25-09-2025, 10:01 PM
Una mujer ciega siendo acosada por 3 niños, y encima decía que no debía entregarlos a la policía. Uker no sabía si era alguien demasiado confiada o demasiado ingenua, pero en cualquiera de los dos casos, necesitaba ayuda. - No lo haré, a menos que vuelvan a causar problemas cerca mío -. Porque tampoco quería acercarse a las autoridades, y mucho menos a la marina, o todo podría acabar peor.
Ahora era ella quien aceptaba simplemente estar poco tiempo en el lugar, y además haber perdido lo más importante. - Oh… -. La mirada del cocinero recorrió el callejón con velocidad, no encontrando el bastón por ningún lado. Esos niños, seguro uno se lo había llevado y él no se había percatado. Ya se los arrebataría en cuanto los vea de nuevo. - Creo que se lo llevaron, lo siento -. Se mantuvo cerca de ella, viendo como le costaba caminar no estaría contento si se cayera incluso teniéndolo al lado. - Puedes tomar mi brazo si necesi… -.
No hizo falta que termine la frase antes de tener a la mujer agarrada a su mano de nuevo. - ¿Un hostal? Tampoco soy de aquí, no sabría decirte donde queda -. Él era del mismo lugar que esos niños que la atacaron. - ¿Recuerdas el nombre? Podría buscarlo y ayudarte a llegar si ese es el caso -. Fue en ese momento que ella propuso algo descabellado. - ¿Qué? No, claro que no -. Ese era su dinero, como podría regalarlo así. - Ellos no te volverán a molestar, o debes tener miedo de que vuelvan -. Pero ese no parecía ser el caso, simplemente se trataba de una persona demasiado buena, que había caído en el juego de esos mocosos.
- Escucha, sus madres se enojaran conmigo si les doy dinero de la nada, son gente muy orgullosa -. No mentía con eso, las mujeres habían dejado muy en claro que preferían salir adelante trabajando, por mucho que cueste en su situación. - Además, solo son travesuras de niños, te aseguro que sus madres sabrán que decirles en cuanto vuelan a casa -.
Aún espera que la muchacha le de direcciones, pero se encargó de al menos salir del callejón, manteniéndose cerca de ella para guiarla. - ¿Qué te parece si vamos a comprar un bastón para ti? Si esos muchachos se lo llevaron, no podré recuperarlo pronto, y asumo que no será de tu agrado caminar todo el tiempo a mi lado -. Incluso si no tenía problemas con que él la guíe, ¿Qué haría a la mañana siguiente? Muy seguramente él ya se dirija a su hogar luego de dejarla en el hostal.
Su mirada volvió a recorrer el lugar, intentando encontrar o recordar alguna tienda donde puedan comprar un bastón para ella. - Dime, ¿Cómo te llamas? Yo me llamo Uker, Uker Rackham. Suelen decirme Rack, si es que prefieres algo más informal -. Al menos así lo llamaban las personas en el pueblo en el que vivía, personas que ya lo conocían bien luego de tantos años viviendo cerca. - ¿Acaso eres una viajera? Me sorprendería por… bueno… no importa -. Si Uker, es ciega, pero no debes tratarla como una niña, aprendes rápido.
Ahora era ella quien aceptaba simplemente estar poco tiempo en el lugar, y además haber perdido lo más importante. - Oh… -. La mirada del cocinero recorrió el callejón con velocidad, no encontrando el bastón por ningún lado. Esos niños, seguro uno se lo había llevado y él no se había percatado. Ya se los arrebataría en cuanto los vea de nuevo. - Creo que se lo llevaron, lo siento -. Se mantuvo cerca de ella, viendo como le costaba caminar no estaría contento si se cayera incluso teniéndolo al lado. - Puedes tomar mi brazo si necesi… -.
No hizo falta que termine la frase antes de tener a la mujer agarrada a su mano de nuevo. - ¿Un hostal? Tampoco soy de aquí, no sabría decirte donde queda -. Él era del mismo lugar que esos niños que la atacaron. - ¿Recuerdas el nombre? Podría buscarlo y ayudarte a llegar si ese es el caso -. Fue en ese momento que ella propuso algo descabellado. - ¿Qué? No, claro que no -. Ese era su dinero, como podría regalarlo así. - Ellos no te volverán a molestar, o debes tener miedo de que vuelvan -. Pero ese no parecía ser el caso, simplemente se trataba de una persona demasiado buena, que había caído en el juego de esos mocosos.
- Escucha, sus madres se enojaran conmigo si les doy dinero de la nada, son gente muy orgullosa -. No mentía con eso, las mujeres habían dejado muy en claro que preferían salir adelante trabajando, por mucho que cueste en su situación. - Además, solo son travesuras de niños, te aseguro que sus madres sabrán que decirles en cuanto vuelan a casa -.
Aún espera que la muchacha le de direcciones, pero se encargó de al menos salir del callejón, manteniéndose cerca de ella para guiarla. - ¿Qué te parece si vamos a comprar un bastón para ti? Si esos muchachos se lo llevaron, no podré recuperarlo pronto, y asumo que no será de tu agrado caminar todo el tiempo a mi lado -. Incluso si no tenía problemas con que él la guíe, ¿Qué haría a la mañana siguiente? Muy seguramente él ya se dirija a su hogar luego de dejarla en el hostal.
Su mirada volvió a recorrer el lugar, intentando encontrar o recordar alguna tienda donde puedan comprar un bastón para ella. - Dime, ¿Cómo te llamas? Yo me llamo Uker, Uker Rackham. Suelen decirme Rack, si es que prefieres algo más informal -. Al menos así lo llamaban las personas en el pueblo en el que vivía, personas que ya lo conocían bien luego de tantos años viviendo cerca. - ¿Acaso eres una viajera? Me sorprendería por… bueno… no importa -. Si Uker, es ciega, pero no debes tratarla como una niña, aprendes rápido.
