FIC | Pasado de Rill| Saga de Ilsia
#5
La comisión del Recuento

La comisión del Recuento de Manos de Akarui llegó a media mañana, con paso de oficina y botas sin una pizca de barro. Traían capas claras, una caja de metal con cerradura y un libro de tapas negras atado con cordel (olía a tinta fuerte; Rill reconoció ese olor que se pega en la nariz). El que iba al centro sonreía con dientes pequeños, demasiado pulidos: Brench. «Material sensible», dijo. «Debe resguardarse». La plaza del mercado de Akarui, que llevaba una hora oyendo recibos leídos en voz alta, se quedó en silencio como mar en bajamar. Rill bajó el tono sin bajarlo del todo. «Estamos cotejando sellos, fechas y timbres», explicó; «cada papel vuelve a su dueño». El de la sonrisa pidió la mesa. «Y la caja», añadió, tocando el metal como quien reclama un trofeo.

Rill no discutió (recordó: "No discutir, leer"). Señaló la tabla donde tenían los papeles abiertos y dijo: «Si suben a esa caja, suben con acta y con copia». Brench alzó un papel timbrado. «Ventanilla», dijo, como si esa palabra fuera una solución. «Plaza», corrigió Rill. «Con sillas y testigos». Sira acercó su recibo; Nerea dejó a su lado un cuenco de sopa que todavía humeaba (no lo probó; la escena pedía tinta). «Cítenos el reglamento por número», añadió Rill, sereno. El sello del funcionario colgó un poco (la cinta estaba gastada; un hilo deshilachado bailaba en la punta). «Procedimientos», murmuró Brench, pero no hubo cifras ni artículos. Entonces apareció Eno, el exescribano, chaqueta limpia, pulso con temblor leve, y puso sobre la mesa un cuaderno foliado que había traído de su casa. «La ley no prohíbe papel ni firma», dijo. Rill le cedió el centro como quien abre paso en el muelle.

Se redactó un acta sencilla: día, hora, lugar, nombres y cargos presentes, lista de documentos que la comisión pretendía llevarse y oposición de la comunidad a que salieran sin copia. «Acta de lectura pública en plaza», tituló Eno (le quedó una letra temblona; no la arregló). Rill dictó los puntos sin alzar la voz; la gente repitió fechas y completó apellidos. Cuando tocó sellar, el auxiliar más joven acercó el lacre con manos nerviosas (tenía la oreja izquierda curtida; Rill lo había visto antes). «Firme aquí», pidió Eno a Brench. El administrador mojó la pluma (raspaba un poco; la tinta estaba muy espesa) y firmó con gesto de toalla dura. «Volveremos con orden superior», dijo, como si eso pudiera deshacer lo escrito. Rill asintió. «Aquí lo esperan los asientos», contestó. «Con sol y gente, no muerden».

A falta de espectáculo, la plaza ofreció constancia: Sira dejó su recibo bien estirado; Mateo abrió el libro viejo del mercado por la página marcada con cordel (dos sellos mellizos en días imposibles); Lise sostuvo tres formularios con "deuda previa" agrandada como boca de pez. «Esto se revisa donde la isla pueda mirar», dijo Rill. Brench probó otra vez: «En oficina es más rápido». «Más oscuro», respondió Rill sin alzar el volumen. El auxiliar joven bajó la vista. Se acercó a Rill en un descuido y, con voz de agua, dejó caer una noticia: «Traslados por excedente… a la cantera de la isleta negra». «¿Excedente de manos?», preguntó Rill. El muchacho asintió sin mirarlo (Rill anotó en su cabeza: "Camilo? Camilo."). «Escriba lo que sepa», pidió. Lo que recuerde. «Con pocas líneas alcanza».

El resto del día fue lectura y devolución. A cada papel que entraba en la caja de “por copiar”, Rill le hacía un dibujo mínimo en el margen para recordarlo luego (un anzuelo, una boya, una gaviota mal hecha). Nerea, con la paciencia de tabernera vieja, ordenaba turnos; Eno, encantado de volver a oficio, numeraba hojas y soplaba para que el lacre enfriara (se le pegó uno en la yema; lo apartó con una sonrisa terrosa). «Hoy comemos en paz», dijo Nerea al final, y los cuencos de sopa de roca pasaron de mano en mano como remos. Rill probó dos cucharadas. «Sal justa», comentó (no era halago de compromiso; la sal abría el pecho). Brench, viendo que ese día no ganaría, recogió su caja y prometió "volver con orden superior". Nadie le impidió irse. Nadie le dejó llevarse un papel sin copia.

Esa tarde, en la barcaza, Rill copió en limpio con la lámpara baja (el vidrio seguía ahumado; lo giró para que no hiciera sombra). Apunte de libreta: "Acta en plaza, firmada por Brench y Eno; lacre: 3 sellos (uno pegado al dedo de Eno; no quitar). Frase de B.: “ventanilla”, responder “plaza”. Aux. joven: oreja izquierda curtida; posible Camilo (confirmar). Traslado por “excedente” a isleta negra, pedir lista de embarque. Dibujos para recordar: anzuelo (recibo de Sira), boya (libro de mercado), gaviota chueca (formularios de Lise). Cuña para mesa, pedir madera a Mateo. Notar: cinta del sello de Brench deshilachada (detalle). Nota a mí: "No discutir, leer"; "Si hay acta, hay camino".
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