16-09-2025, 07:34 AM
Dar un par de palmadas en el tobillo del gigante fue lo último que hizo antes de regresar a la cubierta del barco. El ambiente no parecía haber cambiado demasiado, solo que…¿De dónde salió ese pelirrojo con rostro de zorruno? No es como que fuera un mink, pero tenía un aire que le recordaba a aquellos animales…Tal vez era el color de cabello, tal vez la sonrisa de pillo, tal vez porque entre las primeras cosas que dijo soltó la evidente mentira de un tesoro que palidecía ante cualquier otro…sí, debía ser eso, tenía aura de mentiroso, además, sentía que, si dejaba algo cerca de él, desaparecería ¿Por qué? ¿Por qué ese presentimiento si no lo conocía de nada?
—¿Quién eres, pelirrojo? —Ladeó su cabeza ¿En verdad era parte de la tripulación? Lo analizó de arriba a abajo, parecía saludable, eso era bueno ¿No? Porque si hacía algo que trajera descontento al resto, podría aprovechar el malestar de los demás y venderlo por partes ¿Alguien lo extrañaría? Los órganos de jóvenes siempre eran la mejor opción para vender…Un momento ¿En qué pensaba? Tal vez el chico en verdad se uniría al grupo y si era el caso, no podía verlo como mercancía. Sacudió su cabeza levemente haciendo que su cabello se moviera con suavidad por el gesto. —Lo siento, es que no recuerdo haberte visto antes por aquí —. ¿A quién engañaba? No recordaba los rostros de ninguno de los del barco, pero debía justificar su interés por el más joven.
¡Ah! Menos mal su capitán salvaba el día, su voz llegó como un paño suave que buscaba calmar el dolor de una herida. Lo miró con el mismo aburrimiento con el que miraba al resto de la gente, aunque un leve brillo de ilusión se asomó bajo sus lentes.
—¿En verdad cree que puedo recuperar la memoria? Jmmm…Supongo que es bueno que tenga esperanza por los dos —. De nuevo, su mala costumbre de pensar en voz alta salió a relucir, pues no era su intención que su capitán se enterara de la poca fe que le tenía a su propia mente, de todos modos, el comentario le había generado la emoción suficiente para que en su cara se formara una sonrisa tranquila, más aún al escuchar lo que el más bajito dijo al final. —No tengo mi bisturí conmigo en este momento, capitán, puede estar tranquilo —. Se recostó en el borde del barco, más relajado que antes. —Además, con usted y supongo que, con el resto, solo lo usaré para curar —. Debió finalizar ahí, pero no pudo controlar lo que salió de su boca después. —…A menos que tenga órdenes de lo contrario o que alguno sea tan buen samaritano que desee ser donante de órganos —. Se encogió de hombros, restándole importancia a lo dicho, antes de alzar su cabeza y volver a apagar su mente ¿Cómo? Observando las nubes, por supuesto.
Oyó las voces del resto, el entusiasmo aún marcado, pero…solo eso, oyó, no escuchó…ni siquiera escuchó la “amenaza” de usar como ancla al chico pelirrojo o que parecía ser necesario mantenerlo vigilado o el visto bueno que le daba el pistolero, sí…tal vez se perdía de interacciones importantes, pero…todas esas cosas que se decían, todos esos detalles que parecen parte de la personalidad de cada uno, podía averiguarlos después ¿No? Después de todo, si va a pasar tiempo con ellos, quiere decir que se habituará a las mañas de cada uno…o eso esperaba.
Un disparo lo sacó de su ensimismamiento. Aún en su lugar, se estremeció al escuchar el cañón y más aún cuando vio a una criatura enorme caer con un sonoro splash en el mar. ¡Oh, cierto! El mismo le sugirió al pistolero que cazara un rey marino para alimentar al gigante. ¿Cómo es que lo había olvidado? Claro que, solo había un pequeño problema.
Se acercó a la popa del barco, desde ese sitio podía ver mejor al animal sobre el agua. Era demasiado grande como para ser cargado sobre el barco y ya…al menos deberían destazarlo en el agua o sobre la arena y hacer que entrara por partes a la cocina.
—Oigan ¿Y quién se va a meter al agua para sacar al rey marino? —Su voz solía ser baja, desinteresada y algo ida, pero esta pregunta la hizo en un tono donde todos en cubierta pudieran escucharlo y, para sorpresa de cualquiera que lo conociera, con genuino interés. —Bueno…olviden eso, quizá nuestro amigo gigante pueda encargarse, pero… ¿Quién va a destazarlo? No creo que tengamos cuchillos tan grandes en la cocina —. Usar una espada para cortar al gigantesco animal marino tal vez sería lo adecuado, pero ni siquiera sabía si alguno de la tripulación usaba espadas…Suspiró…en verdad necesitaría conocer más a esta gente si planeaba seguir viajando con ellos.
—Bueno ¿Por qué me preocupo? Seguro el cocinero podrá hacerse cargo —. Caminó de regreso al centro del barco y le dio una palmada en la espalda al que creyó el cocinero…fue una suerte que acertara y justamente le diera el golpecito al muchacho de cabellos negros y mechón canoso, luego de eso, volvió a su posición inicial, planeaba volver a perderse en las nubes, pero le fue imposible cuando la voz de su bella sirena resonó de nuevo en cubierta.
Bajó su vista para observarla mientras hablaba con teatralidad digna de un buen actor. De hecho, su monólogo, ese que parecía no tener sentido, fue suficiente para sacarle una sonrisa seguida de una risa baja que tuvo que cubrir con una de sus manos, aunque, lo cierto es que no se reía porque le causara gracia el momento filosófico de la muchacha, si no por las reacciones del pelirrojo, por el rostro confundido al ser encarado por alguien que, genuinamente, parecía estar esperando una gran historia sobre tesoros perdidos.
Fue tanto el shock que pareció ver en el rostro del chico, más aún cuando la bella sirena se alejó, que el médico no pudo hacer más que suspirar y caminar hacia el chico para comprobar que no estuviera sufriendo alguna especie de ataque.
—¿Uh? No somos caníbales, bueno…al menos yo no lo soy, no puedo hablar por el resto —. Tomó la muñeca del chico sin avisar y revisó su pulso, además de tu temperatura. —Tu pulso está acelerado, tu cara está pálida, has empezado a sudar y estas frío…puede que si mueras —. Lo soltó y se agachó un poco para poder quedar a la altura del más joven. —¿No te irá a dar un derrame? ¿Sientes la cara adormecida? No creo que en el barco tenga una sala equipada con lo necesario para atenderte si es así, entonces es probable que mueras y tengamos que …mmm…donar — Vender. —…tus órganos a personas que lo necesiten —. Al decir eso, miró a su capitán, como si esperara que apoyara su propuesta en el caso de que el chico muriera en ese instante.
—¿Estas así por qué no supiste como continuar con la mentira del tesoro? —El simplemente asumió que todo fue una mentira desde que el chico abrió la boca. —¿Te abrumó mucho lo dicho por la bella sirena? —Lo miró con curiosidad. —Ella solo preguntó por ese tesoro del que hablaste, no es tan difícil descifrar lo que quería decirte o lo que quería oír…solo tenías que impresionarla con una historia magnífica...Jmmmm... ¿Te puedo dar un consejo? —Que no le habían pedido. —Si vas a decir una mentira, al menos ten el valor de continuarla.
—Como sea, ven conmigo, siento que vas a desmayarte si sigues parado aquí y prometí al capitán que cuidaría de la salud de ustedes y esas cosas —. Con desinterés palpable, volvió a tomar la muñeca del chico, esta vez para arrastrarlo hasta que quedara frente a las dos mujeres de la tripulación, más que nada porque en el sitio había sombra y la brisa pegaba con fuerza…le vendría bien algo de aire.
