15-09-2025, 03:42 PM
Pregunta de la que no hacía falta respuesta. ¿Que si no lo había valido hasta entonces? Maldita sea, cada maldito segundo estaba valiendo la condenada pena y, sin embargo, no mencionó dichas palabras, solo sus ojos lo observaban bajo la agitada respiración que le provocaba. No era necesario, estaba verdaderamente lo suficientemente excitado como para que su propio estado sirviera como respuesta. Lo mejor fue el gemido que Cherry dejaba escapar de entre sus labios con aquella voz, incluso cuando los estaba estimulando a ambos. Una de sus manos se adelantó a trazar un camino desde sus manos hasta su clavícula, pudiendo disfrutando el movimiento que el contrario y él mismo llenaba sus cuerpos con la excitación. Sus labios y lengua no habían cesado el movimiento hasta entonces. El hilo de saliva que conectaba los dedos ajenos con sus propios labios se rompió en medio del camino en cuanto Hyákinthos los retiró.
Su rostro ya dibujaba la escasez del gusto de las palabras que había pronunciado, pero le divirtió ver aquella sonrisa que se ampliaba en su amante nocturno en ese mismo instante. Significaba, claramente, que hasta entonces se había estado conteniendo. Con eso ya sabía que quedaría satisfecho… si es que lo hacía.
Emitió un jadeo, sintió el dolor del tirón de su propio cabello, haciendo que sus labios se entreabrieran, sintiendo los labios ajenos besarlo con más agresividad. Oh mierda, eso era justo lo que había querido. Sus labios se cerraron, tratando de seguir la agresividad de dichos besos, descendiendo la mano que había quedado en su clavícula, apretando la zona superior de su pectoral y un quejido similar a un gemido escapó de sus labios cuando sintió no solo los colmillos ajenos, sino aquel escozor, aquel leve dolor que solo le provocó mayor excitación. Maldita sea, justo en lo que más disfrutaba. Apartó lentamente su mano de la masturbación que hasta entonces había estado haciendo para provocar al contrario. Sintió por un momento que se adelantaría al primer orgasmo y no quería parecer un loco que solo disfrutaba del dolor, solo por un mordisco. Le costó el infierno poder aguantar aquel límite entre el orgasmo y el aguante de la eyaculación. No parecía haberle molestado, por el contrario, el vaho de entre sus labios y la mirada excitada que observaban al pelirrosa demostraban que había sido satisfactorio.
Estaba temblando, descendiendo ligeramente la mirada, buscando la mirada ajena y, a su pregunta, sonrió de medio lado. —¿Qué tal si pruebas a romperlo? Estoy seguro de que quieres ver hasta dónde eres capaz de llegar. — su voz, grave, profunda pero pícara resonaba con un ligero temblor. No por temor, era la adrenalina, su imaginación estaba trabajando por él. Elevó su cabeza hasta el cuello, usando su propia mano libre para adelantar ligeramente el cuerpo hasta el cuello ajeno en el momento que éste usaba sus propios dedos para humedecerlos, enfocando sus labios en el cuello contrario, primero lamiéndolo, dando una pequeña probada de aquel hombre, luego succionando con sus labios aquella piel que parecía pura perfección en ese momento y, finalmente, un leve y suave mordisco. Ni siquiera le importaba que su cabello estuviera siendo sujeto con firmeza, el dolor que quizás aquello le estaba provocando. Por el contrario, solo lo excitaba más, el pensamiento, la fantasía… Todo aquello era el éxtasis.
Emitió un quejido cuando lo soltó con brusquedad, su cuerpo se sacudió sobre el sofá, abriendo sus labios, sintiendo ahora las uñas que marcaban su pálida piel. Cerró sus ojos por algunos segundos al creer que iba a por su entrada y, sin embargo, jugueteaba con él. Sus ojos descendieron, ¿cómo siquiera era capaz de aguantar tanto su propia erección ese hombre? Su fuerza de voluntad era envidiable y, sin embargo, sus jadeos no cesaban cuando sentía los mordiscos en su piel, su propio cuerpo ser marcado desde a saber cuántas partes más. Elevó su mano sobre su cabeza. Sentía su propio fluido preseminal en su propio miembro, estaba soportando más de lo que quería admitir. De nuevo esa sensación que solo él estaba logrando. Ya no era solo sexo, ese hombre estaba logrando excitarlo como poquísimos a los que ni recordaba el rostro.
Sentía el leve escozor en su cuerpo, cómo apretó su propio glande. Su cuerpo tembló en un leve espasmo, dejando escapar de forma ligeramente más aguda un nuevo gemido, cerrando los ojos. Finalmente percibió la invasión en su propia entrada, arqueando la cabeza, dejando caer por completo su cuerpo en el sofá y abriendo sus piernas. Era incómodo, como recordaba, hacía mucho tiempo que no se había permitido utilizar esa entrada y, sin embargo, los dedos que lentamente lo habituaban y preparaban para lo que se venía parecía saber hacerlo, mimarlo a la vez que era brusco. Su mano se mantuvo entre sus ojos, hasta escuchar sus palabras, momento en que descendió su mirada, apartando ligeramente su mano hasta donde se encontraba su frente, solo revelando parte de su cicatriz como la misma y la expresión de placer que estaba hasta ahora.
Un nuevo gemido escapó de entre sus labios, apartando completamente su mano para aferrarse con firmeza a los laterales del sofá. Sentía la insistencia del movimiento de sus dedos, el pálpito de su propia erección gritando y, prácticamente, suplicando por una eyaculación.
Maldita sea, se sentía demasiado bien, no podía siquiera pensar en qué había estado haciendo desde la visita de aquel hombre, solo en lo bien que se estaba comenzando a sentir. Trató de buscar la mirada bajo la agitación de su cuerpo. ¿Los condones? Oh, cierto, los condones… ¿Dónde diantres los había dejado caer? ¿Dónde…? No esperó que fuera tan directo respecto a la posición y jadeó. Apretó su propia mandíbula, sintiendo que estaba por estallar, dejar salir el orgasmo. Sus ojos se abrieron de par en par en el momento que apretaba su propio miembro, evitando la eyaculación. Apretó los ojos, volteando la mirada en otra dirección, tratando de soportar el intento de súplica por dejar salir su primera descarga…
Pero como si hubiera escuchado su silencioso orgullo, los dedos fueron retirados como si fuera un castigo y de un momento a otro vio su propia cabeza casi rozando el suelo, siendo equilibrado por la mano ajena. Su ropa caía por ambos lados de sus costados, su pecho subía y bajaba, entre respiraciones agitadas y la sorpresa inesperada de lo que acababa de hacer el hombre. Posicionó su otra mano al frente por instinto, escuchando las palabras del pelirrosa. Sentía que estaba atrapado entre la espalda y la pared, sin opciones. No mentía, la desesperación ahora lo estaba matando y sabía que, si no daba una respuesta, solo podría ser peor.
Apenas su voz sonó en un susurro, ahora con sus ojos buscando con desesperación los preservativos que hubieran llegado a caer. Ni siquiera podía ver la alfombra del suelo, solo sentir el miembro rozar sus propias nalgas lo hacía perderse. La mano que palpaba el suelo temblaba, jadeando al sentir los dientes en su oído. Podía percibir su propio miembro apretarse en el sofá por la posición y él mismo inconscientemente mordió su labio inferior, olvidando aquel corte que el contrario le había provocado. Sus ojos perdieron la concentración al sentir el escozor de su labio, el sabor metálico de la sangre. Tembló en espasmos, apretando el puño libre. Para su propia sorpresa, no pudo más, la intensidad lo hizo eyacular una primera vez, apretaba su propia mandíbula, dejando caer la cabeza. El fluido se descargó manchando parte del sofá y su propio abdomen.
Él mismo jadeaba y, pese a que el semen se había descargado, la eyaculación no decía lo mismo. Mierda, estaba disfrutando ser tratado como la mierda por alguien más… y no podía pensar en más que aquello estaba siendo de lo más adictivo, y que necesitaba más. Incluso el pensamiento de sentirlo dentro de sí mismo lo envolvía como una ola de desesperación. No supo si era la lucidez de haber tenido la descarga, podía sentir su pene apretarse firmemente, todavía completamente erecto, mientras su mano volvía a palpar el suelo, hasta que sonó el toque de uno de sus dedos con uno de los preservativos que habían quedado. Lo atrapó cerrando el puño, temblando violentamente, jadeando. Él mismo movió también sus propias caderas, frotando sus nalgas con la erección ajena. —Agarra… el maldito… condón… — sus jadeos se intensificaban bajo la desesperación, usando el codo como apoyo y elevando el antebrazo, abriendo ligeramente el puño, tembloroso, usando sus dedos índice y corazón para revelar el encuentro de lo que había estado buscando y cumpliendo la petición ajena.
—Oye…
![[Imagen: KtWk7D2.png]](https://i.imgur.com/KtWk7D2.png)
—¿A quién te crees que ibas a tratar como una rosa?
Su rostro ya dibujaba la escasez del gusto de las palabras que había pronunciado, pero le divirtió ver aquella sonrisa que se ampliaba en su amante nocturno en ese mismo instante. Significaba, claramente, que hasta entonces se había estado conteniendo. Con eso ya sabía que quedaría satisfecho… si es que lo hacía.
Emitió un jadeo, sintió el dolor del tirón de su propio cabello, haciendo que sus labios se entreabrieran, sintiendo los labios ajenos besarlo con más agresividad. Oh mierda, eso era justo lo que había querido. Sus labios se cerraron, tratando de seguir la agresividad de dichos besos, descendiendo la mano que había quedado en su clavícula, apretando la zona superior de su pectoral y un quejido similar a un gemido escapó de sus labios cuando sintió no solo los colmillos ajenos, sino aquel escozor, aquel leve dolor que solo le provocó mayor excitación. Maldita sea, justo en lo que más disfrutaba. Apartó lentamente su mano de la masturbación que hasta entonces había estado haciendo para provocar al contrario. Sintió por un momento que se adelantaría al primer orgasmo y no quería parecer un loco que solo disfrutaba del dolor, solo por un mordisco. Le costó el infierno poder aguantar aquel límite entre el orgasmo y el aguante de la eyaculación. No parecía haberle molestado, por el contrario, el vaho de entre sus labios y la mirada excitada que observaban al pelirrosa demostraban que había sido satisfactorio.
Estaba temblando, descendiendo ligeramente la mirada, buscando la mirada ajena y, a su pregunta, sonrió de medio lado. —¿Qué tal si pruebas a romperlo? Estoy seguro de que quieres ver hasta dónde eres capaz de llegar. — su voz, grave, profunda pero pícara resonaba con un ligero temblor. No por temor, era la adrenalina, su imaginación estaba trabajando por él. Elevó su cabeza hasta el cuello, usando su propia mano libre para adelantar ligeramente el cuerpo hasta el cuello ajeno en el momento que éste usaba sus propios dedos para humedecerlos, enfocando sus labios en el cuello contrario, primero lamiéndolo, dando una pequeña probada de aquel hombre, luego succionando con sus labios aquella piel que parecía pura perfección en ese momento y, finalmente, un leve y suave mordisco. Ni siquiera le importaba que su cabello estuviera siendo sujeto con firmeza, el dolor que quizás aquello le estaba provocando. Por el contrario, solo lo excitaba más, el pensamiento, la fantasía… Todo aquello era el éxtasis.
Emitió un quejido cuando lo soltó con brusquedad, su cuerpo se sacudió sobre el sofá, abriendo sus labios, sintiendo ahora las uñas que marcaban su pálida piel. Cerró sus ojos por algunos segundos al creer que iba a por su entrada y, sin embargo, jugueteaba con él. Sus ojos descendieron, ¿cómo siquiera era capaz de aguantar tanto su propia erección ese hombre? Su fuerza de voluntad era envidiable y, sin embargo, sus jadeos no cesaban cuando sentía los mordiscos en su piel, su propio cuerpo ser marcado desde a saber cuántas partes más. Elevó su mano sobre su cabeza. Sentía su propio fluido preseminal en su propio miembro, estaba soportando más de lo que quería admitir. De nuevo esa sensación que solo él estaba logrando. Ya no era solo sexo, ese hombre estaba logrando excitarlo como poquísimos a los que ni recordaba el rostro.
Sentía el leve escozor en su cuerpo, cómo apretó su propio glande. Su cuerpo tembló en un leve espasmo, dejando escapar de forma ligeramente más aguda un nuevo gemido, cerrando los ojos. Finalmente percibió la invasión en su propia entrada, arqueando la cabeza, dejando caer por completo su cuerpo en el sofá y abriendo sus piernas. Era incómodo, como recordaba, hacía mucho tiempo que no se había permitido utilizar esa entrada y, sin embargo, los dedos que lentamente lo habituaban y preparaban para lo que se venía parecía saber hacerlo, mimarlo a la vez que era brusco. Su mano se mantuvo entre sus ojos, hasta escuchar sus palabras, momento en que descendió su mirada, apartando ligeramente su mano hasta donde se encontraba su frente, solo revelando parte de su cicatriz como la misma y la expresión de placer que estaba hasta ahora.
![[Imagen: gXLoXg7.jpg]](https://i.imgur.com/gXLoXg7.jpg)
—¿Acaso intentas torturarme más para ver si el tamaño es el mismo o no?
Un nuevo gemido escapó de entre sus labios, apartando completamente su mano para aferrarse con firmeza a los laterales del sofá. Sentía la insistencia del movimiento de sus dedos, el pálpito de su propia erección gritando y, prácticamente, suplicando por una eyaculación.
![[Imagen: bSxD1S8.png]](https://i.imgur.com/bSxD1S8.png)
—Cherry…
Maldita sea, se sentía demasiado bien, no podía siquiera pensar en qué había estado haciendo desde la visita de aquel hombre, solo en lo bien que se estaba comenzando a sentir. Trató de buscar la mirada bajo la agitación de su cuerpo. ¿Los condones? Oh, cierto, los condones… ¿Dónde diantres los había dejado caer? ¿Dónde…? No esperó que fuera tan directo respecto a la posición y jadeó. Apretó su propia mandíbula, sintiendo que estaba por estallar, dejar salir el orgasmo. Sus ojos se abrieron de par en par en el momento que apretaba su propio miembro, evitando la eyaculación. Apretó los ojos, volteando la mirada en otra dirección, tratando de soportar el intento de súplica por dejar salir su primera descarga…
Pero como si hubiera escuchado su silencioso orgullo, los dedos fueron retirados como si fuera un castigo y de un momento a otro vio su propia cabeza casi rozando el suelo, siendo equilibrado por la mano ajena. Su ropa caía por ambos lados de sus costados, su pecho subía y bajaba, entre respiraciones agitadas y la sorpresa inesperada de lo que acababa de hacer el hombre. Posicionó su otra mano al frente por instinto, escuchando las palabras del pelirrosa. Sentía que estaba atrapado entre la espalda y la pared, sin opciones. No mentía, la desesperación ahora lo estaba matando y sabía que, si no daba una respuesta, solo podría ser peor.
![[Imagen: Hfw1vzm.jpg]](https://i.imgur.com/Hfw1vzm.jpg)
—S-sabes cómo... lo prefiero… No me hagas más preguntas... estúpidas... haah...
Apenas su voz sonó en un susurro, ahora con sus ojos buscando con desesperación los preservativos que hubieran llegado a caer. Ni siquiera podía ver la alfombra del suelo, solo sentir el miembro rozar sus propias nalgas lo hacía perderse. La mano que palpaba el suelo temblaba, jadeando al sentir los dientes en su oído. Podía percibir su propio miembro apretarse en el sofá por la posición y él mismo inconscientemente mordió su labio inferior, olvidando aquel corte que el contrario le había provocado. Sus ojos perdieron la concentración al sentir el escozor de su labio, el sabor metálico de la sangre. Tembló en espasmos, apretando el puño libre. Para su propia sorpresa, no pudo más, la intensidad lo hizo eyacular una primera vez, apretaba su propia mandíbula, dejando caer la cabeza. El fluido se descargó manchando parte del sofá y su propio abdomen.
Él mismo jadeaba y, pese a que el semen se había descargado, la eyaculación no decía lo mismo. Mierda, estaba disfrutando ser tratado como la mierda por alguien más… y no podía pensar en más que aquello estaba siendo de lo más adictivo, y que necesitaba más. Incluso el pensamiento de sentirlo dentro de sí mismo lo envolvía como una ola de desesperación. No supo si era la lucidez de haber tenido la descarga, podía sentir su pene apretarse firmemente, todavía completamente erecto, mientras su mano volvía a palpar el suelo, hasta que sonó el toque de uno de sus dedos con uno de los preservativos que habían quedado. Lo atrapó cerrando el puño, temblando violentamente, jadeando. Él mismo movió también sus propias caderas, frotando sus nalgas con la erección ajena. —Agarra… el maldito… condón… — sus jadeos se intensificaban bajo la desesperación, usando el codo como apoyo y elevando el antebrazo, abriendo ligeramente el puño, tembloroso, usando sus dedos índice y corazón para revelar el encuentro de lo que había estado buscando y cumpliendo la petición ajena.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
