22-09-2025, 05:58 PM
Tras pasar por una zona rocosa dónde la angustia no pudo superarle, Sigrud llegó al final de aquel camino de cuevas que serpenteaba y se perdía en el faldón de aquel milenario volcán, su respiración aguantó el sofoco y angustia que producían aquellas cavidades calurosas hasta superarlas.
Al final de aquellos pasillos generados por las corrientes de los vientos, el goteo de incesantes estalactitas y la paciencia con la que el tempo forja el planeta , la luz del final le cegó levemente para invitarle hacia su destino.
Cuando superó las cuevas llegó al claro que escondía, dónde Musashi le estaba esperando a 20 metros de la entrada.
El sitio al que había llegado no era otro que un gran agujero que coexistía con el verdadero pozo del volcán, como si alguien o algo mucho más grandes que ellos hubiera taponado la boca de otro volcán gemelo con un tapón para generar aquel lugar de cuentos y fantasías. Aquel boquete tenía un suelo arenoso, con muy poca arena, las corrientes de viento se remolinaban sobre su cabezas para ulular como un coro de espectadores, las paredes de aquel esférico lugar se elevaban 60 metros y las sombras caían hacia la izquierda por fuerza de la luz del astro rey. En algunos puntos había tímidas cascadas de lava que gorgoteaban en charcos pequeños y se respondían entre ellas misma con explosiones de pompas debido a las facultades de azufre y la roca fundida que las formaban. Aquel lugar era amplio, con 75 metros de diámetro de manera irregular y a excepción de pequeñas rocas en el terreno que no suponían un cambio notorio en el entorno, pues no daban ni coberturas ni ventaja en el combate, a excepción de eso el lugar estaba desierto de no ser por las dos personas que se encontraban en su interior, aquel lugar, más que una accidente natural perecía hecho por el hombre, como si fuera un coliseo en el que antaño las viejas glorias del mundo combatían por estatus.
Pero... En este momento, aquel coliseo natural no tenía mayores espectadores que las nubes y los pájaros que los sobrevolaran, no existía nadie más allí que los dos protagonistas del combate y bajo la atenta mirada de Dios, lejos de formalismos y necedades Sigrud irrumpió en el lugar con fuerza.
Sus pasos redoblaron como tambores de guerra contra las paredes del coliseo, su voz reverberó con la ira del guerrero y entonces, pudo fijarse y conocer a aquel a quién había estado siguiendo sin saber que a quién acababa de encontrar era el espadachín legendario del Grand Line, un hombre que había estado exento de piratería y conexiones con el gobierno, alguien al que solo le importaba una cosa: su objetivo de honrar la muerte de su maestro convirtiéndose en el mejor espadachín del planeta y esa persona no era otra que Musashi, el vagabundo.
Sigrud pudo observar a un hombre pequeño en su comparación pero que en cierto modo no se doblegaba ante su mirada ni ante él pues su presencia y postura desbordaban poder. Aun que su kimono estaba destrozado, manchado, roto y roído la presión de su mera existencia doblaba a la realidad para imitar a un deidad bajada a lo cielos, más bien la de un ángel. Sobre su frente tenía una cicatriz perfecta en forma de equis acompañada por mas cicatrices coma la de su mejilla u oreja , sus manos estaban llenas de heridas y cicatrices y así todo su cuerpo lleno de heridas de combates que había ganado con anterioridad. Atado a su kimono llevaba una bolsa en la que reposaba la foto de su antiguo maestro y vestía un calzado de sandalias de madera las cuales le elevaban un poco del suelo haciendo que su altura final fuera de un metro y ochenta y seis centímetros, desde su espalda sobresalían las puntas de dos alas blancas. Bajo el kimono, atado a la faja que lo rodeaba por su interior Musashi llevaba una pequeña bolsa de felpa que el denominaba macuto, esta bolsa, no era visible para Sigrud, pero si que era el objeto más preciado del vagabundo. Este hombre reposaba sobre sus rodillas y tan pronto como vio aparecer al buccaner se levantó de su posición con un leve balanceo hacia sus punteras.
Ante las palabras de Sigrud, las cuales, ni si quiera respondió y con un movimiento descendente de su espada se colocó en guardia girando con la muñeca el arma, su posición se cerró de una manera bastante extraña para lo que se esperaría de un espadachín, adelantando el hombro derecho y elevando a la altura del pecho un puño sin mayor protección que unos vendajes mugrientos, la espada pasó a estar agarrada como una especie de puñal agarrada de una manera bastante poco común, pues, en vez de enfocar el filo contra Sigrud Musashi dejó que la punta apuntara hacia el suelo y el filo amenazase a su oponente, aquella postura se asemejaba más a un arte marcial que a la postura natural de un espadachín, con un leve movimiento que resonó con las chinas del suelo el talón se cerró y ancló la posición y allí a 20 metros de Sigrud, miró con un rostro inexpresivo al enorme rubio y sin más que añadir, con la mano adelantada sin más que añadir y viendo que ese hombre quería combatir le esperó, sin nervios ni pasión por el combate, con la misma diligencia que uno camina, por costumbre.
Al final de aquellos pasillos generados por las corrientes de los vientos, el goteo de incesantes estalactitas y la paciencia con la que el tempo forja el planeta , la luz del final le cegó levemente para invitarle hacia su destino.
Cuando superó las cuevas llegó al claro que escondía, dónde Musashi le estaba esperando a 20 metros de la entrada.
El sitio al que había llegado no era otro que un gran agujero que coexistía con el verdadero pozo del volcán, como si alguien o algo mucho más grandes que ellos hubiera taponado la boca de otro volcán gemelo con un tapón para generar aquel lugar de cuentos y fantasías. Aquel boquete tenía un suelo arenoso, con muy poca arena, las corrientes de viento se remolinaban sobre su cabezas para ulular como un coro de espectadores, las paredes de aquel esférico lugar se elevaban 60 metros y las sombras caían hacia la izquierda por fuerza de la luz del astro rey. En algunos puntos había tímidas cascadas de lava que gorgoteaban en charcos pequeños y se respondían entre ellas misma con explosiones de pompas debido a las facultades de azufre y la roca fundida que las formaban. Aquel lugar era amplio, con 75 metros de diámetro de manera irregular y a excepción de pequeñas rocas en el terreno que no suponían un cambio notorio en el entorno, pues no daban ni coberturas ni ventaja en el combate, a excepción de eso el lugar estaba desierto de no ser por las dos personas que se encontraban en su interior, aquel lugar, más que una accidente natural perecía hecho por el hombre, como si fuera un coliseo en el que antaño las viejas glorias del mundo combatían por estatus.
Pero... En este momento, aquel coliseo natural no tenía mayores espectadores que las nubes y los pájaros que los sobrevolaran, no existía nadie más allí que los dos protagonistas del combate y bajo la atenta mirada de Dios, lejos de formalismos y necedades Sigrud irrumpió en el lugar con fuerza.
Sus pasos redoblaron como tambores de guerra contra las paredes del coliseo, su voz reverberó con la ira del guerrero y entonces, pudo fijarse y conocer a aquel a quién había estado siguiendo sin saber que a quién acababa de encontrar era el espadachín legendario del Grand Line, un hombre que había estado exento de piratería y conexiones con el gobierno, alguien al que solo le importaba una cosa: su objetivo de honrar la muerte de su maestro convirtiéndose en el mejor espadachín del planeta y esa persona no era otra que Musashi, el vagabundo.
Sigrud pudo observar a un hombre pequeño en su comparación pero que en cierto modo no se doblegaba ante su mirada ni ante él pues su presencia y postura desbordaban poder. Aun que su kimono estaba destrozado, manchado, roto y roído la presión de su mera existencia doblaba a la realidad para imitar a un deidad bajada a lo cielos, más bien la de un ángel. Sobre su frente tenía una cicatriz perfecta en forma de equis acompañada por mas cicatrices coma la de su mejilla u oreja , sus manos estaban llenas de heridas y cicatrices y así todo su cuerpo lleno de heridas de combates que había ganado con anterioridad. Atado a su kimono llevaba una bolsa en la que reposaba la foto de su antiguo maestro y vestía un calzado de sandalias de madera las cuales le elevaban un poco del suelo haciendo que su altura final fuera de un metro y ochenta y seis centímetros, desde su espalda sobresalían las puntas de dos alas blancas. Bajo el kimono, atado a la faja que lo rodeaba por su interior Musashi llevaba una pequeña bolsa de felpa que el denominaba macuto, esta bolsa, no era visible para Sigrud, pero si que era el objeto más preciado del vagabundo. Este hombre reposaba sobre sus rodillas y tan pronto como vio aparecer al buccaner se levantó de su posición con un leve balanceo hacia sus punteras.
Ante las palabras de Sigrud, las cuales, ni si quiera respondió y con un movimiento descendente de su espada se colocó en guardia girando con la muñeca el arma, su posición se cerró de una manera bastante extraña para lo que se esperaría de un espadachín, adelantando el hombro derecho y elevando a la altura del pecho un puño sin mayor protección que unos vendajes mugrientos, la espada pasó a estar agarrada como una especie de puñal agarrada de una manera bastante poco común, pues, en vez de enfocar el filo contra Sigrud Musashi dejó que la punta apuntara hacia el suelo y el filo amenazase a su oponente, aquella postura se asemejaba más a un arte marcial que a la postura natural de un espadachín, con un leve movimiento que resonó con las chinas del suelo el talón se cerró y ancló la posición y allí a 20 metros de Sigrud, miró con un rostro inexpresivo al enorme rubio y sin más que añadir, con la mano adelantada sin más que añadir y viendo que ese hombre quería combatir le esperó, sin nervios ni pasión por el combate, con la misma diligencia que uno camina, por costumbre.
off rol
Contenido Oculto
INFORMACIÓN DE LA AVENTURA
FICHA DEL NPC
Bélico
![[Imagen: 51pnN8x.png]](https://imgur.com/51pnN8x.png)

![[Imagen: musashi.jpg]](https://i.ibb.co/zhVKDnwt/musashi.jpg)