16-09-2025, 02:46 AM
Narrador / María Merlot
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¿Le gustaba Fantasma?
Más de lo que podrían imaginar.
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¿Le gustaba Fantasma?
Más de lo que podrían imaginar.
Por eso se había lanzado a sus pies, se había abrazado a su pierna y se estaba frotando contra esta. Él era cálido, como el sol que ahora brillaba sobre todos ellos. Durante toda su vida había sido arrastrada sin derecho a oponerse, un objeto del más fuerte. Algunos la ignoraban o utilizaban, la aconsejaban o sermoneaban pero solo él le había mostrado el camino, por eso supo al instante que lo seguiría a dónde fuera, así ese “lugar” estuviera en el fin del mundo.
Luego hablaremos del pasado.
Ahora, el presente, se alzaba pintoresco.
Tan pintoresco como las escamas que se asomaban de su espalda.
Ahora, el presente, se alzaba pintoresco.
Tan pintoresco como las escamas que se asomaban de su espalda.
Hyakinthos comentó sobre estudiar especies, sus palabras taciturnas y ensimismadas hicieron que la atención de la peliceleste fuera hacia él, mientras él veía el vaso en su mano ¿La incluiría a ella? No lo creía, hasta ahora él solo la había ayudado con su medicina en sus escamas. Luego de eso, y otras palabras adicionales, se acercó a ella, negandole que cediera su comida —... pero Algodón de Azúcar… — hizo pucherito la mujer, porque ella realmente quería apoyar en el llenado del pozo sin fondo que sería el estómago del gigante pelirrojo, sin embargo, si el pelirosado se lo pedía, ella acataría su solicitud, porque el hombre era simplemente su ser más amado. Lo vio alejarse después, achicopalando su corazón.
Las nuevas palabras de Ashviel embargaron la cubierta, dedicandole a cada uno de su tripulación el reconocimiento acompañado de las fortalezas y esperanzas que veía en ellos. Desde la mujer de cabellera peliverde, al chef que siempre le preparaba deliciosas ensaladas, Blacky con su sereno semblante, Thrym tan enorme como él solo y no menos importante el médico del equipo. ¿Cazar un Rey del Mar? La propuesta de Hyakinthos… Hmmm… Las criaturas marinas eran amigas, no comida… pero entendía que no todos se saciarian a base de “no carne”. Por eso cuando el moreno dijo que él lo haría, le saco la lengua a la distancia.
Las nuevas palabras de Ashviel embargaron la cubierta, dedicandole a cada uno de su tripulación el reconocimiento acompañado de las fortalezas y esperanzas que veía en ellos. Desde la mujer de cabellera peliverde, al chef que siempre le preparaba deliciosas ensaladas, Blacky con su sereno semblante, Thrym tan enorme como él solo y no menos importante el médico del equipo. ¿Cazar un Rey del Mar? La propuesta de Hyakinthos… Hmmm… Las criaturas marinas eran amigas, no comida… pero entendía que no todos se saciarian a base de “no carne”. Por eso cuando el moreno dijo que él lo haría, le saco la lengua a la distancia.
“Oye, Maki. Maki, D. Zenin”
Una voz, hasta ese momento desconocida, interrumpió la pseudoreunión. Los ojos ámbar de la mestiza fueron a él. ¡Qué cabello tan colorido! Fue lo primero que pensó, y cuando Ashviel se dirigió a él, ella lo soltó quedando vacíos sus brazos, dónde antes había estado la pierna del color canela. La fémina no pudo más que suspirar y terminar de recostarse en el suelo, con un tenue sonido de las cadenas unidas a las esposas en sus muñecas, mientras veía toda aquella escena. Su largo cabello celeste se extendía a su alrededor mientras ella se posicionaba de frente al cielo, tan azul y precioso como todos en ese lugar.
“...les puedo contar del tesoro más grande de este planeta.”
Eso sonaba muy interesante, y con la alegría que desbordaba la hizo pensar que sería muy divertido escucharlo. Es más, ella sí quería escuchar su relato pero Ashviel ya había dado órdenes a otros para custodiarlo ¿Significaba que era una mala persona? Mejor no acercarse, por ahora mantendría su distancia del desconocido.
“Este chico tiene agallas y salvó mi vida hace unos días, no lo miren tan en menos que tiene mucho potencial, si es necesario yo responderé por él, se lo debo”
![[Imagen: mm8-9.png]](https://i.ibb.co/yFgLrwJX/mm8-9.png)
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María se giró, aún sobre el suelo, hacia el grupo. ¿Salvo a Jensen Valentine? Entonces si era una buena persona, lo que anulaba el pensamiento anterior… entonces, si podía acercarse a él y escuchar su historia. Pero antes de poder siquiera levantarse, el sonido de un chapoteo seguido de un disparo cortó el aire. Se sentó rápidamente, para ver cómo caía el gigante marino más allá del barco. En un santiamén se levantó y corrió hacia la borda, con las cadenas sonando con cada paso, para ver el cadáver de la bestia flotando sobre el agua. Colocó sus manos sobre la fría madera, era el ciclo de la vida, es cierto pero… pero ¿no era mejor comer cosas no vivas? Para la mayoría: no lo era.
— ¿Si contarás la historia? — se volteo con una gran sonrisa en sus preciosos labios rosados caminando hacia el “codiciado” pelirrojo — … esa del tesoro más grande del planeta… o tan grande como el planeta — llego hasta él, él era más alto que ella así que tuvo que inclinar hacia atrás su cabeza para verlo a sus claros ojos azules, tan claros como el cabello de la sirena — … ¿Es acaso el oro, ese metal resplandeciente que vuelve locos a todos? ¿O quizás los diamantes, pequeñas estrellas petrificadas arrancadas de las entrañas de la Tierra? No, no, eso es demasiado... ¿mundano? Demasiado tangible. El verdadero tesoro, el más grande de todos, es algo mucho más... elusivo… — soltó girando sobre su propio eje con las manos extendidas con su ropa y cabello danzando a su alrededor hasta detenerse y mirar el cielo. ¿No estaba esposada? Sí, pero en el gesto más raro de todos, antes había sacado como si nada una de sus manos de las esposas, realmente no estaba prisionera. — Piensen en ello: ¿qué es lo que todos buscan, lo que todos anhelan, lo que, una vez encontrado, se escurre entre los dedos como arena fina? Es el sonido del calcetín que se pierde en el retrete, el chiste que intentas recordar pero se te escapa justo cuando vas a contarlo, el sabor exacto de esa primera ensalada que nunca más has vuelto a encontrar… — continuó su monólogo absurdo regresando su atención al pelirrojo, y tomando una de sus manos —... es todo y nada a la vez… ¡Es el espacio entre estas palabras! ¿Lo sientes? Está ahí, justo en el borde de tu comprensión, bailando en el umbral de lo posible y lo completamente opuesto… — asintió con su cabeza reafirmando su locura mientras pasaba la primera esposa por la muñeca del hombre, le quedaba holgada... como una pulsera, justo como a ella.
— ¿Si contarás la historia? — se volteo con una gran sonrisa en sus preciosos labios rosados caminando hacia el “codiciado” pelirrojo — … esa del tesoro más grande del planeta… o tan grande como el planeta — llego hasta él, él era más alto que ella así que tuvo que inclinar hacia atrás su cabeza para verlo a sus claros ojos azules, tan claros como el cabello de la sirena — … ¿Es acaso el oro, ese metal resplandeciente que vuelve locos a todos? ¿O quizás los diamantes, pequeñas estrellas petrificadas arrancadas de las entrañas de la Tierra? No, no, eso es demasiado... ¿mundano? Demasiado tangible. El verdadero tesoro, el más grande de todos, es algo mucho más... elusivo… — soltó girando sobre su propio eje con las manos extendidas con su ropa y cabello danzando a su alrededor hasta detenerse y mirar el cielo. ¿No estaba esposada? Sí, pero en el gesto más raro de todos, antes había sacado como si nada una de sus manos de las esposas, realmente no estaba prisionera. — Piensen en ello: ¿qué es lo que todos buscan, lo que todos anhelan, lo que, una vez encontrado, se escurre entre los dedos como arena fina? Es el sonido del calcetín que se pierde en el retrete, el chiste que intentas recordar pero se te escapa justo cuando vas a contarlo, el sabor exacto de esa primera ensalada que nunca más has vuelto a encontrar… — continuó su monólogo absurdo regresando su atención al pelirrojo, y tomando una de sus manos —... es todo y nada a la vez… ¡Es el espacio entre estas palabras! ¿Lo sientes? Está ahí, justo en el borde de tu comprensión, bailando en el umbral de lo posible y lo completamente opuesto… — asintió con su cabeza reafirmando su locura mientras pasaba la primera esposa por la muñeca del hombre, le quedaba holgada... como una pulsera, justo como a ella.
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—... Te las doy por ahora. ¿Me entiendes? El tiempo es una broma pesada y el destino es un malabarista ciego, pero cuando los astros se alineen de nuevo y los pájaros de la locura canten su melodía, tendrás que regresármelas. No lo olvides, porque el universo tiene una memoria terrible pero yo no — le decía como si fuera un secreto de confesión con su linda cara de angel sirenezca al tiempo que se quitaba la otra esposa y terminaba de encadenarlo, una acción sin sentido alguno porque esas cadenas no aprisionaban a nada ni a nadie —... el camarote al lado mi esta disponible, te encantarán sus barrotes son de muy buena calidad y el catre tiene fundas nuevas de la mejor calidad… — finalizó su discurso unilateral hacia el polizonte para terminar sentándose al lado de la otra mujer de la tripulación, y sin aviso recostando su cabeza en su hombro — Unnie ¿Tocarías algo para mi? — solicito con dulzura cerrando los ojos y esperando la reacción de la dama a la invasión de su espacio personal.
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OFF ROL :: Thrym ha dado permiso de saltar su turno.
Karmas Positivos:
Alegre.
Sentidos aumentados.
Extrovertido.
Belleza
Karmas Negativos:
Charlatán.
Pacifista.
Sin orientación.
Cotilla (Te escuche Cherry u.u)
Fanatico (Te amo Cherry)
OFF ROL :: Thrym ha dado permiso de saltar su turno.
Karmas Positivos:
Alegre.
Sentidos aumentados.
Extrovertido.
Belleza
Karmas Negativos:
Charlatán.
Pacifista.
Sin orientación.
Cotilla (Te escuche Cherry u.u)
Fanatico (Te amo Cherry)
Karma Fanático: Hyakinthos.
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