[T2] ¿Por qué hay un gigante en mi cocina?
#8
El frío cortaba como cuchillas en las mejillas, pero a mí no me afectaba en lo más mínimo. Caminábamos con paso firme, Bertram al frente, Stroud a su lado y yo un poco detrás, mi kanabō rebotando contra la espalda con cada zancada. Desde que el civil vino gritando lo del “gigante cocinero”, no había podido dejar de reírme.
 
—Kyarararara ¡Un gigante en una cocina! Si no lo veo, no lo creo. —
 
Cuando llegamos, no hizo falta preguntar dónde era. El caos se veía y se olía desde la esquina, harina en el aire como si nevara dentro, humo que salía por las ventanas destrozadas, vecinos corriendo de un lado a otro con cubos de nieve. Y ahí estaba, tal cual lo pintaron, un gigantón alegre con cara de niño travieso, aplastando sartenes como si fueran de papel.
 
Bertram, con esa calma que lo caracteriza, nos dio las órdenes. El plan estaba claro, Stroud se encargaría de la familia, yo de la viga y del incendio, y él se ocuparía de hablar con el bonachón. Le di un golpe en la espalda que casi lo hace trastabillar y solté una carcajada.
 
—¡Perfecto, sir! Déjenmelo a mí, ya verán cómo vuelo la basura y apago el fueguito. Kyarararara—  Lo primero era la viga. Ese tronco enorme bloqueaba la entrada como si fuese la mismísima puerta del infierno. Me acerqué, palmeé la superficie llena de polvo y murmuré.
 
—Vamos a flotar. — La madera empezó a temblar, perdiendo peso en cuanto mis manos la reclamaron. El sonido cambió de un crujido pesado pasó a un susurro hueco, hasta que la viga entera flotaba frente a mí como si fuera una pluma gigante. La aparté con calma, haciéndola levitar a un lado y apoyándola en la nieve para que no causara más líos. Un par de vecinos abrieron la boca como si hubieran visto un milagro.
 
—¡Magia! —gritó uno.
—No, idiota, ¡es el poder de los marines! —le corrigió otro.
 
Yo solo me reí a carcajadas, con el pecho lleno de orgullo. Con la entrada despejada, avancé hacia el interior. El calor me golpeó de lleno porque el contraste con el aire helado era brutal, allí dentro se sentía como un horno, entre humo, brasas y harina suspendida. Mis botas crujieron sobre los restos de muebles y cerámica rota, el olor era asqueroso, mezcla de pan quemado, alcohol y madera.
 
Seguí el sonido del chisporroteo y bajé hacia el sótano. La escalera estaba medio colapsada, pero un poco de mi poder bastó para apartar las tablas caídas. Hice mi propio cuerpo flotar para poder bajar sin tener que pisar nuevamente la madera, ni la estructura, abajo, el fuego ya había alcanzado un barril de aguardiente derramado, y las llamas danzaban con fuerza, listas para propagarse.
 
—Tsk… si esto sigue así, volaremos todos. — Miré alrededor, había nieve entrando por los agujeros del techo, pequeños montones sobre cajas, perfecto. Toqué con la palma los trozos de madera carbonizada y las piedras alrededor del fuego, haciéndolos levitar, y luego solté una carcajada mientras las lanzaba contra los montones de nieve. La madera encendida se apagaba al contacto, el humo silbaba, y poco a poco el calor bajaba de intensidad.
 
No era suficiente. El fuego aún lamía las paredes del barril, así que me agaché, hundí las manos en la nieve que caía y la lancé directamente sobre las llamas como una pala excavando, el vapor me envolvió como si me bañara en una nube hirviente, pero no retrocedí ni un paso. —¡Kyarararara! Eso es, traguen frío, malditas llamitas.— Con cada brazada de nieve, el fuego perdía fuerza, la mezcla de humo y vapor me arrancaba lágrimas, pero yo seguía, cabezón como siempre, hasta que no quedó más que brasas débiles y un suelo embarrado de agua sucia.
 
Respirando hondo, me erguí, sacudiendo las manos, había cumplido mi parte, la casa aún temblaba con los movimientos de Pixie, y arriba se oían los gritos de Stroud guiando a la familia, la voz calmada de Bertram intentando razonar con el gigante, subí de nuevo, dejando atrás el sótano apagado. Al llegar a la entrada, vi a varios vecinos que habían estado intentando ayudar desde afuera. Les señalé el humo que aún salía del sótano y les grité. —¡Eh, ustedes! ¡Traigan cubos de nieve, terminaré de enfriar las brasas! La Marina ya contuvo lo peor, pero necesito refuerzos. —No sé si por mi tono o por la simple fuerza de la pintura azul sobre mi piel, pero obedecieron sin rechistar.
 
Volví a reír, ajustando el kanabō en mi espalda. La casa aún podía colapsar, pero al menos ya no iba a explotar en llamas, ahora solo quedaba ver si el gigante aceptaba la oferta de Bertram o si yo iba a tener que usar el kanabō para enseñarle un par de modales. —Kyarararara, espero que no, sería un desperdicio. — Pensé para mi misma mientras me cruzaba de brazos mientras flotaba en la entrada de la casa.

Gastos de energía
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 819 + 0 = 819
Energia: 798 - 72 = 726
Espiritu: 81 + 0 = 81


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RE: [T2] ¿Por qué hay un gigante en mi cocina? - por Imai Seeman - 15-09-2025, 03:26 PM

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