Una historia que nos encontro :: Privado :: Pasado
#2
Las casualidades son infinitas, oh y tan infinitas que eran… Tanto que unos inútiles a los que había contratado para encontrar un nuevo “producto” se habían encargado de no solo estropearlo todo, sino que para colmo empeorar toda la condenada situación. La información le llegó desde el Den-Den Mushi de su propia oficina en un domicilio propio. Tres palabras, una de ellas para dirigirse a él, y las otras dos para que supiera qué hacer.

“Jefe… Ha escapado.”

El tic en su ceja solo era algo que nuestros espectadores podían ver. Un hogar, vacío, espacioso y solitario ahora solo parecía un agujero negro del que quería destruirlo todo. No era siquiera suyo… No del todo al menos, sino uno de los tantos hogares a los que había podido descansar. Aún así habló, respondió y, sin embargo, su tono lento y pausado hizo temblar a los del otro lado de la línea. Aquella voz profunda, seria, capaz de hacer temblar dependiendo del tono empleado.

[Imagen: N4uqfHz.jpg]
—Informadme de la última ubicación.

La respuesta llegó concreta, en un tono tembloroso, antes de dejar el Den-Den Mushi a un lado y caminar hasta el armario para prepararse. Inútiles que no sabían hacer nada si él mismo no intervenía. Para colmo su jefe ya le había dado advertencia de la urgencia del producto. No fallaba, lo sabía, pero ese tipo de errores ajenos le sacaban de quicio, todo lo quería perfecto, meticuloso. ¿Qué esperar si en otro momento lo abandonaban cuando fuera a cumplir con su objetivo principal? Por eso no podía contar con cualquier inútil. Hyákinthos por otro lado ahora solo conseguía mejores productos desde que trabajaban juntos, y menos mal. 



—¿Jefe…? — la voz femenina de una mujer desnuda a la que obviamente había dejado a medio “trabajar” asomaba por el umbral de la puerta, con un tono coqueto, sus piernas todavía temblando por la actividad sexual previa a la información.

—Vístete. Se ha acabado el juego por hoy.

—Oooww, qué lástima… Todavía no conseguí que usted pudiera terminar. No es justo que solo yo lo consiguiera. — la sonrisita divertida de la mujer mostraba la satisfacción, aunque solo fue necesaria una mirada más seria del hombre para que cubriera sus labios de forma juguetona. —Está bien, está bien. Ya me voy. Estaré encantada de recibirlo de nuevo cuando regrese.

[…]

Ahora sus pasos ya lo estaban acercando más a la zona que le habían comunicado que se había perdido. La nicotina aliviaba el mal humor. No es que fuera una gran pérdida, pero sí era molesto que cuando se les enviara a algunos a hacer un trabajo, lo hicieran mal. No todos los días se podía encontrar un Mestizo de buena calidad…

¿Recuerdan las primeras palabras? Exacto, las casualidades son infinitas, tanto que pudo escuchar pasos correr, desde alguna parte. Algo inevitable en un lugar lleno de peligros. Unos huyendo de otros y, oh de nuevo casualidad, por una vez él no estaba acompañado de sus hombres, los mismos que posiblemente ahora rastreaban a la Mestiza y al hombre que lo acompañaban pero, sí, no se lo creerán, pero sí, OH CASUALIDAD, justo allí, frente a él, justo frente a una intersección se encontró no solo el producto en brazos de otra persona sino que, para más inri, la persona era alguien que previamente conocía. Por una vez, la sorpresa se dibujó en su rostro en forma de dilatación de sus propios ojos, viendo lo que jamás esperaba ver en ese mismo instante.

[Imagen: JbTHvLG.png]
—¿Han?

No sabía si agradecer haber encontrado lo que buscaba, o maldecir por si habían visto a algunos de sus hombres en ese momento. Chasqueó la lengua. La situación era demasiado obvia para omitirla y su conocimiento era demasiado para no comprender de dónde salían. Lo único bueno era que él mismo conocía la ubicación de todos y cada uno de los buscadores de la Mestiza. —Ven conmigo. — sus palabras eran firmes, con el mismo tono que parecía sonar amenazante, pese a que realmente no era así. Todo se le había juntado de golpe. Suspiró largamente y aligeró el paso. Ahora las cosas se complicaban mucho más. —Ponme al día de qué diantres te ha pasado y por qué estás con alguien en brazos.

[…]

Y ahora, después de cuatro días, había conseguido médicos. Se había planteado la idea de llamar a Hyákinthos, pero probablemente lo fascinaría la idea de abrir el cuerpo de la muchacha y con Han en un domicilio que, pese a obviamente ser exageradamente grande, dudaba que fuera idea traer en ese momento. Recurrió por el momento a uno de los médicos de su propio jefe. Fue complicado explicarle la situación sin que hubiera obvias razones de “limpiar testigos”, sin embargo lo mejor era no tentar a la suerte, logró convencerlo de alguna u otra forma. Por supuesto, la llamada fue privada, en un lugar solitario y después de que la Mestiza estuviera siendo tratada y que el mismo Han ahora fuera guiado a un dormitorio para él para que pudiera reposar y ponerse al día, o acompañar a la muchacha de ser necesario.

Ahora mismo estaban en una mesa, quizás demasiado grande para lo que realmente era útil. Cierto, tampoco esa era su casa, pero tampoco le agradaba la idea de que invadieran su privacidad de ese modo. Pocas personas tenían conocimiento de su propio domicilio, solo su propio jefe, quien fue el que en su momento lo ayudó con todo el domicilio. Aquella “mansión” era una de las tantas que usaban para realizar tratos privados, donde parecía un domicilio para varios visitantes. El desayuno estaba servido, su ropa como siempre estaba impecable, pese a que no se había peinado demasiado. Al tener cabello liso, de todos modos, no se le veía para nada raro. Quizás estuviera teniendo una conversación con Han, en medio de la comida, o quizás sencillamente solo se limitara a comer tranquilamente. Habían hombres también en el domicilio que formaban la seguridad, por supuesto no eran los mismos que inicialmente los habían estado perseguido y él mismo se había encargado de que todo quedara en orden sin que tuviera que lidiar con cosas innecesarias.

Y qué poco duró la tranquilidad, en la planta superior, pese al gran tamaño del lugar, ya parecía haber algún tipo de problema. Jin sencillamente cerró los ojos, cansado, y soltó los cubiertos sobre la mesa, interrumpiendo su alimentación y poniéndose en pie.

—Ya vuelvo. — si Han quería o no seguirlo sería elección suya, no iba a impedirle nada, pero sospechaba qué era lo que había ocurrido. Y, desde luego, en el momento que alcanzó las escaleras inferiores, se topó con la mirada de la mujer que había visto como “producto”. Se mostró calmado, los ojos no se apartaban de la muchacha y, además, tomaba el paquete de cigarrillos de su bolsillo, abriéndolo con el pulgar y acomodándolo entre sus labios. —No te recomiendo salir de aquí si no quieres problemas, muchacha. — su voz, en tono lento y calmado, sonaba casi como una amenaza. —Por ahora estás a salvo aquí y hasta que no sanen tus heridas no te recomiendo seguir haciendo la locura que estás haciendo. — el mechero se encendió frente a sus labios, iluminando más su rostro pese a que ya de por sí la mansión ya estaba bien iluminada.

[Imagen: tYBpJip.jpg]
—No fue fácil estabilizarte cuando estabas tan gravemente herida.
Y desde luego, quienes "dañaron el producto" ya estaban o habían sido ya castigados. La cosa no era dañarla, sino traerla aunque fuera inconsciente, pero algunos inútiles deben limpiarse. Eso era algo que había realizado en la privacidad, en alguna noche en la que sospechaba Jin que Han se había quedado profundamente dormido. 
—Jefe, la chica... — Oh, sí, apenas llegaban los dos supuestos guardaespaldas que había pedido que cuidaran de la Mestiza... y obviamente había vuelto a ser decepcionado. Realmente parecía que todo tenía que hacerlo por su cuenta para que se hiciera una maldita cosa bien. Sus ojos afilados se elevaron tras los hombres que ahora estaban bajando las escaleras... y frenaron a medio camino, tragando saliva seriamente. 
Karma
[Imagen: bTjgVIr.png]
  Responder


Mensajes en este tema
RE: Una historia que nos encontro :: Privado :: Pasado - por Onizuka Jin - 21-09-2025, 06:23 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)