25-09-2025, 05:01 PM
El murmullo del club se volvió una orquesta disonante cuando los cristales tintinearon contra el suelo. ¡Crash! Un sonido tan delicioso que me hizo alzar la vista de mi copa, porque sí, honey, yo ya estaba allí desde hace rato. Mezclado con el humo del tabaco, el perfume barato de algunos y el whisky caro de otros, el aroma de este lugar era casi una sinfonía de vicios.
— Jususususu, qué entrada más aburrida para un acto que prometía glamour —musité, dejando que mi risa, tan musical como inquietante, se escapara por mis labios pintados de carmesí.
Reclinado en la barra, con el codo apoyado de manera dramática y la otra mano girando un pequeño espejo de bolsillo, me aseguraba de que cada mechón de mi cabello plateado cayera justo donde debía, because, darling, even in the misfortune of others you have to look presentable, la sangre y las lágrimas resaltan mejor sobre un rostro impecable.
El alboroto crecía, y mis ojitos carmesí lo devoraban todo con curiosidad teatral. Un camarero joven, con manos temblorosas, trataba de recoger los pedazos de vidrio mientras un ricachón gritaba con el pecho inflado de arrogancia. ¡Qué cliché tan mal actuado! Si al menos supiera proyectar la voz como en un buen cabaret. Me incorporé con un movimiento ligero, casi felino, dejando que mi chaqueta corta en tonos rojos y dorados destellara bajo las lámparas. El aroma a miel que siempre me acompaña se mezcló con el humo, abriéndose paso como si yo mismo fuera un perfume viviente.
— Ohhh, honey, honey —chasqueé la lengua con desaprobación mientras avanzaba entre las mesas —¿De verdad desperdicias tus pulmones gritando así? Con esas arrugas que ya asoman, darling, deberías guardar aire para suspirar en la cama, stop ruining my show. — Me agaché de forma repentina, como un bailarín que se arroja al escenario, y con una sonrisa traviesa recogí uno de los vidrios. Lo hice solo para que mi mano rozara la del muchacho, tan nerviosa, tan tierna, que casi quise darle un beso ahí mismo solo por verlo enrojecer hasta las orejas.
— Don’t worry, sweetheart —le susurré, dejando que mi voz fuera un mimo en medio del caos —Todos rompemos copas, lo importante es cómo bailamos entre los cristales. —Luego me levanté de golpe, girando sobre mí mismo con un movimiento exagerado, abriendo los brazos como si el mundo entero fuese mi escenario. Una copa medio llena apareció en mi mano ¿la robé de una mesa? Quizás. ¿Importa? Para nada.
— ¡Ladies and gentlemen! —exclamé con voz fuerte, teatral, acallando algunos murmullos — ¿Qué será de nosotros esta noche? ¿Seguimos con esta comedia barata de gritos y culpas o alguien quiere un verdadero espectáculo? — Mi mirada, carmesí brillante y juguetona, se clavó entonces en ella. La había visto antes, cariño. Esa mujer de cabello blanco que se acomodaba con descuido elegante, traje a medida, cigarro entre los labios. Su porte desprendía la clase de calma peligrosa que me intrigaba, y yo soy adicto a las intrigas.
Caminé hacia ella con pequeños saltitos, casi danzando al ritmo de una música inexistente, tarareando una melodía alegre mientras la multitud abría paso. Me detuve justo frente a ella, inclinando la cabeza como un gato curioso.
— Tú —sonreí de medio lado, dejando que mi dedo índice se acercara juguetonamente a mis labios antes de morderlo suavemente, intrigado —Tú tienes cara de saber bailar, cariño. ¿O acaso prefieres whisky y cigarros conmigo en la barra, mientras dejamos que este pobre hombre se muera de rabia solo? De todas formas, podemos conseguir un hombre mejor cada una, ¿Qué dices? —Di un paso más, invadiendo su espacio con descaro, inclinándome lo suficiente para que mi perfume de miel y flores la envolviera.
— Hi, honeeey… my name is Rosse Bellecour y te advierto algo, si cruzas miradas conmigo esta noche, cariño ya no podrás apartarla de mi espectáculo. — Luego hubo un silencio dramático, mis ojos clavados en los suyos, y luego una carcajada musical que retumbó entre las paredes del club. — Jususususu… curtain call, darling. —
— Jususususu, qué entrada más aburrida para un acto que prometía glamour —musité, dejando que mi risa, tan musical como inquietante, se escapara por mis labios pintados de carmesí.
Reclinado en la barra, con el codo apoyado de manera dramática y la otra mano girando un pequeño espejo de bolsillo, me aseguraba de que cada mechón de mi cabello plateado cayera justo donde debía, because, darling, even in the misfortune of others you have to look presentable, la sangre y las lágrimas resaltan mejor sobre un rostro impecable.
El alboroto crecía, y mis ojitos carmesí lo devoraban todo con curiosidad teatral. Un camarero joven, con manos temblorosas, trataba de recoger los pedazos de vidrio mientras un ricachón gritaba con el pecho inflado de arrogancia. ¡Qué cliché tan mal actuado! Si al menos supiera proyectar la voz como en un buen cabaret. Me incorporé con un movimiento ligero, casi felino, dejando que mi chaqueta corta en tonos rojos y dorados destellara bajo las lámparas. El aroma a miel que siempre me acompaña se mezcló con el humo, abriéndose paso como si yo mismo fuera un perfume viviente.
— Ohhh, honey, honey —chasqueé la lengua con desaprobación mientras avanzaba entre las mesas —¿De verdad desperdicias tus pulmones gritando así? Con esas arrugas que ya asoman, darling, deberías guardar aire para suspirar en la cama, stop ruining my show. — Me agaché de forma repentina, como un bailarín que se arroja al escenario, y con una sonrisa traviesa recogí uno de los vidrios. Lo hice solo para que mi mano rozara la del muchacho, tan nerviosa, tan tierna, que casi quise darle un beso ahí mismo solo por verlo enrojecer hasta las orejas.
— Don’t worry, sweetheart —le susurré, dejando que mi voz fuera un mimo en medio del caos —Todos rompemos copas, lo importante es cómo bailamos entre los cristales. —Luego me levanté de golpe, girando sobre mí mismo con un movimiento exagerado, abriendo los brazos como si el mundo entero fuese mi escenario. Una copa medio llena apareció en mi mano ¿la robé de una mesa? Quizás. ¿Importa? Para nada.
— ¡Ladies and gentlemen! —exclamé con voz fuerte, teatral, acallando algunos murmullos — ¿Qué será de nosotros esta noche? ¿Seguimos con esta comedia barata de gritos y culpas o alguien quiere un verdadero espectáculo? — Mi mirada, carmesí brillante y juguetona, se clavó entonces en ella. La había visto antes, cariño. Esa mujer de cabello blanco que se acomodaba con descuido elegante, traje a medida, cigarro entre los labios. Su porte desprendía la clase de calma peligrosa que me intrigaba, y yo soy adicto a las intrigas.
Caminé hacia ella con pequeños saltitos, casi danzando al ritmo de una música inexistente, tarareando una melodía alegre mientras la multitud abría paso. Me detuve justo frente a ella, inclinando la cabeza como un gato curioso.
— Tú —sonreí de medio lado, dejando que mi dedo índice se acercara juguetonamente a mis labios antes de morderlo suavemente, intrigado —Tú tienes cara de saber bailar, cariño. ¿O acaso prefieres whisky y cigarros conmigo en la barra, mientras dejamos que este pobre hombre se muera de rabia solo? De todas formas, podemos conseguir un hombre mejor cada una, ¿Qué dices? —Di un paso más, invadiendo su espacio con descaro, inclinándome lo suficiente para que mi perfume de miel y flores la envolviera.
— Hi, honeeey… my name is Rosse Bellecour y te advierto algo, si cruzas miradas conmigo esta noche, cariño ya no podrás apartarla de mi espectáculo. — Luego hubo un silencio dramático, mis ojos clavados en los suyos, y luego una carcajada musical que retumbó entre las paredes del club. — Jususususu… curtain call, darling. —
