Acomodo mi ropa sacando los restos de arena y reviso mi cabello con cuidado de no tener cabellos blancos visibles. Tengo que dar mi mejor impresión delante de ella y me doy una acomodada final. Ya que no quieres la reverencia.
Su manera de recibirme me hizo sentir un hombre lleno de fortuna. Me sacudí la arena tras esas palabras y le miré con suma atención. No escuchaba palabras así desde que había estado en esa aura de comodidad hace mucho tiempo. —Vale, siempre estoy encantado de una buena compañía en la playa. — La compañía pasó de ser un lujo a ser algo que me tendría que ganar. Lo pensé por un pequeño instante y le miré la mano extendida para coger el mango de la hoja que había escapado.
No soy muy dado a la cocina, no puedo ocultar eso, pero, no creo que esté en posición de desaprovechar una oportunidad como esta. Entonces agarré uno de los pescados que es necesario descamar. Con agarrarlos ya entiendo lo que tengo que remover. Esa sensación es escamosa. Aunque conmigo no cargo ni un cuchillo ni nada. Francamente no tengo ni donde caerme muerto.
No es como que sea un genio, pero lo más justo es ayudarla con esto si me está ofreciendo un beneficio. Entonces me puse manos a la obra buscando una roca y caminando hasta la orilla para lavar la arena y usarla de tabla para tener allí los pescados. Entonces la oí. Solo sonreí, yo no tenía la respuesta para ello ya que mis momentos de libertad no son tantos como se esperaría. Hice lo mismo con los pescados y los puse arriba de la piedra y uno por uno los fui sacando las escamas.
Me senté junto a ella en la arena y mis alas buscaron una postura natural cómoda, me cubrían un poco de la brisa marina que ya para esta hora comienza a estar fría. —Bueno, preste ese cuchillo… Madam. — Usando el filo en el sentido contrario a como van las agujas. Básicamente de la cola a la cabeza fuí removiendo las escamas. No soy experto y no tengo soltura en esta actividad, pero era lo único que se me ocurría para hacer esto. Era como la manera básica. Las escamas saltan y van saliendo una tras otra. No tengo una técnica pulida para hacer esto y al principio lo hago con notorio temor de mi propia fuerza de no deformar el pescado.
—Curioso, aun no huele como el pescado suele hacerlo.— Ya se que es algo redundante, porque están frescos, pero son pequeños detalles que se te escapan. Conforme quité la primera mitad de uno de los pescados, al darle la vuelta me costó un poco menos. Soy lento y es que voy paso a paso para asegurarme de quitar todas las escamas de los pescados. Tenganme paciencia, no soy demasiado experto en estas cualidades que me piden destreza en las habilidades culinarias.
Te veo y mi ala también te cubre ligeramente de la brisa marina. —¿Eres toda una experta viajando? Estoy seguro de que no te había visto antes.— Ya quisiera yo tener ese tipo de habilidades que me darían la independencia para no tener que amarrarme a ningún lugar. —Ha de ser genial viajar por tu cuenta, te debe dar un visión de la libertad unica.— Cambio de pescado y sigo descansando.
Con el sol ya en su punto más bajo y el cielo con esos tonos naranjas que cambian a ese oscuro. Recordé aquella canción que escuché en uno de los muchos bares para los que servía y me pareció correcto y ameno, mientras iba tarareando antes comenzar a recitar buscando llegar a un tono que no era para mi. Eso ayudaría a que no me diera asco el pelar los pescados
Todo parece que será fácil pero en la última estrofa me detengo pues el pescado se descama mal y parecía que se iba a desarmar. —Ah, no ha quedado tan bueno.— Lo extiendo, no es como que espere un visto bueno, pero podemos ir preparando que comeremos o si haremos algo más.
Su manera de recibirme me hizo sentir un hombre lleno de fortuna. Me sacudí la arena tras esas palabras y le miré con suma atención. No escuchaba palabras así desde que había estado en esa aura de comodidad hace mucho tiempo. —Vale, siempre estoy encantado de una buena compañía en la playa. — La compañía pasó de ser un lujo a ser algo que me tendría que ganar. Lo pensé por un pequeño instante y le miré la mano extendida para coger el mango de la hoja que había escapado.
No soy muy dado a la cocina, no puedo ocultar eso, pero, no creo que esté en posición de desaprovechar una oportunidad como esta. Entonces agarré uno de los pescados que es necesario descamar. Con agarrarlos ya entiendo lo que tengo que remover. Esa sensación es escamosa. Aunque conmigo no cargo ni un cuchillo ni nada. Francamente no tengo ni donde caerme muerto.
No es como que sea un genio, pero lo más justo es ayudarla con esto si me está ofreciendo un beneficio. Entonces me puse manos a la obra buscando una roca y caminando hasta la orilla para lavar la arena y usarla de tabla para tener allí los pescados. Entonces la oí. Solo sonreí, yo no tenía la respuesta para ello ya que mis momentos de libertad no son tantos como se esperaría. Hice lo mismo con los pescados y los puse arriba de la piedra y uno por uno los fui sacando las escamas.
Me senté junto a ella en la arena y mis alas buscaron una postura natural cómoda, me cubrían un poco de la brisa marina que ya para esta hora comienza a estar fría. —Bueno, preste ese cuchillo… Madam. — Usando el filo en el sentido contrario a como van las agujas. Básicamente de la cola a la cabeza fuí removiendo las escamas. No soy experto y no tengo soltura en esta actividad, pero era lo único que se me ocurría para hacer esto. Era como la manera básica. Las escamas saltan y van saliendo una tras otra. No tengo una técnica pulida para hacer esto y al principio lo hago con notorio temor de mi propia fuerza de no deformar el pescado.
—Curioso, aun no huele como el pescado suele hacerlo.— Ya se que es algo redundante, porque están frescos, pero son pequeños detalles que se te escapan. Conforme quité la primera mitad de uno de los pescados, al darle la vuelta me costó un poco menos. Soy lento y es que voy paso a paso para asegurarme de quitar todas las escamas de los pescados. Tenganme paciencia, no soy demasiado experto en estas cualidades que me piden destreza en las habilidades culinarias.
Te veo y mi ala también te cubre ligeramente de la brisa marina. —¿Eres toda una experta viajando? Estoy seguro de que no te había visto antes.— Ya quisiera yo tener ese tipo de habilidades que me darían la independencia para no tener que amarrarme a ningún lugar. —Ha de ser genial viajar por tu cuenta, te debe dar un visión de la libertad unica.— Cambio de pescado y sigo descansando.
Con el sol ya en su punto más bajo y el cielo con esos tonos naranjas que cambian a ese oscuro. Recordé aquella canción que escuché en uno de los muchos bares para los que servía y me pareció correcto y ameno, mientras iba tarareando antes comenzar a recitar buscando llegar a un tono que no era para mi. Eso ayudaría a que no me diera asco el pelar los pescados
Todo parece que será fácil pero en la última estrofa me detengo pues el pescado se descama mal y parecía que se iba a desarmar. —Ah, no ha quedado tan bueno.— Lo extiendo, no es como que espere un visto bueno, pero podemos ir preparando que comeremos o si haremos algo más.
