El reflejo de un pez (Pasado/Libre]
#1
El mar me trajo hasta aquí después de varios días de navegación. No esperaba encontrarme con un lugar como este: la Isla Karate. Desde la distancia ya podía distinguir su silueta extraña, casi perfecta en forma circular, con aquella montaña colosal en el centro que parecía tocar las nubes. No era una montaña común; de sus laderas emergían bonsáis gigantescos, con ramas tan gruesas como barcos y hojas que brillaban con un verde intenso. El viento que bajaba desde su cima traía consigo un aroma fresco, a tierra húmeda y madera viva.
 
Mientras me acercaba, escuchaba los ecos de tambores, gritos de esfuerzo y el choque de cuerpos entrenando. Dojos construidos a distintas alturas de la montaña resonaban como colmenas llenas de vida, la disciplina impregnaba cada rincón de la isla, era palpable, casi como si el aire mismo estuviera cargado con la energía del Ki de quienes aquí dedicaban sus vidas al entrenamiento, a los pies de la montaña, arrozales interminables reflejaban el sol como espejos verdes, vi hombres y mujeres descendiendo en cuclillas, cargando cubos de agua, riendo y esforzándose al mismo tiempo, como si incluso el trabajo del campo fuera parte de un arte marcial.
 
No vine a competir, ni a buscar un maestro, vine porque el mar me arrojó aquí y porque sentí que debía detenerme, aunque solo fuera por un momento, el viaje reciente había sido largo, y dentro de mí sentía una necesidad silenciosa, detener el ritmo, respirar, escuchar de nuevo.
 
Me aparté de los caminos que conducían a los dojos y seguí el sonido del agua. A un lado de los arrozales encontré un río poco profundo, de aguas claras y corrientes suaves, no era grande, pero el murmullo del agua era constante, como una canción discreta que parecía llamarme y las piedras en el lecho brillaban bajo el sol, y pequeños peces nadaban entre mis pies cuando me acerqué.
 
Me quité los zapatos negros y recogí mi túnica blanca para no empaparla demasiado. El agua estaba fría, un frío limpio, que me recorrió los tobillos como si me recordara que seguía viva, entonces caminé lentamente hacia el centro del río, dejando que la corriente se acomodara alrededor de mi cuerpo, no me resistí, simplemente me senté, doblando las piernas sobre una roca plana que apenas sobresalía de la superficie.
 
El río me recibió en silencio, con una paz que pocas veces se encuentra en medio de la vida de un pirata, cerré los ojos, respiré. Inspirar, mantener, soltar, ese mismo ritmo que aprendí en el monasterio y que aún me guía, el sol me calentaba la piel mientras el agua me rodeaba, y en ese contraste encontré un equilibrio.
 
Podía escuchar todo a mi alrededor con claridad, el canto de los insectos en los arrozales, las risas lejanas de los aprendices que entrenaban, el murmullo de los bonsáis gigantes al mecerse con el viento y más allá, en lo profundo, un silencio aún mayor, ese que no viene del exterior sino de dentro.
 
Me sentí de nuevo como una niña en la isla donde crecí. El eco de los rezos de los monjes regresó a mí, suave, lejano, como si fueran olas en mi memoria, recordé las largas horas en posición de loto bajo la sombra del templo, los mantras repetidos con paciencia, el peso ligero de mis alas dobladas a mi espalda, todo eso lo llevé conmigo siempre, pero en el ruido constante del mar y de la vida pirata, a veces se pierde, hoy, aquí, lo recuperé.
 
No necesito ganar un torneo para sentirme fuerte, no necesito demostrar nada en un estadio ni ante un rey del Kárate. La verdadera fuerza, lo sé bien, está en mantener la calma cuando todo alrededor exige prisa, en escuchar cuando otros gritan, en proteger cuando otros destruyen.
 
Mientras meditaba, un pez se acercó hasta mi mano derecha, rozando mis dedos con su aleta, fue cuando abrí los ojos lentamente y vi cómo la corriente lo arrastraba río abajo, sonreí, la vida es así, siempre fluyendo, siempre siguiendo su curso, sin detenerse jamás. Quizás yo también soy arrastrada, lo sé, pero eso no me da miedo, tengo prisa, sí, porque mi tiempo es breve, pero cada instante en calma es un regalo.
 
Hoy mi huella en esta isla no será la de una batalla ganada ni la de un enemigo vencido. Será simplemente esta: una mujer alada sentada en medio de un río, respirando, recordando quién es, y dejando que el agua le enseñe a seguir fluyendo.
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Mensajes en este tema
El reflejo de un pez (Pasado/Libre] - por Chen Huizen - 25-09-2025, 07:04 PM
RE: El reflejo de un pez (Pasado/Libre] - por Einarr - 29-09-2025, 03:06 AM
RE: El reflejo de un pez (Pasado/Libre] - por Einarr - 05-10-2025, 11:45 PM

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