24-09-2025, 08:07 PM
Sigurd había levantado la mano para detener a su compañero cuando escuchó las voces. Estaban a 15 metros del claro, ocultos entre la densa vegetación. El gigante de siete metros hizo gestos exagerados llevándose el dedo a los labios y luego señalando su oído. Era el momento perfecto para una emboscada. Como un verdadero guerrero usando el factor sorpresa. Dio un paso sigiloso entre los helechos gigantes. Luego otro. Una... dos... y... La raíz apareció de la nada. O tal vez siempre estuvo ahí, pero el pie de Sigurd decidió encontrarla justo en ese momento. El estruendo de sus siete metros estrellándose contra el suelo húmedo resonó por toda la selva. Pájaros de colores brillantes salieron volando de los árboles cercanos, sus graznidos mezclándose con el eco del impacto. Hasta algunos monos chillaron asustados, saltando entre las ramas más altas. Un rugido distante (definitivamente de algo grande y carnívoro) respondió al estruendo desde algún lugar hacia el este. Sigurd levantó la cara del barro, con medio rostro cubierto de lodo tropical y musgo, y sin siquiera intentar levantarse, gritó a pleno pulmón – “¡POR ALLÍ UBBE!” – señalando vagamente hacia ninguna parte – “¡AHORA, ATAQUE SORPRESA SIN QUE SE LO ESPEREN!”
Los tres del campamento, que estaban a 20 metros de donde Sigurd había caído, se giraron al unísono hacia el origen del escándalo. El claro donde habían montado su campamento medía exactamente 8 metros de diámetro, justo lo suficiente para su fogata central y sus equipos dispersos alrededor. Las mochilas y herramientas estaban apoyadas contra las rocas cubiertas de musgo que delimitaban el espacio. La chica, de nombre Jessie, ya tenía un látigo en la mano; el chico, de nombre James, había adoptado una pose de combate bastante ridícula a 2 metros de la fogata que chisporroteaba; y, el mink de nombre Meowth, había sacado las garras, posicionándose sobre una roca de metro y medio de altura en el perímetro del campamento. El silencio que siguió fue interrumpido solo por el rumor del viento que comenzaba a agitarse con más fuerza entre las copas de los árboles prehistóricos. Las primeras gotas gordas empezaron a caer, golpeando las enormes hojas con un sonido similar a tambores lejanos. Otro rugido, esta vez desde el norte, más profundo y gutural, hizo vibrar ligeramente el aire.
Jessie y James intercambiaron una mirada desde sus posiciones en el campamento. Luego observaron al gigante barbudo cubierto de barro que seguía en el suelo a 20 metros de distancia, todavía entre la vegetación. Después al otro gigante rubio que permanecía de pie 5 metros detrás del caído – “¿Intentaban emboscarnos?” – preguntó James, todavía en su pose de combate junto a los mapas que había estado estudiando – “Creo que sí” – respondió Meowth desde su roca, bajando las garras lentamente. Sigurd finalmente se incorporó, sacudiéndose el barro de la barba dorada mientras se ponía de pie. Su altura imponente debería haber sido intimidante, pero con medio cuerpo cubierto de lodo, hojas pegadas al pelo y un helecho pequeño colgando cómicamente de su hombro, el efecto se perdía bastante. Avanzó los 20 metros hacia el claro, con Ubbe siguiéndolo a 4 metros de distancia. Fue entonces cuando un relámpago iluminó el cielo, revelando por un instante las siluetas de pterodáctilos enormes volando en círculos sobre las nubes de tormenta.
Como si fuera una señal para el inicio de un acto teatral, Jessie y James se miraron con esa complicidad que solo años de práctica pueden crear. Se movieron rápidamente al centro del pequeño claro, posicionándose a cada lado de la fogata que comenzaba a sisear con las primeras gotas – “Bueno” – dijo Jessie, guardando el arma en su espalda y adoptando una pose dramática que casi la hace chocar con una de las tiendas improvisadas a 3 metros de ella – “ya que están aquí...” – continuo, tras lo cual James agrego como si tuvieran una rutina ensayada y perfeccionada – “…Y ya que claramente no son una amenaza competente..." – añadió James, esquivando por poco uno de los mapas que el viento comenzaba a levantar. El cielo se iluminó con otro relámpago, y por un momento se pudo ver la silueta masiva de un dinosaurio a 200 metros de distancia, su largo cuello recortado contra el cielo tormentoso.
"¡Prepárense para los problemas!"
Exclamó Jessie, dando un paso dramático hacia adelante mientras su largo cabello rosado ondeaba con el viento tempestuoso.
"¡Y más vale que teman!"
Añadió James, cruzándose de brazos con una pose estudiada, aunque tuvo que sostener su sombrero para que no saliera volando. Otro relámpago, más cercano esta vez. El trueno siguió casi inmediatamente, haciendo que algunos instrumentos metálicos del campamento vibraran con el sonido.
"¡Para proteger al mundo de la devastación!"
"¡Para unir a todos los pueblos dentro de nuestra nación!"
La lluvia comenzó a intensificarse. Las gotas salpicaban la fogata, creando pequeñas columnas de vapor que se mezclaban con el humo.
"¡Para denunciar los males de la verdad y el amor!"
"¡Para extender nuestro reino hasta las estrellas!"
Un relámpago particularmente brillante cayó a 50 metros del claro, haciendo que un árbol antiguo de 40 metros de altura crujiera ominosamente. La luz eléctrica iluminó todo el claro como si fuera mediodía, revelando cada detalle del improvisado campamento: las redes para cazar colgadas entre dos postes de madera, los sacos de dormir enrollados apresuradamente contra las rocas, y lo que parecían ser planos detallados de la isla clavados en un tronco muerto.
"¡Jessie!"
James señaló al cielo con dramatismo justo cuando otro rayo surcaba las nubes, iluminando brevemente las alas membranosas de algún reptil volador.
"¡James!"
“El equipo cohete viajando a la velocidad de la luz”
“Ríndanse ahora o prepárense para luchar”
Meowth saltó entre ambos desde su roca, recorriendo 3 metros en el aire antes de aterrizar perfectamente sobre sus patas traseras en el centro exacto del pequeño claro, mientras un trueno ensordecedor hacía temblar el suelo.
"¡Meowth, así es!"
Los tres adoptaron una pose final coordinada justo cuando un relámpago masivo iluminó todo el claro, creando siluetas dramáticas contra el fondo de la selva oscurecida. El destello reveló por un instante los ojos brillantes de varias criaturas observando desde la vegetación a 10 metros del perímetro. El agua ya caía con fuerza considerable, comenzando a empapar a todos. La fogata luchaba valientemente contra las gotas, pero era una batalla perdida. Los papeles y mapas de aquellos tres individuos comenzaban a mojarse peligrosamente.
Jessie carraspeó, abandonando la pose teatral mientras el agua comenzaba a arruinar su peinado. Se acercó 2 metros hacia los gigantes, quedando a 4 metros de ellos – “Es nuestra presentación oficial. Ahora, si han terminado de, hmm, lo que sea que estaban intentando hacer.”
“Necesitamos hablar de negocios” – interrumpió James, sacudiéndose el agua del pelo violeta mientras trataba de proteger sus mapas de la lluvia – “Negocios muy lucrativos.”
Meowth dio un paso adelante, sacudiéndose como cualquier gato mojado – “Sí, porque claramente necesitan dinero para clases de sigilo.”
El viento arreció, haciendo que las llamas de la fogata moribunda danzaran erráticamente, proyectando sombras extrañas sobre las caras de todos los presentes en el reducido espacio del claro – “Miren, vayamos al grano antes de que nos ahoguemos todos aquí” – dijo Meowth, cubriéndose de la lluvia con una pata mientras se acercaba otro metro hacia ellos – “Vinimos a Little Garden por una razón muy específica.”
“Huevos de dinosaurio” – declaró Jessie sin rodeos, abandonando todo pretexto teatral mientras un relámpago iluminaba su rostro determinado – “Los dinosaurios de esta isla ponen huevos que valen una fortuna en el mercado negro. Cada huevo puede venderse una fortuna si tienes los contactos adecuados.”
James asintió vigorosamente mientras intentaba proteger uno de sus mapas de la lluvia, acercándose también hasta quedar a 3 metros de los gigantes – “El problema es que, bueno, digamos que no esperábamos que los padres fueran tan protectores.”
“Y grandes” – añadió Meowth, levantando las patas para indicar el tamaño – “Muy, muy grandes. Hablamos de 15 metros de altura. Con dientes de 30 centímetros.”
Jessie se acercó un paso más, quedando a solo 3 metros de Sigurd y Ubbe. El agua corría por su rostro, pero sus ojos brillaban con determinación – “Escuchen, ustedes dos parecen del tipo que puede con un par de dinosaurios. Nosotros tenemos la información, sabemos exactamente dónde están los nidos, cuándo los dejan solos, y más importante, como comerciar estos huevos.”
James desplegó rápidamente uno de sus mapas mojados sobre una roca plana, señalando una ubicación específica a 5 kilómetros al noroeste – “Los nidos están aquí, en una cueva a 30 metros de altura en el acantilado. Los padres cazan al amanecer y al atardecer, dejando una ventana de 2 horas donde los huevos quedan desprotegidos.”
Un trueno particularmente fuerte hizo que todos se sobresaltaran ligeramente. La lluvia ya era un diluvio completo, convirtiendo el suelo del claro en barro. La fogata dio sus últimas bocanadas de humo antes de morir completamente.
“Sesenta mil berries para cada uno si consiguen traernos al menos un huevo” – gritó Jessie por encima del ruido de la tormenta – “Es la tarifa base. Un huevo, sesenta mil para cada uno de ustedes. El huevo mide aproximadamente 50 centímetros de alto y pesa unos 20 kilos.”
“Y si consiguen más de uno entre los dos, añadimos treinta mil extra a cada uno.” – agregó James, tratando de mantener su elegancia mientras el agua le chorreaba por todas partes – “Noventa mil berries por cabeza si traen dos o más huevos. Los nidos suelen tener entre 3 y 5 huevos.”
Meowth saltó sobre una roca de un metro de altura para estar más alto, aunque la lluvia lo estaba empapando por completo – “Piénsenlo bien, es dinero fácil para tipos como ustedes. Nosotros les damos la ubicación exacta, ustedes van mañana al amanecer cuando los dinosaurios salgan a cazar, toman los huevos, todos ganamos.” – Otro relámpago cayó a 100 metros de distancia, iluminando el claro entero. El trueno fue casi instantáneo, haciendo vibrar el aire. Un rugido distante respondió al trueno - algo a 600 metros al sur no estaba contento con el ruido – “¿Entonces qué dicen?” – gritó Jessie, su cabello rosado ahora completamente pegado a su cabeza y espalda – “¿Tenemos un trato?”
La tormenta rugía con toda su furia tropical alrededor de ellos, convirtiendo el claro de 8 metros en una piscina de barro. El viento doblaba los árboles gigantes y la lluvia caía tan fuerte que apenas podían verse unos a otros a pesar de estar a solo 3 metros de distancia.
Detalles Importantes
OFF

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