19-09-2025, 10:26 PM
Emprendimos la marcha sin mayor dilación luego de recoger el campamento, en todo momento mantuve el haki de observación activo a 130 metros para que durante el trayecto no nos tomara desprevenidos algún animal desconocido. El día era una calca del anterior, soleado, caluroso y sumamente húmedo, haciéndome sudar nuevamente incluso antes de iniciar la marcha hacia nuestro siguiente destino, el lago cuyas aguas habían enfermado originalmente a Karl. Mi petición al líder de la división, Joe Joestar, de que nos preparase algo para desayunar fracaso estrepitosamente dada la notoria ausencia de ingredientes alrededor de la base del volcán. Este condenado calor en otros ecosistemas daría mucha más vida y aumentaría la proliferación de plantas y distintas especies para poder preparar algo, fuera de la evidente lógica razón de que estar al pie de un volcán no ayudara al crecimiento de absolutamente nada, estaba claro que había algo más raro en esta isla, algo que – según el todo poderoso líder – podría estar relacionado con las piedras que estábamos buscando y de las cuales ya habíamos conseguido dos, al igual que el faro que visitamos el día anterior. Fuera como fuese, nos saltamos el desayuno y emprendimos una marcha que duro hora y media hasta llegar al lago.
Durante todo el trayecto estuve atento a Karl quien, para nuestra buena fortuna, empezaba a dar señales de por fin salir de aquella infección que había cogido por ingerir el agua del lago al cual nos acercábamos, aunque se quejaba, y con mucha razón, del sabor de aquella medicina – “Igual a mí me parece raro tener que curarte he de decir, por lo visto tus poderes no son antibacteriales. Pero sobre el sabor, poco puedo hacer en esta isla sin civilización” – le dije a modo de excusa respondiendo a su queja. Tras llegar al lago su mejoría era notable y pude centrar mi atención en lo que nos había traído a este lugar, buscar otra de las piedras misteriosas de la isla. Por lo visto, Joe creía que en el fondo del lago había una de ellas y era lógicamente el indicado (y probablemente el único) para obtenerla.
A nuestra llegada a la base del lago, una fauna diversa nos dio una bienvenida un tanto… curiosa, por llamarlo de alguna forma. Miles de aves que volaban en perfecta formación coordinada eclipsaron al sol por un instante generando una sombra pasajera la cual agradecí por breve que fuera, para luego bendecir al vicealmirante barbudo con la mayor de las fortunas – “Gowowo, tienes suerte, Joe” – le dije entre risas cuando vi la mancha blanca en su cabeza – “Dicen que cuando un pájaro te caga encima es señal de buena fortuna. Es tan raro que te pase justo a ti, ¿sabes? De todos los lugares donde podía caer, te eligió a ti. Eso tiene que significar algo bueno.” – le di una palmada en el hombro y me dispuse a acercarme al lago, sin embargo, al acercarnos a 30 metros de la orilla de este pude ver como unos seres irreconocibles (al menos para mi) de escamas plateadas y azules se formaban en semicírculo en la orilla con una actitud amenazadora la cual mi haki de observación me confirmaba al igual que los graznidos de las mismas bestias – “Pero ¿qué les pasa a estos bichos? Apenas y nos hemos acercado al lago y ya están a la defensiva, si no hemos hecho nada.” – exclame en voz alta algo perplejo ante la bienvenida sin igual que nos daban aquellos raros seres mientras sentía como la capa que llevaba a mis espaldas era movida como una bandera izada contra el viento – “No me parece adecuado increpar a los oriundos de este manantial” – dije, pensando que estaría traicionando mis principios al actuar de la misma forma que los humanos lo habían hecho múltiples veces en mi hogar natal. Seguidamente, Apolo extendió hacia mí la piedra que habíamos conseguido juntos – “Gracias Apolo, la llevare con cuidado, a ver si su luz me guía al fondo del lago y rodeare el lago para entrar al otro lado mientras ustedes mantienen la atención de quienes lo protegen” – y, tras tomar la piedra luna la cual Apolo me ofrece de buen agrado y guardarla en un espacio que se formaba entre la base del guante que llevaba en mi mano derecha y mi antebrazo (reajustándolo en el proceso para que se mantuviera firme tomando en cuenta el pequeño bulto que ahora se incorporaba además de mi antebrazo), regrese sobre mis pasos la vez que Karl emprendía el vuelo y empecé a rodear el lago manteniéndome a 100 metros de distancia de la orilla del mismo en todo momento con el haki de observación aun activo a 130 metros a mi alrededor.
Luego de un tiempo, perdí de vista al escuadrón y a los seres que protegían su hogar de forma honorable y, pasado otro momento más, quizás unos 30 minutos o así, les pude ver a lo lejos como figuras diminutas, del otro lado del lago que ahora había rodeado por completo llegando a la orilla este del mismo. Aquel cuerpo de agua era inmenso, casi tan ancho como el mismo volcán de la propia isla, y seguramente alojara mas vida en su interior por lo que tendría que ir con cuidado para evitar meterme en un enrolló del cual ninguno de mis compañeros me podría sacar, por lo que, luego de ajustar bien mis provisiones, sacar la piedra lunar de su refugio para mantenerla ahora en mi puño izquierdo firmemente cerrado, y asegurar que mis guantes estuvieran firmes me acerque con cuidado a la orilla del lago y comencé a adentrarme lentamente, pendiente de cualquier ser que pudiera captar con mi haki de observación dentro del radio de 130 metros que mantenía expandido. Nade suavemente rumbo al centro del lago, procurando no ingerir nada de aquella agua que había enfermado a Karl, permitiendo que mis agallas procesaran el oxígeno del agua lo cual me permitía “respirar” sin problemas a diferencia del resto de mi equipo. Al acercarme al centro, pude distinguir (gracias a la tenue luz que generaba la piedra luna la cual seguía firmemente agarrada en mi mano izquierda) una corriente que se formaba cerca del mismo la cual era inusual en un cuerpo de agua que debería mantenerse estático, inerte, al no estar conectado con el mar.
Seguí dicha corriente hasta el fondo del lago con la esperanza de que me guiara hacia la tercera de las piedras que estábamos buscando.
Durante todo el trayecto estuve atento a Karl quien, para nuestra buena fortuna, empezaba a dar señales de por fin salir de aquella infección que había cogido por ingerir el agua del lago al cual nos acercábamos, aunque se quejaba, y con mucha razón, del sabor de aquella medicina – “Igual a mí me parece raro tener que curarte he de decir, por lo visto tus poderes no son antibacteriales. Pero sobre el sabor, poco puedo hacer en esta isla sin civilización” – le dije a modo de excusa respondiendo a su queja. Tras llegar al lago su mejoría era notable y pude centrar mi atención en lo que nos había traído a este lugar, buscar otra de las piedras misteriosas de la isla. Por lo visto, Joe creía que en el fondo del lago había una de ellas y era lógicamente el indicado (y probablemente el único) para obtenerla.
A nuestra llegada a la base del lago, una fauna diversa nos dio una bienvenida un tanto… curiosa, por llamarlo de alguna forma. Miles de aves que volaban en perfecta formación coordinada eclipsaron al sol por un instante generando una sombra pasajera la cual agradecí por breve que fuera, para luego bendecir al vicealmirante barbudo con la mayor de las fortunas – “Gowowo, tienes suerte, Joe” – le dije entre risas cuando vi la mancha blanca en su cabeza – “Dicen que cuando un pájaro te caga encima es señal de buena fortuna. Es tan raro que te pase justo a ti, ¿sabes? De todos los lugares donde podía caer, te eligió a ti. Eso tiene que significar algo bueno.” – le di una palmada en el hombro y me dispuse a acercarme al lago, sin embargo, al acercarnos a 30 metros de la orilla de este pude ver como unos seres irreconocibles (al menos para mi) de escamas plateadas y azules se formaban en semicírculo en la orilla con una actitud amenazadora la cual mi haki de observación me confirmaba al igual que los graznidos de las mismas bestias – “Pero ¿qué les pasa a estos bichos? Apenas y nos hemos acercado al lago y ya están a la defensiva, si no hemos hecho nada.” – exclame en voz alta algo perplejo ante la bienvenida sin igual que nos daban aquellos raros seres mientras sentía como la capa que llevaba a mis espaldas era movida como una bandera izada contra el viento – “No me parece adecuado increpar a los oriundos de este manantial” – dije, pensando que estaría traicionando mis principios al actuar de la misma forma que los humanos lo habían hecho múltiples veces en mi hogar natal. Seguidamente, Apolo extendió hacia mí la piedra que habíamos conseguido juntos – “Gracias Apolo, la llevare con cuidado, a ver si su luz me guía al fondo del lago y rodeare el lago para entrar al otro lado mientras ustedes mantienen la atención de quienes lo protegen” – y, tras tomar la piedra luna la cual Apolo me ofrece de buen agrado y guardarla en un espacio que se formaba entre la base del guante que llevaba en mi mano derecha y mi antebrazo (reajustándolo en el proceso para que se mantuviera firme tomando en cuenta el pequeño bulto que ahora se incorporaba además de mi antebrazo), regrese sobre mis pasos la vez que Karl emprendía el vuelo y empecé a rodear el lago manteniéndome a 100 metros de distancia de la orilla del mismo en todo momento con el haki de observación aun activo a 130 metros a mi alrededor.
Luego de un tiempo, perdí de vista al escuadrón y a los seres que protegían su hogar de forma honorable y, pasado otro momento más, quizás unos 30 minutos o así, les pude ver a lo lejos como figuras diminutas, del otro lado del lago que ahora había rodeado por completo llegando a la orilla este del mismo. Aquel cuerpo de agua era inmenso, casi tan ancho como el mismo volcán de la propia isla, y seguramente alojara mas vida en su interior por lo que tendría que ir con cuidado para evitar meterme en un enrolló del cual ninguno de mis compañeros me podría sacar, por lo que, luego de ajustar bien mis provisiones, sacar la piedra lunar de su refugio para mantenerla ahora en mi puño izquierdo firmemente cerrado, y asegurar que mis guantes estuvieran firmes me acerque con cuidado a la orilla del lago y comencé a adentrarme lentamente, pendiente de cualquier ser que pudiera captar con mi haki de observación dentro del radio de 130 metros que mantenía expandido. Nade suavemente rumbo al centro del lago, procurando no ingerir nada de aquella agua que había enfermado a Karl, permitiendo que mis agallas procesaran el oxígeno del agua lo cual me permitía “respirar” sin problemas a diferencia del resto de mi equipo. Al acercarme al centro, pude distinguir (gracias a la tenue luz que generaba la piedra luna la cual seguía firmemente agarrada en mi mano izquierda) una corriente que se formaba cerca del mismo la cual era inusual en un cuerpo de agua que debería mantenerse estático, inerte, al no estar conectado con el mar.
Seguí dicha corriente hasta el fondo del lago con la esperanza de que me guiara hacia la tercera de las piedras que estábamos buscando.
Resumen
Belico
Gastos
Atributos
Inventario

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