18-09-2025, 05:14 AM
El sol se filtraba entre los árboles, y aquel vapor, con un crepitar suave, invitaban a la calma. Zhang Guolao alzó la taza de té, aspirando el vapor solemnidad. La bebida, sin duda, era espectacular. - Hmmm - musitó, y un resoplido de satisfacción le escapó de su trompa, mientras cerrando su único ojo bueno, inentaba revelar los secretos de sus ingredientes.
En medio de esa meditación, una fragancia dulce y femenina le interrumpió. La mujer se acercó con una gracia que Zhang no podía descifrar. La inesperada rección lo trajo de vuelta a la realidad, a la fiesta que lo rodeaba. Una sonrisa, de oreja a oreja, se dibujó en su rostro. Zhang se inclinó, sin soltar la taza. - No te comprendo - dijo con la amabilidad que le caracterizaba, moviendo sus brazos torpemente.
Señaló su oreja, intentando comunicarse con la mujer. Ella, sin entender su gesto, se alejó hacia la mesa en busca de un platillo. Zhang se encogió de hombros, resignado, y la observó con la curiosidad. El ambiente cambió una vez más con la presencia de la mujer lobo. Un vago recuerdo de Sorbet le invadió la mente. - Señorita - dijo con formalidad, alzando una de sus manos. Después, regresó a su té, dando un pequeño sorbo mientras agudizaba sus sentidos para escuchar las conversaciones.
De pronto, una risa extraña, casi un chillido, lo hizo girar la cabeza de inmediato. ¡XieXie!. El pequeño gato negro lanzaba insultos al aire. - ¡Ahhhh! ¡Un gato que habla! - musitó el burro, sorprendido por aquel animal parlanchín. El felino le respondió con una severidad que no correspondía a su tamaño: - Gato sin vergüenza, con esa boca dices miau.-
Zhang agudizó sus orejas mientras Cao terminaba su discurso. - Hmmm-, resonó desde sus fosas nasales, y su pierna golpeó el suelo por instinto, como siempre. La propuesta de Cao, una alianza por la libertad, le recordó las enseñanzas de su maestro: "No hay avance verdadero sin retroceso consciente". No se trataba solo de avanzar, sino de entender el camino que se recorre. Zhang se alegró.
Observó al Gyojin de la cáscara de huevo. A pesar de sus nervios, hablaba con la verdad, haciendo preguntas fundamentales: "¿Qué os mueve? ¿Qué buscáis? ¿Quiénes sois?". Zhang asintió levemente, porque aquellas preguntas eran la raíz de cualquier vínculo genuino.
Zhang era un ermitaño que se movía por los azares de la vida, y su corazón honesto le obligaba a hablar con la verdad. Aunque la libertad era un camino individual, la compañía, sin duda, era lo que generaba las historias que recorrerían los mares.
Zhang Guolao levantó la cabeza y, con su voz tranquila y pausada, habló con la experiencia de los años. - Hmmm… Las palabras del joven son sabias -dijo con calma. - El camino de la libertad es largo, y cada uno lo transita con su propia carga de silencios y verdades.-
Su mirada se dirigió a Cao, con un asentimiento respetuoso. - La unión que propones, joven Cao, es como un río que busca su cauce. Pero para que fluya con fuerza, el agua debe recordar su origen. Yo, Zhang Zhang Guolao, busco siempre el equilibrio, no solo del cuerpo, sino del alma. Si esta alianza es un espacio donde los errores pueden cometerse, donde cada voz, aunque tímida, sea escuchada, entonces mi corazón de ermitaño podría encontrar un nuevo rumbo.-
Mientras Zhang hablaba, Silencio, el mono, dio un salto sobre su hombro y, después de una rápida merienda, se acurrucó en su manto helado. Zhang lo acarició suavemente. - Para mi pequeño amigo - dijo con ternura, - la libertad es poder jugar sin miedo, del mal de los hombres.- Luego, guardó silencio, esperando la respuesta de los demás.
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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