Enemigo Imaginario (Presente/Autonarrada T1)
#1
Enemigo Imaginario
Isla Karate, Dia 74 de Verano, año 16.
[Imagen: C6kX3Y6.png]
He aquí. Más, esta vez, tras reflexionar, cuestioné en mi cabeza de mis viejas decisiones, porque ni siquiera estaba en un establecimiento o en ningún lugar, sino solo enfrente de la costa y del mar, apenas junto a la sombra de una palmera, observando frente a mí de la playa que carecía de valor casi igual y casi semejante que mi visita en lo qué inevitablemente me consternaba en mi silencio, buscando en la arena huellas del pasado que habrían desaparecido en el hoy tras haber tomado y robado y burlado, no a cualquiera, pues no era ladrón, sino a esta arma, a un joven y acaudalado.

¿Os podeis imaginar qué deseaba ver en la nada?

En principio, debo admitir que me gustaba imaginar como habría sido inevitable el reencuentro de nuestros caminos pero, claro, a medida que el tiempo transcurría acabe comprendiendo la verdad, aceptando que fuera en sorbet o de regreso a este lugar, unicamente podía imaginar que no iba a volver a reencontrarme otra vez con este fulano inexperto quien tal vez y no tenia ningún talento, aunque aún cuando pudiera ser cierto eso era un pensamiento demasiado arrogante, me costaba demasiado aceptar que, simplemente se había rendido, muerto u olvidado del arma en mi mano.

El ejemplar bajo mi posesión; Raikō Yaiba, era inmensurable, de manera que inclusive ahora tras haber comenzado me costaba enormemente considerar la idea de regresar a su dueño anterior, pero ¿como podía aceptar qué ni siquiera la hubiera buscado?, debíamos de batirnos en duelo y unicamente tras haber demostrado que dominaba el arma mejor me volvería digno de la misma, aunque no había ocurrido de esta manera, o hasta este momento eso era lo que podía entender razón por la qué inspirado por un sentir melancólico habría querido ver un algo en estas arenas.

Dispuesto casi en un mismo lugar donde recordé.
Erguí mi postura colocando mi puño en el frente,
Intentando mantener sujeta la asta con mi mano,
En un principio apreciando de esta en mis dedos.

El brillo del metal era distintivo, blanco y frio como la luna, o quizá como una estrella, reluciendo hermosamente tal vez por su filo detallado o puede qué junto a mi contrastaba su pulcritud más, cualquiera fuera la razón no importaba, había decidido qué iba a comenzar y por lo tanto habría terminado de apreciar para habiendo tenido desde un principio en mi poder arrastrar a mi lado, apegando metal contra costillas, flexionando el codo diestro, para entonces permitirme inclinar hacia adelante en un saludo solemne no hacia las olas del mar en la costa o los barcos cercanos.

Tal vez despidiéndome de un posible combate.
Manteniendo un momento de silencio mental,
A donde la brisa me había acompasado de paz,
Entonces regresaría de mi cadera irguiéndome.

Iba vestido apenas con un pantalón holgado de tela blanca, sin camisa, sin calzado, recibiendo luz con gratitud mientras que la tibia sensación del amanecer empezaba a recorrer sobre mi espalda, entonces flexione mis rodillas de manera que las separaría, arrastrando un tanto de arena con mi planta derecha y hundiendo los primeros 4 dedos de la punta de mi pie izquierdo en el transcurso, de esta manera encontré equilibrio, con la pierna derecha ligeramente hacia adelante y así de su opuesta izquierda hacia atrás estando ambas a la altura de mis hombros, y me prepare para iniciar.

El primer paso habría sido con el pie izquierdo. Pues, esté estando atrás tenia mayor facilidad de realizar rápidamente un movimiento de avance que se deslizaría en forma de un compás interno, aquello no era una acción común, no era un pisar sin mediciones, era deslizar la planta del pie directamente sin que esta llegara a separarse por completo de la arena y colocar en posición, procurando que una vez estando el pie izquierdo adelante llegara a mantenerse sobre el mismo angulo calculado a la altura de mi hombro, aquello era una forma de mantenerse firme al suelo.

Manteniendo el asta agarrada desde el medio.
Inclinaba los filos del arma derecha e izquierda,
Torciendo a inclinación casi como con un remo,
El paso izquierdo significo así un remo derecho.

Y por consecuente, una vez que mi pie derecho avanzo siguiendo este mismo arco interno hasta extenderse a la altura de mi hombro, inclinaría nuevamente el arma propinando un corte izquierdo, siendo que, el lado izquierdo del arma dispuesta de la hoja más grande solaparía un ruido profundo que llegaba a sentirse más agresivo o similar a un mandoble, mientras que el otro lado era mucho menos pesado, liviano incluso quería creer, por lo tanto tras el corte al aire habría pesado diferente, ¿todavía no me acostumbraba del todo en maniobrar su peso? puede que no, pero todavía podía.

Así avance repitiendo de la misma secuencia.
a paso izquierdo-corte, a paso derecho-corte,
entonces me detendría sobre el cuarto paso,
disponiendo del filo derecho enfrente de mi.

Llegando a pocos pasos de encontrarme con la arena humedecida por el agua. Estire mi agarre hasta el extremo izquierdo, abandonando un agarre del arma medio, para empujar y punzar en el extremo, realizando una serie de punzadas que serian, vertical, horizontal y vertical, en ese orden, apuñalaría en el aire como quien juega billar intentando formar una cruz limitada solo a la altura del plexo solar, imaginando una figura, imaginando a donde ir, pero hasta ahora había hecho 4 ritmos para todo así que cuando toco el siguiente vertical habría inclinado la punzada para bajar, apuñalando más abajo.

El asta se habría clavado entre sus piernas.
No había apuntado a la “zona” que creeis,
aunque tenia la intención de hacerlo creer,
con ambas manos en el extremo del asta.

Di un paso adelante, gire el filo para arriba y partiendo con el asta clavada en el suelo busque hacer rápido de un golpe ascendente no con la hoja sino utilizando parte del agarre o barra de metal, como sí utilizara el asta como un anzuelo, estaba intentando pescar de mi oponente imaginario y lanzándole en el aire, de manera qué acabe sosteniendo la hoja mas grande desde su lado plano, presionando su lateral no filoso con mi propio plexo solar por apenas un momento mientras que intentaba con ambas sostener la barra metálica buscando una postura que me permitiera cargar.

¿Honestamente? me sentía incomodo.
Tal y como levantando una bandera,
o empalando de algún miserable ser,
así por tanto punzaría 3 veces al aire.

Y para la cuarta punzada no habría puñal directo. Más, tampoco clavaría nuevamente en dirección del suelo sino qué en esta ocasión espere por lo menos lo que tarda un cuerpo de regreso en caer, manteniendo una postura de piernas abierta y resistente al peso, entonces haciendo uso de mano habría insistido con mis dedos en girar el filo sobre su propio eje hasta completar una vuelta entera, manteniendo mi agarre en el medio del asta, tumbaría por fin hacia atrás de la imagen imaginaria que ataque para entonces hacer un rápido ademán hacia mi derecha que era para limpiar la sangre.

No es que hubiera sangre de verdad.
Más me parecía un movimiento útil,
A manera que empece por caminar,
Rodeando la idea de este oponente.

En este punto la costa estaba sobre mi espalda. Estaba regresando, a mis viejos pasos y así mismo caminando en un nuevo sendero, esta vez no tomando una ruta derecha, sino rodeando a la idea, inclinándome no a repetir el mismo camino recto sino en torcer la ruta en una L, entonces extendí de mi diestra hasta el extremo con la hoja más pequeña y como un hacha a la leña me arrojaría, inclinando mi cuerpo hacia adelante mientras apuntaba a la cabeza del oponente que ni ahora ni después había existido hasta que hubo un sonido seco y agudo de metal clavándose en la arena.

Los músculos no se acostumbraban aún.
No es como que me hubiera lastimado,
Había temblor en mis dedos y costillas,
Eran movimientos mucho más amplios.

Pero, confiaba en que mi cuerpo se acostumbraría. De manera que inhale, exhale y avance hacia aquella asta que había clavado en la arena brindando un pequeño salto en dirección de la barra, prensando mi pie izquierdo y derecho arriba y por debajo de esta, intentando encontrar equilibrio sobre el arma de asta qué poco a poco se iba inclinando entre lo que giraba su peso con mi cadera, entonces el filo más pequeño (ubicado en la parte superior del arma) descendería violentamente como una guillotina que en vez de descender con peso impactaría levantado arena sin remedio.

Aunque todavía no estaba satisfecho.

La figura imaginaria no iba a poder reemplazar la sensación real haber obtenido aquella arma con fuerza y dominio natural, a razón por la qué todavía tras practicar me llegue a sentir insatisfecho, incluso puede que molesto con aquel quien no estaba, de manera qué simplemente dí otro salto bajándome del asta y tomándola de regreso alzando la pierna, decidí que era tiempo de regresar, aunque no a otra isla, esta vez a un lugar real, más precisamente pensando en una mujer que hoy por día podía considerar un sitio que me lograba traer paz, pero eso, claro, es historia de otro día.

Off



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Enemigo Imaginario (Presente/Autonarrada T1) - por Dongryong Lu Yan - 22-09-2025, 12:16 AM

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