquellos hombres rápidamente envolvieron el ambiente, dejándome claro con sus palabras y actos que eran el mismo tipo de bandidos que habían matado a mi madre y a varios de mis hermanos en el orfanato. Gente sin moral a la que no le importaba hacer daño a inocentes para proteger sus intereses.
Segundos después el aire se llenó con el sonido de sus disparos, todos dirigidos a la posición en la que me encontraba hace un instante y que, de no ser por mí gran velocidad, habrían acabado impactando en mi cuerpo.
-No deberíais ir disparando a desconocidos. - Dije en voz alta con calma tras aterrizar en el duro suelo, situándome en un lateral de su formación para tenerles a todos a tiro mientras cambiaba las balas de Sekator por unas normales, calculando con precisión que líneas de tiro debía ejecutar. -Estos pueden devolveros los tiros. -Mi tono se volvió extremadamente serio y amenazador, notando el miedo en la cara de algunos de esos hombres mientras trataban de volver a apuntarme a una velocidad extremadamente lenta para mis ojos.
Hacía muchos meses que no mataba. No era una actividad con la que disfrutase y normalmente prefería resolver las cosas sin llegar a esos extremos, pero era conocedor de la crueldad que impregnaba cada rincón de ese vasto mundo y de cómo esa clase de personas, si se podían llamar así, abusaban del débil y mataban a cualquiera que pudiese causarles problemas sin importarle quien fuese.
3 disparos me bastaron para acabar con 7 de ellos antes de que se dieran cuenta de lo que sucedía, viendo cómo las balas iban atravesando de lado a lado el cuerpo de los bandidos sin apenas resistencia y como continuaban su camino para impactar en el siguiente bandido.
Los 3 restantes trataron de reaccionar, pero fueron igual de lentos que el resto. Con un rápido salto reubique mi posición para situar a 2 de ellos en la misma linea de tiro, disparando antes de que pudiesen moverse y acabando con su vida de la misma forma que los 7 anteriores.
-¡Monstruo! - Gritó aterrado el último bandido en pie, el mismo que me había llamado cuervo, disparándome de forma desesperada tras ver caer al resto de sus compañeros en apenas unos segundos.
-Tus amigos han tenido más suerte. - Mi tono seguía siendo amenazador mientras me quitaba la mascara, acercándome con paso tranquilo al último bandido y viendo cómo esté retrocedía tras tirar su arma y empezaba a correr completamente aterrorizado. -No puedes escapar de un cuervo. -Le susurré al oido antes de derribarle, sentándome encima suya mientras recargaba a Sekator con la munición del propio bandido para apoyarla acto seguido con fuerza en su sien. -No quiero alargar mucho esto... He quedado a las 5 a tomar el té con un tigre de 3 metros y tengo algo de prisa, por lo que seamos breves y no tendré que irte comiendo cachito a cachito. Dime quién coño es tu jefe y que cojones hacéis aquí. -Pregunté con calma tras analizar el terreno que nos rodeaba para ver si había más bandidos cerca, notando la mirada de terror en el rostro de aquél despojo humano.
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