17-09-2025, 03:11 PM
Lo que aparentaba ser, a todas luces, una conquista diplomática y pacífica en un abrir de ojos, se tornó en una masacre sin escrúpulos, y no precisamente por parte de los invasores. Magna, que si bien gracias a las previas señales vía Den Den Mushi Negro, pudieron ser capaces de imagianarse la tragedia que les acontecía, no tuvieron ninguna oportunidad aparente de evitar la matanza realizada por los francotiradores que seguían las órdenes de Nitobo. Decenas y cientos de cuerpos sin vida yacían sobre una Foodvalten cuyos, habitantes, se encontraban incrédulos, confusos y sufriendo las irreparables pérdidas que acababan de sufrir, quedándose totalmente paralizados debido a todo ese batiburrillo de emociones.
Sin embargo, aunque ellos no supieran como maniobrar, los que se podían convertir en los salvadores de Foodvalten, después de todas las vivencias que habían experimentado, hacía falta algo más que un grupo de chalados armados para amedrentarlos. Los residentes aún con vida de Ciudad Rupia consiguieron al fin espabilar, ante las palabras de Sohem - habiendo pasado la advertencia del birkaniano completamente desapercibidas - quienes, en esos instantes, pudieron ver como el enmascarado que acababa de dar el discurso, parecía lanzar a discreción una oleada de cañones que terminaron por explotar irremediablemente en la fachada de uno de los edificios sobre los que estaban los “Lobos de Foodvalten”, aún aullando. Estos, que se encontraban sobre los tejados de varios edificios colindantes, ahogaron sus aullidos en gritos llenos de agonía y de dolor, que se extinguieron prontamente junto a las llamas ocasionadas por la explosión que abarcaría un radio de 10 metros desde el lugar de impacto no dando, por fortuna, a ninguno de los ciudadanos presentes. Una fuerte corriente de viento se levantó en las inmediaciones de forma omnidireccional debido al estallido, meciendo los ropajes de los tres cazadores de manera majestuosa, quedándose grabada en las retinas de muchos de los presentes la imagen de la solemne figura de aquellos tres héroes, contrastando con el rojo de las llamas que asolaban los edificios afectados por la explosión.
Por si fuera poco, la sorpresa de los residentes fue mayor cuando, la mano derecha de Sohem, antes de dirigirse hacia la zona del ataque, se transformó en un lobo blanco como la nieve, pudiendo sentir muchos de ellos en sus pieles la llegada del invierno conforme el animal cuadrúpedo avanzaba a través de ellos. Nada más alcanzar el lugar de los hechos, si las los edificios casi derruidos y pasto de las llamas no eran suficientes, el uso del Kenbunshoku Haki daba fé de que, dónde antes debían estar los asaltantes, no había ni rastro de vida, ni allí ni en las inmediaciones. Habían sido completamente aniquilados en la explosión ocasionada por las ocho balas de cañón.
Por su parte, una vez que entendieron que Foodvalten se iba a convertir en un campo de batalla, todos los ciudadanos buscaron refugiarse en las casas más próximas a la entrada de la Avenida Oeste. Daba igual si fueran su propia vivienda o no pero, en aquel momento, si podían existir alguna disputa entre los foodvaltienses, ahora lo que primaba era un sentimiento de unión ante un enemigo común: Nitobo Ilime. Incluso los que seguían reacios al plan de seguir el mandato de Sohem, si bien aún no confiaban del todo en él, decidieron echarse a un lado y resguardarse en dichas viviendas. Gala, la mujer pelinaranja, envainando su espada y guardando su escudo a sus espaldas, cogió a su fallecido padre a sus brazos y, tras asentirle a Sohem, entre lágrimas silenciosas, se retiró junto con el hombre fortachón de dorados cabellos.
Después de, alrededor un minuto, todos se resguardaron finalmente en los bloques más próximos a la entrada. Lo que podía ser una avenida y calle llena de vida, ahora solamente era parte de una ciudad fantasma, asolada solamente por el sonido del crepitar de las llamas.- Mejoh asín, evitamos muertes innesesarias, pishas. - Y por supuesto, por el sonido de Tomás, quién había decidido hacer caso omiso a las órdenes de Sohem.- ¿Qué? Ya sus dije que iba a muerte con vosotros. - Asintió, mirando tanto a Sohem como a Shoto - pues eran los que más cerca estaban de él - con chulería.- Si la espisho que sea por lushar junto a uhtedeh. Y si vivo, que sea para ver como se va el putero ese al corral de los quietoh. - Se frotaba las manos, mientras comenzaba a caminar por la enorme avenida.- Aún nos queda a los treh un tresho hasta la mansión, no como al otro pisha. - Finalizó, haciendo hincapié en reducir, lo antes posible, los 150 metros que le quedaban hasta llegar aún al final de la Avenida, y terminando por señalar a Viktor quién, estaba aproximadamente, a unos 90 metros de llegar hasta el punto en el que interseccionan ambas avenidas y, tras lo cuál, aún deberían recorrer otros 5 metros más hasta toparse con la valla de barrotes de metal que protegía la mansión y, una vez superado ese obstáculo, debían recorrer otros 5 metros hasta llegar a la fachada del edificio dorado. Por otro lado, si avanzaba 15 metros hacia delante, podía encontrarse un callejón - de unos 20 metros de largo - perpendicular a la Avenida Oeste que conectaba con la Este.
Por su parte, Viktor, quién era el miembro más adelantado en cuanto a posición, extendiendo a máximo alcance su Kenbunshoku, pudo notar, aparte de las vidas que se refugiaban en las distintas viviendas de Foodvalten, muchas otras ubicadas en algún punto del interior de la mansión. Si se paraba pacientemente a contar, sería posible para el cuadrúpedo y peludo animal, identificar a 250 auras rodeando a una última, no destacando ninguna de ellas por ser precisamente fuerte. De hecho, por las palabras mencionadas por en la transmisión del Den Den Mushi Negro, podía llegar a resultar extraño no llegar a identificar ninguna presencia que destacara por encima del resto. Fuera cual fuera la razón, a continuación, sería de vital importancia trazar un buen plan de acción para afrontar aquella situación o, las consecuencias, podían ser fatales pues, aunque ellos aún no lo sabían, la cazadora los tenía ya en su punto de mira.
Sin embargo, aunque ellos no supieran como maniobrar, los que se podían convertir en los salvadores de Foodvalten, después de todas las vivencias que habían experimentado, hacía falta algo más que un grupo de chalados armados para amedrentarlos. Los residentes aún con vida de Ciudad Rupia consiguieron al fin espabilar, ante las palabras de Sohem - habiendo pasado la advertencia del birkaniano completamente desapercibidas - quienes, en esos instantes, pudieron ver como el enmascarado que acababa de dar el discurso, parecía lanzar a discreción una oleada de cañones que terminaron por explotar irremediablemente en la fachada de uno de los edificios sobre los que estaban los “Lobos de Foodvalten”, aún aullando. Estos, que se encontraban sobre los tejados de varios edificios colindantes, ahogaron sus aullidos en gritos llenos de agonía y de dolor, que se extinguieron prontamente junto a las llamas ocasionadas por la explosión que abarcaría un radio de 10 metros desde el lugar de impacto no dando, por fortuna, a ninguno de los ciudadanos presentes. Una fuerte corriente de viento se levantó en las inmediaciones de forma omnidireccional debido al estallido, meciendo los ropajes de los tres cazadores de manera majestuosa, quedándose grabada en las retinas de muchos de los presentes la imagen de la solemne figura de aquellos tres héroes, contrastando con el rojo de las llamas que asolaban los edificios afectados por la explosión.
Por si fuera poco, la sorpresa de los residentes fue mayor cuando, la mano derecha de Sohem, antes de dirigirse hacia la zona del ataque, se transformó en un lobo blanco como la nieve, pudiendo sentir muchos de ellos en sus pieles la llegada del invierno conforme el animal cuadrúpedo avanzaba a través de ellos. Nada más alcanzar el lugar de los hechos, si las los edificios casi derruidos y pasto de las llamas no eran suficientes, el uso del Kenbunshoku Haki daba fé de que, dónde antes debían estar los asaltantes, no había ni rastro de vida, ni allí ni en las inmediaciones. Habían sido completamente aniquilados en la explosión ocasionada por las ocho balas de cañón.
Por su parte, una vez que entendieron que Foodvalten se iba a convertir en un campo de batalla, todos los ciudadanos buscaron refugiarse en las casas más próximas a la entrada de la Avenida Oeste. Daba igual si fueran su propia vivienda o no pero, en aquel momento, si podían existir alguna disputa entre los foodvaltienses, ahora lo que primaba era un sentimiento de unión ante un enemigo común: Nitobo Ilime. Incluso los que seguían reacios al plan de seguir el mandato de Sohem, si bien aún no confiaban del todo en él, decidieron echarse a un lado y resguardarse en dichas viviendas. Gala, la mujer pelinaranja, envainando su espada y guardando su escudo a sus espaldas, cogió a su fallecido padre a sus brazos y, tras asentirle a Sohem, entre lágrimas silenciosas, se retiró junto con el hombre fortachón de dorados cabellos.
Después de, alrededor un minuto, todos se resguardaron finalmente en los bloques más próximos a la entrada. Lo que podía ser una avenida y calle llena de vida, ahora solamente era parte de una ciudad fantasma, asolada solamente por el sonido del crepitar de las llamas.- Mejoh asín, evitamos muertes innesesarias, pishas. - Y por supuesto, por el sonido de Tomás, quién había decidido hacer caso omiso a las órdenes de Sohem.- ¿Qué? Ya sus dije que iba a muerte con vosotros. - Asintió, mirando tanto a Sohem como a Shoto - pues eran los que más cerca estaban de él - con chulería.- Si la espisho que sea por lushar junto a uhtedeh. Y si vivo, que sea para ver como se va el putero ese al corral de los quietoh. - Se frotaba las manos, mientras comenzaba a caminar por la enorme avenida.- Aún nos queda a los treh un tresho hasta la mansión, no como al otro pisha. - Finalizó, haciendo hincapié en reducir, lo antes posible, los 150 metros que le quedaban hasta llegar aún al final de la Avenida, y terminando por señalar a Viktor quién, estaba aproximadamente, a unos 90 metros de llegar hasta el punto en el que interseccionan ambas avenidas y, tras lo cuál, aún deberían recorrer otros 5 metros más hasta toparse con la valla de barrotes de metal que protegía la mansión y, una vez superado ese obstáculo, debían recorrer otros 5 metros hasta llegar a la fachada del edificio dorado. Por otro lado, si avanzaba 15 metros hacia delante, podía encontrarse un callejón - de unos 20 metros de largo - perpendicular a la Avenida Oeste que conectaba con la Este.
Por su parte, Viktor, quién era el miembro más adelantado en cuanto a posición, extendiendo a máximo alcance su Kenbunshoku, pudo notar, aparte de las vidas que se refugiaban en las distintas viviendas de Foodvalten, muchas otras ubicadas en algún punto del interior de la mansión. Si se paraba pacientemente a contar, sería posible para el cuadrúpedo y peludo animal, identificar a 250 auras rodeando a una última, no destacando ninguna de ellas por ser precisamente fuerte. De hecho, por las palabras mencionadas por en la transmisión del Den Den Mushi Negro, podía llegar a resultar extraño no llegar a identificar ninguna presencia que destacara por encima del resto. Fuera cual fuera la razón, a continuación, sería de vital importancia trazar un buen plan de acción para afrontar aquella situación o, las consecuencias, podían ser fatales pues, aunque ellos aún no lo sabían, la cazadora los tenía ya en su punto de mira.
Contenido Oculto
INFO

![[Imagen: 99GTm8K.png]](https://i.imgur.com/99GTm8K.png)
![[Imagen: 4Ao0b19.png]](https://i.imgur.com/4Ao0b19.png)
![[Imagen: dC0conG.png]](https://i.imgur.com/dC0conG.png)
![[Imagen: dUfIdbI.jpeg]](https://i.imgur.com/dUfIdbI.jpeg)