15-09-2025, 02:40 AM
Karate era una isla hermosa, llena de sorpresas y… aburrimiento. Lo único que le sacaba del letargo de su aburrimiento era tocar pensar y prepararse. Sumida en sus propios asuntos, en sus propios deleites y en el pensamiento de las aventuras que le depararían salía a caminar y tocar, tocar y caminar. Cada nota, cada rasgueo y cara sinfonía le llenaban el corazón pues antes d ser una guerrera, era una cantante. Quizás no la mejor, pero si tenia aspiraciones de ser una al menos capaz de llevar a su tripulación a —Sin… sinfonía del cora… cof cof… no, no iba así la canción… mmm… ♪♫ho… HOO… HOO… EYY… Eyy… ey…♫♪ sí, creo que así va el tono.— su semblante distraido, sus ojos desiavos a sus dedos relampagueantes que saltaban de una posición a otra. Era mágico, hermoso y energizante. Cada que tocaba se olvidaba de sus horrendas cicatrices y el asco que daba a los que la veían. Lo bueno… la gente creía que eran tatuajes o algún tipo de caracterización de su parte artísticas. Lo real… dolorosas cicatrices de quemaduras que marcan la verdad. El asesinato de su hermana por confusión.
No le agradaba quedarse mucho tiempo en una isla porque con el tiempo comenzaba a involucrarse con la gente y no le gustaba abrirse con ningún tonto que se aprovechase de ellos. por suerte conoció a Jansen, Bubblegum Uker y al capitán, solo esperaba que los preparativos para zarpar no demorasen mucho. Se preparaba para ir a tocar esta noche a un local, mas que para ganarse un dinero, era para distraerse necesitaba mantenerse ocupada para no partirle la cara a ninguno de los que tenía que convivir desde ahora que había decidido ser… pirata… quien lo diría, esmerarse tanto para ser marine y terminar siendo una pirata.
el ambiente resonaba con chispas multicolores, la canción que habitaba en todos aquellos que tenían vida podía ser escuchada por su mente, la espuma del mar cantaba pasión, locura pero el ritmo era perfectamente claro en su piel aunque ardiente por el sol abrazador era capaz de sacar de la oscuridad todo aquello que nadie podía ver. El trinar de las aves, el cantar del océano, el crujir de las maderas que se mecían con el viento puro blanco y siempre rampante. Alzo su mano al cielo para intentar capturar el sol, el fuego secreto que impulsaba cada canción que surgía para que la atrapase como una mariposa… se detuvo… admiro el camino… entrecerró los ojos y respiro suave pero largamente con un suspiro apacible y dulce cargado de emoción por el nuevo amanecer que se aproximaba para su futuro.
La hora acordad para su presentación… casi medianoche. Pero antes. El dojo. Deseaba aprender del maestro de isla karate, quizás algo que le pudiera ayudar a derrotar a algunos de todos los oponentes que tenía y tendría en su viaje hasta el final de una travesía que podría costarle la vida… no tenía la confianza aun de revelarle a alguien su objetivo personal. Doce armas de acero reunidas y doce hombres muertos, era su objetivo, pero no el final de su travesía. Para ello pensó en adquirir alguna técnica que pudiera aprender antes de echarse a la mar con un montón de desconocidos.
El camino, uno de piedra embellecido por flores rojas amarillas y rosas de muchos colores. se agacho a sentir la fragancia, la suavidad de sus pétalos y la dureza de sus espinas. Ella deseaba ser como esas rosas. Dura pinchuda pero suave y fragante… sonrió ante la idea y sacudiéndose los pantalones se echo la guitarra a la espalda nuevamente. Se ajusto los guantes de acero, se calzo la capucha que ocultaba un poco sus cicatrices faciales y fue recibida por uno de los artistas marciales… —Buen día cariño… he venido a agasajar al maestro— El asistente sonrió y parecía que no entendía un carajo el jodido español. Asintió largamente la cabeza dos veces y salió corriendo mientras dejaba la puerta abierta. Maki se encogió de hombros y entro abriendo suavemente la gran puerta una tan bien construida que podría sin duda ser una verdadera fortaleza… cuando llego al camino principal… se extrañó… no vio a nadie. Nadie que… que demonios… al girar por un corto muro encontró a un muchacho… y escucho —TENEMOS DOS… DOS RETADORES… AL FIN LOS DIAS DE OCIO HAN TERMINADO!!! ADELANTE!!! VISITANTES!!!— A viva voz dijo uno de los monjes… Maki se sacudió la cabeza y trato de ubicar al maestro del dojo, pero no lo vio… será una broma?
No le agradaba quedarse mucho tiempo en una isla porque con el tiempo comenzaba a involucrarse con la gente y no le gustaba abrirse con ningún tonto que se aprovechase de ellos. por suerte conoció a Jansen, Bubblegum Uker y al capitán, solo esperaba que los preparativos para zarpar no demorasen mucho. Se preparaba para ir a tocar esta noche a un local, mas que para ganarse un dinero, era para distraerse necesitaba mantenerse ocupada para no partirle la cara a ninguno de los que tenía que convivir desde ahora que había decidido ser… pirata… quien lo diría, esmerarse tanto para ser marine y terminar siendo una pirata.
el ambiente resonaba con chispas multicolores, la canción que habitaba en todos aquellos que tenían vida podía ser escuchada por su mente, la espuma del mar cantaba pasión, locura pero el ritmo era perfectamente claro en su piel aunque ardiente por el sol abrazador era capaz de sacar de la oscuridad todo aquello que nadie podía ver. El trinar de las aves, el cantar del océano, el crujir de las maderas que se mecían con el viento puro blanco y siempre rampante. Alzo su mano al cielo para intentar capturar el sol, el fuego secreto que impulsaba cada canción que surgía para que la atrapase como una mariposa… se detuvo… admiro el camino… entrecerró los ojos y respiro suave pero largamente con un suspiro apacible y dulce cargado de emoción por el nuevo amanecer que se aproximaba para su futuro.
La hora acordad para su presentación… casi medianoche. Pero antes. El dojo. Deseaba aprender del maestro de isla karate, quizás algo que le pudiera ayudar a derrotar a algunos de todos los oponentes que tenía y tendría en su viaje hasta el final de una travesía que podría costarle la vida… no tenía la confianza aun de revelarle a alguien su objetivo personal. Doce armas de acero reunidas y doce hombres muertos, era su objetivo, pero no el final de su travesía. Para ello pensó en adquirir alguna técnica que pudiera aprender antes de echarse a la mar con un montón de desconocidos.
El camino, uno de piedra embellecido por flores rojas amarillas y rosas de muchos colores. se agacho a sentir la fragancia, la suavidad de sus pétalos y la dureza de sus espinas. Ella deseaba ser como esas rosas. Dura pinchuda pero suave y fragante… sonrió ante la idea y sacudiéndose los pantalones se echo la guitarra a la espalda nuevamente. Se ajusto los guantes de acero, se calzo la capucha que ocultaba un poco sus cicatrices faciales y fue recibida por uno de los artistas marciales… —Buen día cariño… he venido a agasajar al maestro— El asistente sonrió y parecía que no entendía un carajo el jodido español. Asintió largamente la cabeza dos veces y salió corriendo mientras dejaba la puerta abierta. Maki se encogió de hombros y entro abriendo suavemente la gran puerta una tan bien construida que podría sin duda ser una verdadera fortaleza… cuando llego al camino principal… se extrañó… no vio a nadie. Nadie que… que demonios… al girar por un corto muro encontró a un muchacho… y escucho —TENEMOS DOS… DOS RETADORES… AL FIN LOS DIAS DE OCIO HAN TERMINADO!!! ADELANTE!!! VISITANTES!!!— A viva voz dijo uno de los monjes… Maki se sacudió la cabeza y trato de ubicar al maestro del dojo, pero no lo vio… será una broma?

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