Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18]
#16
Cada gemido ajeno era la dulce melodía de un flagelo que complacía sus oídos y, por el contrario, contener sus propios jadeos le resultaba una tortura agobiante, una a la que no pudo someterse más por más fuerte que intentara parecer. Cerró sus ojos, abrió su boca y sonidos graves salieron de esta, gemidos que entrecortaron la oración que intentaba formular.
 
—N...no, la pregunta...no e...es hasta dón...de soy capaz de...de...ah...llegar yo, si no hasta dónde es usted capaz de lle...gar —. Una sonrisa maliciosa se extendió en su cara, después de todo, los retos le resultaban divertidos y podía tomarse las palabras ajenas como si fuera uno.
 
El mordisco en su cuello lo hizo estremecer, olvidarse por un momento que se supone que sería él quien marcara el ritmo. Estaban también las palabras y expresiones ajenas, una mezcla perfecta que funcionaba como combustible para hacerlo arder de deseo.
 
¿Cómo era posible que un hombre que se veía tan inalcanzable y serio estuviera regalándole esas expresiones?, ¿Cómo era posible que si quiera hubiera puesto resistencia cuando lo volteó para dejarlo en cuatro sobre el suelo?, ¿Cuál era la trampa? Tal vez solo fantaseaba, pero le parecía como si el pelinegro estuviera disfrutando más ese trato de degradación que el trato anterior… ¿Sería tan malo seguir tocando los botones? Sí, ahora tenía más curiosidad… ¿Qué tanto podría presionar?
 
—¿Lo sé? ¿En verdad crees que sé como lo prefiere? Nos acabamos de conocer —. Solo se hacía el estúpido mientras seguía con el vaivén de sus caderas, restregando su miembro en las nalgas ajenas cada vez con menos pudor. —¿Cómo podría saber algo? —Insistió en medio del movimiento y, de paso, aprovechando de llevar una de sus manos al cuello del otro hombre, apretando apenas la zona, sin privarlo del aire, pero solo para hacerle saber que podría hacerlo en cualquier momento, pero entonces…
 
Sintió el cuerpo ajeno temblar, la respiración acelerarse y los sonidos que delataban lo obvio…No, no solo los sonidos. Bastó con bajar su mirada para notar el desastre en la alfombra, el líquido blanco ensuciando el piso. Eso fue suficiente para que soltara una risa burlesca, mientras la mano que apretaba antes el cuello descendió para tocar el miembro del pelinegro, notando que, aunque estaba más flácido, tampoco es como si la excitación se hubiera ido del todo.
 
Acarició la entrepierna del pelinegro, luego lo apretó con más fuerza y pasó su mano sobre el semen, antes de alejarla para observar como sus dedos ahora estaban perlados por aquel líquido. Volvió a sonreír.
 
—Así que este fue su límite, se rompió muy fácil… ¿Tanto le gusta ser humillado de esta forma? —. Pasó su mano sobre el pantalón del contrario para poder limpiarse y tomó el condón que este le pasaba, uno que tal vez estaba arruinado por la manera en que el otro lo agarró, ya se daría cuenta cuando lo abriera. —¡Ah! No debería sostenerlo con tanta fuerza, si lo daña y no tenemos más…las cosas llegarían hasta aquí y…a diferencia de usted, yo no estoy satisfecho aún —. Examinó el pequeño empaque, aún parecía en buen estado, para su suerte, así que suspiró con alivio antes de mirar de nuevo hacia abajo.
 
—Apoye bien sus manos en el suelo…voy a soltarlo —. Valía la pena advertir, tampoco era un bruto; sin embargo, tampoco sería tan gentil ahora que había descubierto la aparente debilidad de Jin, así que apenas un segundo luego de haberle avisado lo que haría, soltó el brazo que sostenía al pelinegro y enfocó sus manos en abrir el paquete con el condón y colocárselo sin más demora. —Jmmm…parece que estamos de suerte, si me sirve…
 
Apenas terminó de hablar volvió a usar sus manos para someter al pelinegro. Jaló su cabello con fuerza para atraerlo hacia él y prácticamente sentarlo sobre su regazo. Su otra mano, en cambio, volvió al cuello ajeno, esta vez lo apretó con más fuerza, la suficiente para cortar parte del aire que buscara pasar por su faringe. Luego inclinó su cabeza para rozar el blanco cuello de Jin y, esta vez, sin aviso, dio un mordisco que dejaría marcados sus dientes en la piel.
 
Se separó cuando sintió su propia erección palpitar con ansia. —Si te tomo ahora mismo ¿Te correrías de nuevo con las mismas ansias que antes? —No iba a mentirse, tampoco podía aguantar mucho más, además, creía que la preparación anterior debía haber sido suficiente para el otro hombre, no sería necesario demorar más lo que ambos buscaban, aunque, solo por si acaso, la mano que sostenía el cabello negro de su amante improvisado bajó hasta su entrada y dos de sus dedos se entrometieron sin aviso alguno. Pasó unos cuantos segundos estimulando la zona hasta que el mismo jadeó por su propia lentitud.
 
No dijo nada. No hacía falta. Sacó sus dedos, dejó de sostener a Jin del cuello y ahora posó ambas manos sobre la cintura del otro hombre antes de alzarlo un poco y posicionar su propio miembro en la entrada. No fue el más delicado, ni se molestó en entrar muy despacio y, aunque no metió todo de una vez, buena parte de su intimidad quedó atrapada entre los músculos ajenos.
 
Gimió al sentir la estrechez contraria. ¿Hace cuánto no estaba así con alguien? No podía pensar en eso ahora, solo podía disfrutar el presente. Jadeó al moverse, acostumbrándose al espacio cálido que lo recibía, mientras que sus manos se aferraron más a la cintura ajena, apretando con fuerza para que sus uñas se enterraran en la piel y, de paso, para hacer que el cuerpo del otro hombre bajara hasta chocar con su pelvis.
 
—Mierda…Jin…—Una de sus manos se aferró con fuerza a la cintura ajena para que no se alejara demasiado mientras empezaba a marcar un ritmo que cada vez resultaba más brusco, algo que aprovechó para subir su otra mano y volver a ahorcar a su amante, ya no con la delicadeza de antes, si no con la misma intensidad que daba cada estocada, por supuesto, no lo dejaría caer en la inconsciencia, sabía muy bien el límite del cuerpo humano como para cometer un error así, por lo que solo volvió a sonreír satisfecho por este dichoso encuentro. —¿Sabes? Podría acostumbrarme a hacer esto más seguido…
 
Sus palabras salieron entre cortadas antes de salir del todo y volver a entrar, para luego repetir esa salía y mover el cuerpo ajeno a la misma posición que adoptó antes: en cuatro. Su mano dejó de apretar el cuello para ir a la cabeza y sostenerla sin gentileza contra el suelo, para luego volver a entrar en el pelinegro sin mucho cuidado.
 
Como dijo antes, podría acostumbrarse a hacer esto con él.


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RE: Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18] - por Hyákinthos - 20-09-2025, 07:13 AM

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