25-09-2025, 07:50 AM
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Tan cruel que es el olvido.
Caminar por las calles de ese pequeño pueblo se siente como caminar por una enorme ciudad para él. Aquí y allá, a donde mire, todo luce igual, ubicarse es imposible.
Un castigo divino tal vez es vivir tan desorientado, cómo quisiera saber cómo es que su memoria se volvió tan mala, como su sentido de la orientación se vio tan afectado, pero ahora es imposible conocer para él conocer lo hechos, toca entonces, cargar con las consecuencias.
Mirar a una dirección y luego a otra no ayuda en nada, rendirse y pedir guía a algún desconocido que pueda llevarlo hasta el puerto sería lo más sensato, aun cuando se arriesgara a que fuera un marine de civil que, seguramente, no le haría gracia tener que guiar a alguien a un barco pirata, pero… ¿Qué más puede hacer?
La resignación se apodera de él y, entonces, cuando está a punto de hablar con un extraño, los papeles se invierten, y son unos “desconocidos” quienes se acercan a él.
—¿Cherry? ¿Cómo sabes mi apodo? ¿Nos conocemos? —¿Sería él parte de la tripulación pirata de la que ahora se supone que pertenece? Entrecierra sus ojos, ladea su cabeza y muerde con fuerza su labio inferior hasta que la piel ardió, una mala costumbre de la que no puede deshacerse. —Rojo…
Rojo. Ese color, ese tono en específico, siente haberlo visto antes, además, por la familiaridad con la que le habla y por la tarea tan simple que le pide, no…no puede ser alguien con quien tenga problemas. Dejó de lastimar su labio y le sonrió con amabilidad al pelinegro que lo ha salvado de seguir caminado sin rumbo por el mercado.
—Sí, supongo que puedo ayudarlos en eso si luego me ayudan a regresar al barco —. Reparó entonces en la delicada y etérea mujercita que esta al lado del otro hombre. Esos ojos dorados tan llenos de vida, ese cabello celeste, tan celeste como el mar. Sí, antes lo había visto, ella no es una desconocida, más bien parece alguien interesante ¿También es parte de la supuesta tripulación? —MM —. Repasó su nombre antes de clavar su vista en ella. —Con morado te verías como salida de un carnaval, un lila te iría bien, pero creo que los tonos dorados resaltarían tus bellos ojos.
No esperó respuesta antes de moverse y pronto, guiado por el pelinegro al que de ahora en adelante llamaría “Rojo” y por MM, estuvo dentro de una tienda de ropa, una que le hacía arrugar la cara al ver la tela tan barata de la ropa.
—No, dije que se vería como salida de un carnaval con ese tono tan llamativo, mejor debería probar… —Se giró para buscar un vestido largo con bordados dorados y ese fue tiempo suficiente para que la desgracia llegara.
La voz de “Rojo” hizo que dejara de lado el vestido y mirara a su alrededor, el recuerdo de la muchacha de pelo celeste aún fresco en su mente lo hizo darse cuenta de lo mismo que el pelinegro se señaló, pero, de todos modos ¿Qué tan lejos pudo haber ido en tan poco tiempo?
—Seguro volverá, nadie puede perderse tan fácil —. Sí, bueno, no es que fuera el indicado para decir eso. —¿Por qué no pagamos la ropa y la buscamos luego? —Un ruido molesto llegó a sus oídos, el “tac tac” incesante de una suela de zapato contra el suelo. Bajó la mirada hasta encontrarse con el desesperado movimiento de pie de “Rojo”. Lo analizó por unos segundos antes de subir sus ojos hasta toparse con los del otro hombre. —Si tienes ansiedad puedo recomendarte algo para calmarlo, pareces necesitarlo y…
—Buscarla…claro —. No es que tenga tiempo de reaccionar cuando el otro sujeto lo ha tomado del brazo para arrastrarlo fuera de la tienda sin darle más opción que seguirlo. —Separarnos sería mejor que buscarla juntos… —Refunfuñó sin mucho ánimo antes de quedar frente a un muchachito con ojos extraños y una mano que distaba mucho de ser la de un humano.
Sus ojos brillaron al verlo… ¿Otra especie? ¿Es de otra especie? ¿Un hombre pez, tal vez? Bien, podía empezar a agradecer a MM por perderse y darle la oportunidad de interactuar con una “criatura” tan distinta de lo que siempre solía ver. ¿Habría más como él cerca? Sus ojos, ocultos tras unos lentes transparentes que estaban ahí solo de adorno, porque no los necesitaba, analizaron al chico antes de que este los saludara formalmente y se disculpara por ¿Por qué exactamente? No hay forma que lo culpe por retroceder cuando la apariencia de “Rojo” podía resultar abrumadora algunas veces.
—No hay nada que disculpar —. Empezó a hablar con una sonrisa bastante amable en su rostro, la estrategia de un oportunista que buscaba ganarse la confianza de alguien que le parecía interesante; sin embargo, en ese gesto no se podría observar ningún trazo de falsedad, al menos era una sonrisa genuina. —Me disculpo yo en nombre de mi compañero, sé que puede parecer alguien bastante confianzudo de buenas a primeras —. Bueno, al menos hace pocos minutos lo trató con familiaridad, aunque él no pudiera recordar si quiera su rostro.
—¿Su hermana? —¡Ah! ¡Cierto! Se distrajo tanto con el gyojin que olvidó por completo que se supone están buscando a una chica… ¿Cómo luce ella? La apariencia del chico pez acaparó su mente, haciendo que el recuerdo de MM empezara a nublarse en su mente tan rápido como llegó. Maldijo de nuevo su mala memoria cuando sus dientes volvieron a clavarse en su labio, esta vez sacándole un poco de sangre al concentrarse tanto en pensar en la apariencia de la chica, hasta que: ¡Bingo! Un tono celeste iluminó su mente.
—Ella tiene el cabello celeste, tan celeste como el mar y es tan hermosa como una sirena —. No hay mentiras en sus palabras, pero estas tampoco son demasiado descriptivas. —De todos modos…tal vez…solo haya que llamar su atención para que venga de nuevo con nosotros… —Miró el cielo, perdiéndose unos segundos en el ir y venir de las nubes. —Sí…eso…no queremos molestarte cuando es probable que tengas cosas que hacer…eh...tu… ¿Cómo podemos llamarte?
