El Torneo de la Luna Roja [Auto T1 Presente Absoluto]
#1
El Torneo de la Luna Roja
Isla Karate
Día 74 de Verano, Año 16

Su cuerpo nevado aún se encontraba adolorido por los días que pasó en aquel dojo del Hasshoken. Sin duda, no había sido una tarea fácil, y aunque todo comenzó con un rechazo por su apariencia de vagabundo, al final, Zhang logró aprender un nuevo ataque y hacer nuevos amigos. Su maestra, Sira Matcha, había demostrado ser una persona fuerte y sincera, y había encendido una llama en su corazón. Zhang ya no era solo un ermitaño más; gracias a esas tardes de arduo trabajo, el Mink era ahora un maestro del Hasshoken.

Zhang se encontraba cerca de la playa, donde en la noche se pronosticaba un encuentro no oficial de algunos miembros de los dojos. Al parecer, pronto se llevaría a cabo un torneo relámpago entre dojos, por lo que todos estaban interesados en practicar sus habilidades marciales. Si bien, Zhang no pertenecía oficialmente a ningún dojo, el torneo en el que participó días atrás lo había puesto en el radar, y todos lo veían como una especie de exponente del Hasshoken. Su fama, un peso ligero para el que camina sin ataduras, era un recordatorio de que su viaje no solo le pertenecía a él, sino también a la comunidad que lo había acogido.

Y fue así como terminó en medio de aquella noche que llamaremos "El Torneo de la Luna Roja". La noche comenzaba a alzarse en el cielo, y el horizonte se mezclaba en un tono oscuro y misterioso. Pronto saldrían las estrellas, pero mientras eso sucedía, la luna brillaba única en el horizonte, que iluminaba la arena que pronto se teñiria de un color de sangre. Zhang se encontraba apoyado en su bastón de madera, situado justo al lado de una arena improvisada, iluminada por antorchas que crepitaban. Al llegar, fue imposible no notar de inmediato cómo los humanos y los Gyojin se separaban, como agua y aceite, cada uno en su propio rincón, con miradas de desconfianza que se lanzaban en la penumbra.

No había un lugar donde sentarse, pues la arena era el lugar idóneo para no perderse ningún momento de la noche. Zhang escogió un lugar apartado, desde donde lograba escuchar el crepitar de las llamas que iluminaban el cuadrilátero. Las batallas iniciaron justo a la hora acordada, donde la furia del mar se enfrentaba a diferentes contrincantes. Los dojos se encontraban presentes, o al menos varios de los que practicaban aquellos movimientos marciales, y apostaban unos contra otros, con ruidos de monedas que chocaban y murmullos de excitación. El aire, denso y cargado de expectación, vibraba con cada golpe, un lenguaje que Zhang ahora entendía.

El turno de Zhang llegaría pronto, por lo que comenzó a prepararse para la batalla. Silencio se encontraba emocionado, y jugaba de un lado a otro, haciendo reír a algunos de los participantes. El ambiente esa noche era un poco diferente a lo habitual; fuera de reglas y actos protocolarios, todos parecían disfrutar de aquellos encuentros solo por la satisfacción de la lucha, y aquello sembró un pequeño sentimiento en el corazón de aquel burro. Era la pasión, la convicción, el simple acto de medir su fuerza sin buscar un premio.

Su primera batalla fue contra un hombre pez, un luchador con un físico imponente que, aunque era un poco más pequeño que Zhang, se movía con soltura y agilidad, una danza salvaje y fluida, como las corrientes del océano. Los golpes del burro fallaban uno tras otro, pues el Karate Gyojin era diferente al Hasshoken. Los golpes del hombre pez eran tan potentes que estaban cargados de un aura marina, que lastimaba el cuerpo de Zhang a un nivel que no estaba acostumbrado. Por primera vez en mucho tiempo, se sintió vulnerable, y eso, para un mink que se transformaba en nieve, era una sensación extraña y casi aterradora. El choque de poderes era evidente, y el frío de su cuerpo pronto cautivó la atención de todos los presentes, que comenzaron a ver aquel combate muy interesados.

Aquel Gyojin era sin duda poderoso, lo suficiente para hacer que aquel anciano tuviera que activar el electro para poder igualar sus movimientos. Lo que pasó después, fue algo que solo los más experimentados pudieron seguir con sus reflejos. Los movimientos eran tan veloces que desaparecían ante la vista de los curiosos. El estruendo de los golpes era ensordecedor, y el aire, cargado de electricidad y humedad, se sentía como si estuviera a punto de explotar. Zhang, por su parte, se encontraba alegre, e intentaba de algún modo u otro frenar aquella danza salvaje del Gyojin. El hombre pez, por su lado, jadeaba un poco por los efectos del combate y el frío que emanaba del cuerpo de Zhang. Se podría decir que era una batalla pareja, y ambos contendientes parecían disfrutar el momento.

Así continuaron por unos minutos, hasta que el tiempo terminó para ambos contrincantes. Ninguno de los dos había logrado derrotar al otro, pero eso no era bueno, o era malo, total, aquel encuentro era más una prueba para el verdadero encuentro, y ese había sido, sin duda alguna, una batalla ejemplar. Zhang le dio un pequeño apretón de manos a aquel hombre pez, y luego regresó hasta donde se encontraba Silencio, quien lanzaba golpes al aire, intentando los movimientos de aquel Gyojin. Zhang se rio por un momento por las ocurrencias de su amigo, y descansó un poco, observando el siguiente encuentro.

Durante aquella noche, Zhang luchó dos veces más. El primer encuentro fue con un hombre mayor, un monje que dominaba el Hasshoken, fue un encuentro agotador, pero este sí tuvo un claro vencedor. Zhang Guolao fue lanzado de aquel cuadrilátero gracias a un movimiento veloz, parecido a la técnica que había aprendido días atrás, pero sin duda una versión mucho más veloz y poderosa, y aunque lo intentó, en ese instante comprendió que el camino del guerrero era largo y doloroso.

Fue la última batalla, la que sin duda disfrutó más. Una mujer, algo extravagante, bailaba y cantaba en medio del escenario. Aquellos artistas del Okama Kenpo eran sin duda, divertidos. Zhang intentó seguirle el paso a aquella mujer, pero sus golpes eran sumamente devastadores. Su agilidad y destreza al bailar, hacían muy difícil entender sus movimientos, y por ende, anteponerse a ellos era complicado, y aunque su fruta le daba ventajas significativas, la experiencia de la mujer pronto hizo que Zhang, cayera adolorido contra la arena húmeda por la noche.

No logró ganar ninguna de las batallas, pero el recuerdo de esa noche, estaría para siempre en su corazón. Zhang entonces, empezó a hacer lo que hacía mejor, y comenzó a curar a los hombres, a los peces, y a todo aquel que se encontraba en el lugar, intentando aliviar sus cuerpos y mentes. Fue una noche de mucho sudor y trabajo, pero todos parecían divertirse. Zhang logró ver otra parte de la isla Karate, la del amor al arte, la de la pasión y convicción, y no solo una lucha de poderes.

Esa noche, la luna se manchó de rojo ante los ojos cansados de sus espectadores. Quienes disfrutaron de un encuentro sin igual, golpes, batallas, ungüentos e historias, estuvieron presentes hasta el amanecer, donde al final, hubo muchos vencedores. El futuro del mar estaba un poco más tranquilo al ver a aquellas promesas, romperse el lomo por sus convicciones, era sin lugar a dudas otra de las bonitas lecciones que esa isla tenía preparada para el ermitaño del mar, y su fiel amigo, silencio.

Zhang se despidió de todos con una sonrisa y se alejó del bullicio de la fiesta, con el cuerpo adolorido y el alma en paz. El camino de regreso a su hogar provisional fue lento y pausado. El crepitar de las llamas, el eco de los tambores y las risas de los hombres se alejaban a cada paso. El aire se sentía más fresco, y la luna, que se alzaba en lo alto, era una perfecta compañera en su camino. - Hmmm...-, resopló, y golpeó el suelo con su pata, como era costumbre. Un tic, que era el eco de sus pensamientos, el sonido de un alma que se sentía un poco más cerca de sí mismo.

Al llegar a su casa, se sentó en un banco de madera, con la luz de una lámpara que lo iluminaba. El aire se sentía más cálido, y el olor té impregnaban el lugar, la casa era pequeña, pero aquella pareja no necesitaba más. Zhang necesitaba dormir, pero antes de hacerlo, preparo rápidamente algo de comer para Silencio, mientras él, medito un par de minutos junto al calor de un té de hiervas frescas. Zhang sacó su cuaderno, y con su mano torpe, comenzó a escribir sobre su noche, mientras Silencio, su compañero, se acurrucaba en su regazo, con el estómago lleno.


Zhang se sentía agotado, y junto a la promesa del amanecer, era justo el momento de dormir.
 -Hmmmmm-, Zhang soltó un suspiro, y se acurrucó en su cama improvisada, con la sensación de un alma que ha encontrado su lugar en el mundo. Zhang Guolao, quedo profundamente dormido. 

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Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
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El Torneo de la Luna Roja [Auto T1 Presente Absoluto] - por Zhang Guolao - 22-09-2025, 12:24 AM

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