21-09-2025, 02:57 AM
Krysser lo entendió al instante. Aquel sujeto llamado Axel no iba a decir nada coherente, fuera fruto del mal estado en el que lo dejó o de su convicción y lealtad. Lo que era evidente era que la locura del tipo, mezclada con la sangre y la tos, había cerrado cualquier vía de información útil. No había respeto por la vida en ese hombre, sólo ruido y vomitivo desprecio, perder tiempo intentándolo era un lujo que no se podían permitir. Con un gruñido corto, el tigre apartó la vista del jefe moribundo.
-No importa. -Aunque sí importaba, había mejores métodos de obtener información que tratar de arrancarlo de la lengua de alguien al borde de la inconsciencia. Entre ellos, los hombres que quedaban allí, o aquellos que habían tratado de escapar.
Por la línea de humo que levantaba con sus torpes pasos rápidamente distinguió al primero de los que habían huido, apenas había avanzando un par de metros cuando Krysser estiró las patas y se lanzó en su persecución. No necesitó correr como un poseso, solo un par de sus enormes y potentes zancadas. En dos saltos ya estaba sobre el hombre, lo tomó por la nuca con una mano enorme y, con la otra, le dio un golpe seco y calculado en el cuello. El atacante cayó como un saco, inconsciente antes de tocar siquiera el suelo. El impacto fue limpio, sin espectáculo innecesario, como todos los que lanzava el tigre. Krysser lo dejó allí, controlando su respiración, mientras comprobaba con un gesto que no mostrara signos de vida reales más allá de la inconsciencia momentánea.
El segundo fugitivo, al ver caer a su compañero caer frente a sus ojos, intentó acelerar la huida, pero no llegó ni a dar tres pasos. Krysser se plantó ante él sin levantar la mano. Sin esfuerzo aparente, con la sola sombra que proyectaba y la intención en su mirada, hizo que el hombre chocara contra su propio terror. El reo se detuvo, temblando, con los ojos abiertos como platos. Krysser se inclinó un poco y, con voz baja y peligrosa, le dejó claro que cualquier intento de continuar sería su última decisión. No necesitó soltar un golpe, la amenaza del mismo era igual de efectiva seguramente. Con movimientos medidos, ató las manos del hombre con una cuerda que encontró entre los enseres del campamento y lo dejó sentado, exhausto y dominado. Tomándolo sin esfuerzo, junto al hombre inconsciente del suelo, regresó con el grupo inmóvil que le esperaba aterrado por completo.
Alzando la vista hacia el campamento y luego hacia la ciudad humeante a lo lejos, Krysser dejó escapar un suspiro que sonó más a promesa que a cansancio. Había neutralizado la fuga y reducido la banda, pero la raíz del mal seguía ahí, en alguna sombra más allá. Guardó silencio por un momento, escuchando el leve aullido del viento entre las rocas, y se preparó a hurgar entre las pertenencias de los capturados en busca de algo que señalase al verdadero responsable, mientras dejaba en el aire la pregunta para agilizar el proceso.
-¿Quién va a contarme qué está pasando aquí? -Fue claro, no preguntó quién quería hacerlo, sino quién lo haría, dándolo tan por supuesto que dejaba manifiesta la amenaza velada de sus palabras para todos. No responder no era una opción, o al menos, no lo era si no querían sufrir. Krysser no era un torturador, pero era lo suficientemente amenazante para parecerlo. Además, solo quería la información que la calaña como ellos manejaría, de bajo nivel y escasa importancia, pero suficiente para lanzarse a territorio desconocido con un mínimo de información.
-No importa. -Aunque sí importaba, había mejores métodos de obtener información que tratar de arrancarlo de la lengua de alguien al borde de la inconsciencia. Entre ellos, los hombres que quedaban allí, o aquellos que habían tratado de escapar.
Por la línea de humo que levantaba con sus torpes pasos rápidamente distinguió al primero de los que habían huido, apenas había avanzando un par de metros cuando Krysser estiró las patas y se lanzó en su persecución. No necesitó correr como un poseso, solo un par de sus enormes y potentes zancadas. En dos saltos ya estaba sobre el hombre, lo tomó por la nuca con una mano enorme y, con la otra, le dio un golpe seco y calculado en el cuello. El atacante cayó como un saco, inconsciente antes de tocar siquiera el suelo. El impacto fue limpio, sin espectáculo innecesario, como todos los que lanzava el tigre. Krysser lo dejó allí, controlando su respiración, mientras comprobaba con un gesto que no mostrara signos de vida reales más allá de la inconsciencia momentánea.
El segundo fugitivo, al ver caer a su compañero caer frente a sus ojos, intentó acelerar la huida, pero no llegó ni a dar tres pasos. Krysser se plantó ante él sin levantar la mano. Sin esfuerzo aparente, con la sola sombra que proyectaba y la intención en su mirada, hizo que el hombre chocara contra su propio terror. El reo se detuvo, temblando, con los ojos abiertos como platos. Krysser se inclinó un poco y, con voz baja y peligrosa, le dejó claro que cualquier intento de continuar sería su última decisión. No necesitó soltar un golpe, la amenaza del mismo era igual de efectiva seguramente. Con movimientos medidos, ató las manos del hombre con una cuerda que encontró entre los enseres del campamento y lo dejó sentado, exhausto y dominado. Tomándolo sin esfuerzo, junto al hombre inconsciente del suelo, regresó con el grupo inmóvil que le esperaba aterrado por completo.
Alzando la vista hacia el campamento y luego hacia la ciudad humeante a lo lejos, Krysser dejó escapar un suspiro que sonó más a promesa que a cansancio. Había neutralizado la fuga y reducido la banda, pero la raíz del mal seguía ahí, en alguna sombra más allá. Guardó silencio por un momento, escuchando el leve aullido del viento entre las rocas, y se preparó a hurgar entre las pertenencias de los capturados en busca de algo que señalase al verdadero responsable, mientras dejaba en el aire la pregunta para agilizar el proceso.
-¿Quién va a contarme qué está pasando aquí? -Fue claro, no preguntó quién quería hacerlo, sino quién lo haría, dándolo tan por supuesto que dejaba manifiesta la amenaza velada de sus palabras para todos. No responder no era una opción, o al menos, no lo era si no querían sufrir. Krysser no era un torturador, pero era lo suficientemente amenazante para parecerlo. Además, solo quería la información que la calaña como ellos manejaría, de bajo nivel y escasa importancia, pero suficiente para lanzarse a territorio desconocido con un mínimo de información.
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