Al momento en que Owen abrió la botella, tanto Helena cómo su compañero, intentaron olfatear desde donde estaban, pero no lograron identificar bien de que se trataba. Aparte de que el humano comenzó a reírse fuertemente de la nada.
Helena sonrió, no sabía que había sido tan gracioso cómo para llevarlo a tener tanta risa, pero parecía que la actitud de Owen le agradaba “Pues tú no estas nada mal tampoco, Owen” le dio unas palmadas amistosas en la espalda, algo fuerte de soportar para un humano quizás, pero Helena no sabía medir su tamaño a veces “La mayoría de los humanos nos tienen miedo y nos ven raro”
La verdad era que la miraban raro por lo ruidosa que era al hablar, y lo poco cohibida.
“Han de estar sufriendo mucho la gente que practica artes marciales aquí. Con eso de que hacen tanto esfuerzo físico” el lobo café parecía sentir algo de empatía por los guerreros de aquí. Lo bueno es que por lo que Owen decía, hoy simplemente era un día poco común donde el termostato marcaba números demasiado altos.
“Es por eso que te digo que deberían de crear un arte marcial donde estén completamente desnudos. A final de cuentas, la ropa no la utilizan cómo arma” insistía la mujer pervertida.
Paavo decidió ignorarla esta vez, meramente suspirando. Fue entonces cuando Owen soltó una pregunta importante. “Aparte de rretedirnos- Digo, derretirnos bajo este hermoso calor” sarcasmo claro “No tenemos nada planeado. Íbamos a visitar algún dojo para ver que podían enseñarnos, pero a mi no me interesa de momento el combate cuerpo a cuerpo” dijo, señalando al mandoble que llevaba colgando en la espalda “Escuché acerca de una tal Isla de espadas ¿Kitoelmoco?”
“Shimotsuki...”
“Si esa mera. Para ver si encuentro a alguien que entrene conmigo, pero cómo no hay nada parecido aquí, la verdad no tengo tanto interés. Así que, si, somos libres.” pero se le fue el tren de pensamiento rápidamente mientras se rascaba la barbilla “Hmm ¿De qué estábamos hablando?”
“Oye, pero si es tú mercancía mágica. Deberíamos de traerla aún así ¿No?” pero al ver que Owen se veía desinteresado, Helena no insistió.
Ambos lobos comenzaron a seguirle, Helena jadeando ruidosamente. El lobo macho también parecía tener calor, pero no era tan ruidoso cómo su compañera.
- - - -
Helena sonreía mientras Owen mostraba lo que había encontrado, pero esa sonrisa desapareció en el momento que vio la cicatriz en la espalda del humano. Estaba a punto de preguntar, pero su nuevo amigo parecía mas interesado en simplemente saltar a la cueva subterránea, incluso comenzó a desnudarse, quedando con las mismas prendas que Helena aún traía, bueno, exceptuando el brasier claro.
Paavo volteo la mirada a su amiga, para ver qué decidía hacer, se dio cuenta que ella se estaba quitando las ultimas prendas que la cubrían. “¡H-Helena!”
“¿Qué? No pienso mojar mi ropa interior, sabes que no me gusta el agua, pero el calor está insoportable” estando ahora completamente desnuda, o en pelotas, cómo Owen había dicho antes de tirarse al agua. “Además, nada que no hayas visto ya. Nos hemos incluso hasta bañado juntos cuando eramos niños ¿Recuerdas la vez que nos dio pulgas y-?”
“No quiero oír la historia de las pulgas de nuevo”
Pero Helena solamente rió, mientras aventaba el resto de su ropa a un lado. “Bueno, cómo él ha dicho ¡El ultimo en entrar le gusta la comida para perros!” y así, se lanzó a la cueva. Siendo más grande que Owen, el impacto contra el agua fue aún más estruendoso.
“Pero… A mi me gusta la comida para perros...”
Paavo se quedó trabado con que hacer. Se acercó a la entrada del cenote, viendo si Owen y Helena se encontraban bien después de la caída “Um ¿Se encuentran bien? ¿No está muy fría el agua?” preocupándose por que les diera un choque térmico.
“¡Anda Pavito, salta!” decía mientras salpicaba un poco de agua hacía Owen, de manera juguetona “El agua esta bien, aparte no hay nadie más aparte de nosotros. Quítate la ropa y salta”
Riendo nerviosamente, negó con la cabeza “C-creo que estoy bien, m-me quedare con mi ropa... Um, si...”
“¡Que no te de pena!” Helena seguía animándolo “¡Aquí todos somos amigos! ¡Además, quien sabe, si Owen se anima, igual y pueden comparar tamaños! Eso es algo que hacen ustedes los hombres ¿No?” fue entonces cuando se le ocurrió algo “¡Eres el último en meterse también, cómo castigo, tienes que meterte sin ropa también para que te veamos todo!”
El lobo macho estaba teniendo un terrible caso de deja vu, estaba seguro que esta no era la primera (ni sería la ultima) vez que Helena decía algo acerca de comparar el tamaño de su hombría con otro hombre.
“Te estoy ignorando” dijo Paavo, mientras inspeccionaba desde arriba “Además, no veo manera en que puedan salir del lugar ¿No creen que sea mejor vaya por una cuerda o algo parecido? O ¿Cómo planean salir?” seguramente Owen tenía la respuesta, pero era obvio que Paavo solamente estaba haciendo tiempo para no tener que escuchar más las subidas de tono de Helena “Uh… Si, creo que eso haré, buscar algo para sacarlos ¡Regresó en un momento!”
Y sin más, el lobo café desapareció de vista. Dejando a Owen y Helena solos por el momento. La mujer se hundió de hombros, para después seguir jugando un poco más con su amigo humano. Estando a solas, se le ocurrió preguntar acerca de la cicatriz en la espalda “No tienes que responder si no quieres, Owen, en especial porque no nos conocemos desde hace mucho pero...” Helena nadó hacía la orilla, apoyándose en una roca “Esa herida en tu espalda no fue por accidente. Alguien te la hizo con muy mala intención” pero claro, Helena conocía mucho acerca de cicatrices viniendo de una tribu guerrera. Esa ‘R’ en la espalda de Owen no fue casualidad.
Helena sonrió, no sabía que había sido tan gracioso cómo para llevarlo a tener tanta risa, pero parecía que la actitud de Owen le agradaba “Pues tú no estas nada mal tampoco, Owen” le dio unas palmadas amistosas en la espalda, algo fuerte de soportar para un humano quizás, pero Helena no sabía medir su tamaño a veces “La mayoría de los humanos nos tienen miedo y nos ven raro”
La verdad era que la miraban raro por lo ruidosa que era al hablar, y lo poco cohibida.
“Han de estar sufriendo mucho la gente que practica artes marciales aquí. Con eso de que hacen tanto esfuerzo físico” el lobo café parecía sentir algo de empatía por los guerreros de aquí. Lo bueno es que por lo que Owen decía, hoy simplemente era un día poco común donde el termostato marcaba números demasiado altos.
“Es por eso que te digo que deberían de crear un arte marcial donde estén completamente desnudos. A final de cuentas, la ropa no la utilizan cómo arma” insistía la mujer pervertida.
Paavo decidió ignorarla esta vez, meramente suspirando. Fue entonces cuando Owen soltó una pregunta importante. “Aparte de rretedirnos- Digo, derretirnos bajo este hermoso calor” sarcasmo claro “No tenemos nada planeado. Íbamos a visitar algún dojo para ver que podían enseñarnos, pero a mi no me interesa de momento el combate cuerpo a cuerpo” dijo, señalando al mandoble que llevaba colgando en la espalda “Escuché acerca de una tal Isla de espadas ¿Kitoelmoco?”
“Shimotsuki...”
“Si esa mera. Para ver si encuentro a alguien que entrene conmigo, pero cómo no hay nada parecido aquí, la verdad no tengo tanto interés. Así que, si, somos libres.” pero se le fue el tren de pensamiento rápidamente mientras se rascaba la barbilla “Hmm ¿De qué estábamos hablando?”
“Oye, pero si es tú mercancía mágica. Deberíamos de traerla aún así ¿No?” pero al ver que Owen se veía desinteresado, Helena no insistió.
Ambos lobos comenzaron a seguirle, Helena jadeando ruidosamente. El lobo macho también parecía tener calor, pero no era tan ruidoso cómo su compañera.
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Helena sonreía mientras Owen mostraba lo que había encontrado, pero esa sonrisa desapareció en el momento que vio la cicatriz en la espalda del humano. Estaba a punto de preguntar, pero su nuevo amigo parecía mas interesado en simplemente saltar a la cueva subterránea, incluso comenzó a desnudarse, quedando con las mismas prendas que Helena aún traía, bueno, exceptuando el brasier claro.
Paavo volteo la mirada a su amiga, para ver qué decidía hacer, se dio cuenta que ella se estaba quitando las ultimas prendas que la cubrían. “¡H-Helena!”
“¿Qué? No pienso mojar mi ropa interior, sabes que no me gusta el agua, pero el calor está insoportable” estando ahora completamente desnuda, o en pelotas, cómo Owen había dicho antes de tirarse al agua. “Además, nada que no hayas visto ya. Nos hemos incluso hasta bañado juntos cuando eramos niños ¿Recuerdas la vez que nos dio pulgas y-?”
“No quiero oír la historia de las pulgas de nuevo”
Pero Helena solamente rió, mientras aventaba el resto de su ropa a un lado. “Bueno, cómo él ha dicho ¡El ultimo en entrar le gusta la comida para perros!” y así, se lanzó a la cueva. Siendo más grande que Owen, el impacto contra el agua fue aún más estruendoso.
“Pero… A mi me gusta la comida para perros...”
Paavo se quedó trabado con que hacer. Se acercó a la entrada del cenote, viendo si Owen y Helena se encontraban bien después de la caída “Um ¿Se encuentran bien? ¿No está muy fría el agua?” preocupándose por que les diera un choque térmico.
“¡Anda Pavito, salta!” decía mientras salpicaba un poco de agua hacía Owen, de manera juguetona “El agua esta bien, aparte no hay nadie más aparte de nosotros. Quítate la ropa y salta”
Riendo nerviosamente, negó con la cabeza “C-creo que estoy bien, m-me quedare con mi ropa... Um, si...”
“¡Que no te de pena!” Helena seguía animándolo “¡Aquí todos somos amigos! ¡Además, quien sabe, si Owen se anima, igual y pueden comparar tamaños! Eso es algo que hacen ustedes los hombres ¿No?” fue entonces cuando se le ocurrió algo “¡Eres el último en meterse también, cómo castigo, tienes que meterte sin ropa también para que te veamos todo!”
El lobo macho estaba teniendo un terrible caso de deja vu, estaba seguro que esta no era la primera (ni sería la ultima) vez que Helena decía algo acerca de comparar el tamaño de su hombría con otro hombre.
“Te estoy ignorando” dijo Paavo, mientras inspeccionaba desde arriba “Además, no veo manera en que puedan salir del lugar ¿No creen que sea mejor vaya por una cuerda o algo parecido? O ¿Cómo planean salir?” seguramente Owen tenía la respuesta, pero era obvio que Paavo solamente estaba haciendo tiempo para no tener que escuchar más las subidas de tono de Helena “Uh… Si, creo que eso haré, buscar algo para sacarlos ¡Regresó en un momento!”
Y sin más, el lobo café desapareció de vista. Dejando a Owen y Helena solos por el momento. La mujer se hundió de hombros, para después seguir jugando un poco más con su amigo humano. Estando a solas, se le ocurrió preguntar acerca de la cicatriz en la espalda “No tienes que responder si no quieres, Owen, en especial porque no nos conocemos desde hace mucho pero...” Helena nadó hacía la orilla, apoyándose en una roca “Esa herida en tu espalda no fue por accidente. Alguien te la hizo con muy mala intención” pero claro, Helena conocía mucho acerca de cicatrices viniendo de una tribu guerrera. Esa ‘R’ en la espalda de Owen no fue casualidad.
