19-09-2025, 05:31 PM
La sangre del cabecilla del grupo bañó tu torso, brazos y piernas en cuanto retiraste tus valiosas, afiladas y letales armas, Mika y Gege, del pecho y brazo de aquel enorme bandido, ahora tendido de rodillas en el duro y oscuro suelo mientras la roja y brillante sangre le salía a borbotones de sus recientes heridas.
Los 10 hombres que había traído consigo no sabían cómo reaccionar. Tenían las katanas desenfundadas pero el miedo se había apoderado de ellos al ver cómo aquella gigantesca y salvaje bestia había acabado con el jefe al que tanto temían de un sólo golpe.
Mientras avanzabas un paso hacía ellos pudiste ver como 5 de ellos se quedaban paralizados del miedo y con un temblor generalizado presas del pánico, como 3 habían soltado sus katanas y habían caído de rodillas preparados para suplicar por su vida esperando que aquella indomable bestia fuese clemente y, por último, como los 2 restantes habían salido corriendo hacía el centro de aquella isla en dirección a la ciudad, gritando despavoridos tras soltar sus armas.
- Ca... cought -La grave voz del cabecilla se cortó por una intensa tos en la que el suelo se llenó aún más de su sangre. - Cabronazo... Mi hermano... Te... Te matará. -Dijo, reprimiendo el intenso dolor que le impedía incorporarse, levantando el rostro y mostrándote una sonrisa ensangrentada en la que demostraba que, pese a la situación en la que se encontraba, seguía sin tenerte miedo. - ¡Estás muerto y no lo sabes!... Ggyarcoughthcought -La risa de aquel gigantesco hombre se cortó mientras le daba un nuevo ataque de tos en el que volvió a bañar con su sangre todo el suelo que estaba cerca.
El jefe de los bandidos, pese a estar todavía consciente, estaba completamente derrotado. Su hacha se encontraba a 3 metros de distancia y sus hombres, fieles debido al temor que le tenían, le habían dado la espalda y no iban a luchar contra ti.
Si querías obtener respuestas del jefe sobre lo que sucedía en aquella isla esa era tú oportunidad, pero tendrías que darte prisa pues las heridas que le habías provocado no tardarían en dejarle inconsciente si no recibía tratamiento de forma urgente.
Por otro lado, tenías para interrogar a sus 8 subordinados a escasos metros y a los otros 2 que se estaban alejando cada vez más mientras se perdían en el humo, aunque con tu velocidad, olfato y vista no te debería costar alcanzarlos.
Los 10 hombres que había traído consigo no sabían cómo reaccionar. Tenían las katanas desenfundadas pero el miedo se había apoderado de ellos al ver cómo aquella gigantesca y salvaje bestia había acabado con el jefe al que tanto temían de un sólo golpe.
Mientras avanzabas un paso hacía ellos pudiste ver como 5 de ellos se quedaban paralizados del miedo y con un temblor generalizado presas del pánico, como 3 habían soltado sus katanas y habían caído de rodillas preparados para suplicar por su vida esperando que aquella indomable bestia fuese clemente y, por último, como los 2 restantes habían salido corriendo hacía el centro de aquella isla en dirección a la ciudad, gritando despavoridos tras soltar sus armas.
- Ca... cought -La grave voz del cabecilla se cortó por una intensa tos en la que el suelo se llenó aún más de su sangre. - Cabronazo... Mi hermano... Te... Te matará. -Dijo, reprimiendo el intenso dolor que le impedía incorporarse, levantando el rostro y mostrándote una sonrisa ensangrentada en la que demostraba que, pese a la situación en la que se encontraba, seguía sin tenerte miedo. - ¡Estás muerto y no lo sabes!... Ggyarcoughthcought -La risa de aquel gigantesco hombre se cortó mientras le daba un nuevo ataque de tos en el que volvió a bañar con su sangre todo el suelo que estaba cerca.
El jefe de los bandidos, pese a estar todavía consciente, estaba completamente derrotado. Su hacha se encontraba a 3 metros de distancia y sus hombres, fieles debido al temor que le tenían, le habían dado la espalda y no iban a luchar contra ti.
Si querías obtener respuestas del jefe sobre lo que sucedía en aquella isla esa era tú oportunidad, pero tendrías que darte prisa pues las heridas que le habías provocado no tardarían en dejarle inconsciente si no recibía tratamiento de forma urgente.
Por otro lado, tenías para interrogar a sus 8 subordinados a escasos metros y a los otros 2 que se estaban alejando cada vez más mientras se perdían en el humo, aunque con tu velocidad, olfato y vista no te debería costar alcanzarlos.
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