No olvides empacar al Gato! (Presente/Bai)
#2
Es extraño verlo allí, de pie, esbozando una sonrisa mientras sostiene un ramo de rosas que, a su juicio, representan con exactitud el número de sentimientos que él ha quebrantado en ella. Y es que, desde que ha descubieryo que aquel gato es, en realidad, un lunarian, la herida que experimenta deja de ser una punzada efímera para convertirse en una fractura profunda en aquello que cree haber construido junto al animal.

Mas, sin embargo, en su fuero interno, ha intentado explicarse que, al fin y al cabo, lo único que él hace es dejarla en absoluta desventaja, tras haberse apropiado, a su manera, de todo lo que ella ha le confiado.
¡Y jura que se esfuerza por racionalizarlo de esa manera! De hacerlo ver como un gesto banal y de supervivencia.
Pero poco o nada funciona.
Eso es lo que siente y no importa si él lo comprende o no.

Por eso, el daño resulta doble, pues, de algún modo, no solo la posiciona de esa manera sino que, a su vez, ha devastado el vínculo mismo que los une.

Y aquello la expone como a una ingenua, dejándola inerme y vulnerable.

Todos esos pensamientos se aglutinan en su cabeza mientras posa la mirada sobre las rosas.
En su semblante apenas se distingue nada: ni una sonrisa, ni un rictus de amargura.
Le indica con un gesto que pase, y toma entre sus manos el pequeño dibujo de un mapa poco ortodoxo que viene con él. Lo examina con detenimiento y, al ver que se acerca a sus pertenencias, le advierte con un ademán que no las toque. Por ella, bien puede quedarse con las flores o… comerselas. Y así hace: primero se lleva el baúl, luego el cajón y, por último, lo poco que yace en el suelo.

Cumplido el ritual, sube al carruaje y extrae un pequeño libro, más parecido a una bitácora que a una novela. Después, con toda la calma del mundo, se sienta y comienza a leer.

—Eres un imbécil —dice de repente, a medio camino, alzando la vista del libro un instante y dirigiéndose a él—. Sé que no me entiendes y que, posiblemente, seguirás actuando de igual modo; pero quiero que sepas que eres un grandísimo imbécil.

Después, inclina de nuevo la cabeza hacia el libro, como si nada pasara, rehusándose a hablarle y, sobre todo, evitando mirarlo. Al menos todo lo que puede. Porque, al llegar al puerto, la conversación —prácticamente muda— se torna inevitable, sobre todo para señalarse mutuamente hacia dónde deben dirigirse.

Y, en medio de todos esos gestos e intentos fallidos de comunicación, Dong saca algo que la deja helada: una venda. Su rostro se tuerce, preguntándole para qué; su ceño se arruga y, sin acabar de entender la buena voluntad del hombre, que solo pretende ayudarla, decide hacer algo de forma muy impulsiva.

Toma la tela, coloca la mano con la venda a un lado del cuello del hombre, coloca la otra al otro lado del cuello, pasa la venda por detrás y lo empuja contra ella, acercando su rostro al de él.

—No voy a seguirte el juego en tus pequeñas fantasías —le escupe sin tapujos—. No sé quién piensas que soy o si te crees que por haberme visto desnuda...

En ese momento, un barco a lo lejos suena llamando a los pasajeros. Bai suelta al hombre, mira en dirección al sitio y un pequeño escalofrío le recorre la columna.
No ha sido nada; realmente, ni siquiera es un detonante de su trauma, pero, aun así, no sabe por qué lo ha sentido.

—Espero que hayas entendido lo que te acabo de decir —añade mirándolo muy seriamente—. Porque ni en tus mejores sueños te tocaría.

Y, dicho eso, con un aire de dignidad y orgullo, le entrega la venda para poder subir con él al barco.
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RE: No olvides empacar al Gato! (Presente/Bai) - por Bai Mudan - 17-09-2025, 07:54 PM

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