23-09-2025, 11:00 PM
Ya habían pasado semanas desde que Jin decidió, con todo su buen corazón, acogernos en su casa, una casa inmensa y elegante. No tenía porque hacerlo, pero cuando vio que una mujer muy malherida estaba inconsciente en mis brazos su bondad no pudo quedarse inmovil, sabía que podía confiar en él. Cierto era que apenas le conocía, solo lo había visto una vez compitiendo por comida, pero en aquel momento pude ver su alma caritstiva, aunque fuese solo en el fondo.
Aquellos días fueron extraños, Jin fue rápido en su actuar, no solo nos dejó un lugar donde descansar y que la chiquilla se recuperase, tambien trajo un medico que trato las severas lesiones de la muchacha de pelo azul. Incluso permitió que me quedara allí viviendo en mis propias carnes los lujos y comodidades de las estancias, camas mullidas, cojines y tapizados de coñores burdeos, muebles de madera maciza bien conservada, no escarimaba en gastos el hombre. Jamás me había visto envuelto entre tanto oropel, yo acostumbraba a un entorno mas humilde, incluso antes de que acabase mendigando, realmente me sentía un poco fuera de lugar. Sea como fuere, lo importante es que la chica se recuperase y saliese de ese caserón por su propio pie, aí que acepte todos esos cuidados hacia mi en silencio y de manera agradecida y respetuosa.
Cada uno de aquellos días fue un sin vivir, la mujer no despertaba, por suerte aún respiraba y tenía pulso. Por mi parte no pude hacer nada mas que quedarme a su lado por horas, observando su magullado y amoratado cuerpo durmiendo entre las sábanas de seda. Día y noche, las únicas veces que salia de aquel cuarto era cuando el medico entraba para seguir su tratamiento y cuando Jin lograba sacarme a comer y entretenerme, aunque la verdad es que lo vi poco y las escasas veces que lo veía parecia distraído, se notaba que era un hombre muy ocupado con su trabajo.
Guardaespaldas vigilaban la puerta del cuarto en el que lanpaciente se encontraba, escudriñando atentos para que nadie sin autorización pasase a visitarla. Esos calurosos días terminaron al vigésimo octavo amanecer, donde el hombre de buen ver y yo escuchamos gritos durante una comida conjunta, una comida deliciosa en un cuarto inmenso que se sentía vacío y sin alma, aunque enormemente hermoso el comedor. Él se preocupó y se levantó para ver que era lo que ocurría. Lo seguí sin oensarlo dos veces, habia reconocido la voz de esos alaridos, era ella de nuevo, necesitaba mi ayuda de nuevo. Mi paso fue rapido y nervioso, hasta que llegamos a la escalera, donde esa mujer estaba bajando apresurada y gritando, se le veía nerviosa y desesperada ¿Acaso alguien le había importunando? No parecía mas magullada de lo que ya estaba, tal vez tuvo una pesadilla. -Tranquila pequeña, todo esta bien.- Sonreí lo mas afable y tranquilo que pude acercándome a ella para tomarle de las manos, ambos pudimos notar la piel del otro, yo pude apreciar la susvidad de sus dedos y ella, por desgracia, sentiría los callos de mis palmas. El hombre elegante encendía un cigarro, que mala manía, y advirtió a la muner de su estado fingiendo indiferencia. A mi no me engañaba, hasta él estaba preocupado y sorprendido a partes iguales.
La verdad es que Jin parecía sorprendido y escamado desde que le expliqué que sucedio para llegar a oedirle ayuda, y de todo lo que tuve que hacer para llegar ambis vivos. Era cierto que yo no parecía un gran guerrero, pero… ¿Tan sorprendente resultaba que yo fuese capaz de tumbar a tres mujeres inexpertas? Si que inspiraba vulnerabilidad.
Aquellos días fueron extraños, Jin fue rápido en su actuar, no solo nos dejó un lugar donde descansar y que la chiquilla se recuperase, tambien trajo un medico que trato las severas lesiones de la muchacha de pelo azul. Incluso permitió que me quedara allí viviendo en mis propias carnes los lujos y comodidades de las estancias, camas mullidas, cojines y tapizados de coñores burdeos, muebles de madera maciza bien conservada, no escarimaba en gastos el hombre. Jamás me había visto envuelto entre tanto oropel, yo acostumbraba a un entorno mas humilde, incluso antes de que acabase mendigando, realmente me sentía un poco fuera de lugar. Sea como fuere, lo importante es que la chica se recuperase y saliese de ese caserón por su propio pie, aí que acepte todos esos cuidados hacia mi en silencio y de manera agradecida y respetuosa.
Cada uno de aquellos días fue un sin vivir, la mujer no despertaba, por suerte aún respiraba y tenía pulso. Por mi parte no pude hacer nada mas que quedarme a su lado por horas, observando su magullado y amoratado cuerpo durmiendo entre las sábanas de seda. Día y noche, las únicas veces que salia de aquel cuarto era cuando el medico entraba para seguir su tratamiento y cuando Jin lograba sacarme a comer y entretenerme, aunque la verdad es que lo vi poco y las escasas veces que lo veía parecia distraído, se notaba que era un hombre muy ocupado con su trabajo.
Guardaespaldas vigilaban la puerta del cuarto en el que lanpaciente se encontraba, escudriñando atentos para que nadie sin autorización pasase a visitarla. Esos calurosos días terminaron al vigésimo octavo amanecer, donde el hombre de buen ver y yo escuchamos gritos durante una comida conjunta, una comida deliciosa en un cuarto inmenso que se sentía vacío y sin alma, aunque enormemente hermoso el comedor. Él se preocupó y se levantó para ver que era lo que ocurría. Lo seguí sin oensarlo dos veces, habia reconocido la voz de esos alaridos, era ella de nuevo, necesitaba mi ayuda de nuevo. Mi paso fue rapido y nervioso, hasta que llegamos a la escalera, donde esa mujer estaba bajando apresurada y gritando, se le veía nerviosa y desesperada ¿Acaso alguien le había importunando? No parecía mas magullada de lo que ya estaba, tal vez tuvo una pesadilla. -Tranquila pequeña, todo esta bien.- Sonreí lo mas afable y tranquilo que pude acercándome a ella para tomarle de las manos, ambos pudimos notar la piel del otro, yo pude apreciar la susvidad de sus dedos y ella, por desgracia, sentiría los callos de mis palmas. El hombre elegante encendía un cigarro, que mala manía, y advirtió a la muner de su estado fingiendo indiferencia. A mi no me engañaba, hasta él estaba preocupado y sorprendido a partes iguales.
La verdad es que Jin parecía sorprendido y escamado desde que le expliqué que sucedio para llegar a oedirle ayuda, y de todo lo que tuve que hacer para llegar ambis vivos. Era cierto que yo no parecía un gran guerrero, pero… ¿Tan sorprendente resultaba que yo fuese capaz de tumbar a tres mujeres inexpertas? Si que inspiraba vulnerabilidad.
