26-09-2025, 02:38 AM
La noche es joven, y aún hay fiesta para rato. Pese a que esto tenía pinta de bachata tranquila y apta para todos los públicos, pronto se había convertido en un descontrol absoluto, metal del duro para todos aquellos que buscaron problemas con la gente equivocada. Pero con la lección aprendida y el ego bien alto, llegó un ritmo inigualable, la verdadera samba de Samba.
Nuestros protagonistas apenas han tenido tiempo de interactuar entre ellos. Sí, algunos ya se conocen y otros están por hacerlo. Y todos aquí han sido testigos de las capacidades que tiene cada quién en mayor o menor medida. Pero aún no son conscientes y de la fuerza oculta que este grupo guarda en su interior. Por desgracia, no hay tiempo para presentaciones largas, pues DaSilva, poderoso Contramaestre de las fuerzas de Marina, os ha puesto bajo arresto total y absoluto. Acompañado con un par de agentes del Gobierno Mundial y preparado para la batalla, os deja bajo la amenaza más dura que puede vivir un pirata, robar vuestra libertad.
Las mujeres son las primeras en actuar. Con un par de ovarios bien puestos, reniegan de las palabras del perro del gobierno y se lanzan a la ofensiva. Alana, valiente como ella sola y aprovechando su diminuto tamaño como virtud, salta del hombro de Rosse para hacerse cargo de los guardias. Casi oculta en las sombras de la trifulca, alcanza al primero de los agentes de negro y con un poderoso golpe, quiebra los huesos de la pierna del enemigo, causando un dolor tan terrible que lo abate de un solo impacto. Al mismo tiempo, Mercedes ha lanzado un feroz ataque, pero en vez de contra el guardia, contra el mismo Contramaestre. Su valor es inmenso, digno de ser elogiado, pero también su insensatez. Orgullosa, se aproxima lo suficiente para lanzar una patada demoledora, igual o más destructiva que la que mató a la primera agente, pero esta vez no tiene el mismo resultado. Antes si quiera de que pueda alzar la rodilla lo suficiente, el soldado la apunta con el dedo índice de la mano izquierda, la mano empapada. Y con más estilo que poder bruto, hace correr una gota de desde su dedo como una bala, que impacta en el abdomen de la oni. El dolor es tan intenso que le impide continuar con su plan y la frena en seco.
No hay tiempo que perder, y nadie es más fugaz que Rosse Bellecour. Como una verdadera estrella, desata su poder puro y con un destello, atraviesa la pista para convertirse en la estrella... Literalmente. Su paso es cegador, mientras recorre la sala funde los ojos de todos aquellos que estan cerca suyo y osan mirar en su dirección. Pero eso no acaba ahí. En menos de un segundo se planta frente a la mayor amenaza del lugar, y sin vacilar extiende el brazo convertido en un arma cegadora que deja sin visión todo lo que le rodea. El marine no tiene ni tiempo para reaccionar, tan solo puede lamentarse. -¡AAAHHH...!- grita, impotente y sin visión. Lo único que puede hacer es echarse hacia atrás de un salto, mientras se frota los ojos con la mano derecha, inútilmente. Solo ve chispitas recorriendo sus ojos, pues por el momento está completamente ciego, y muy probablemente, pronto, vea las estrellas.
Ryuu no ha tenido tiempo para reaccionar, puede que por falta de coraje o porque estaba a la espera de ver cómo reaccionaban los demás. Algo similar pasa con el mink. En su cabeza sonaba bien la idea de dialogar antes de entrar en combate, pero el resto de sus compañeros se han adelantado y han frustrado por completo sus intentos de mediación o lo que fuera que pudiera conseguir.
La violencia está servida, pero esta vez a favor de los piratas. Pese a eso, todos han sido cegados por Rosse al estar tan cerca de su grandeza. Alana, Mercedes y el Agente Ñ al estar cerca de su brazo lumínico, y Varo y Ryuu al estar cercanos a su ignición fugaz. Ahora el ritmo de la música no es nada más y nada menos que el más seductor e irreverente ritmo del cabaret.
Nuestros protagonistas apenas han tenido tiempo de interactuar entre ellos. Sí, algunos ya se conocen y otros están por hacerlo. Y todos aquí han sido testigos de las capacidades que tiene cada quién en mayor o menor medida. Pero aún no son conscientes y de la fuerza oculta que este grupo guarda en su interior. Por desgracia, no hay tiempo para presentaciones largas, pues DaSilva, poderoso Contramaestre de las fuerzas de Marina, os ha puesto bajo arresto total y absoluto. Acompañado con un par de agentes del Gobierno Mundial y preparado para la batalla, os deja bajo la amenaza más dura que puede vivir un pirata, robar vuestra libertad.
Las mujeres son las primeras en actuar. Con un par de ovarios bien puestos, reniegan de las palabras del perro del gobierno y se lanzan a la ofensiva. Alana, valiente como ella sola y aprovechando su diminuto tamaño como virtud, salta del hombro de Rosse para hacerse cargo de los guardias. Casi oculta en las sombras de la trifulca, alcanza al primero de los agentes de negro y con un poderoso golpe, quiebra los huesos de la pierna del enemigo, causando un dolor tan terrible que lo abate de un solo impacto. Al mismo tiempo, Mercedes ha lanzado un feroz ataque, pero en vez de contra el guardia, contra el mismo Contramaestre. Su valor es inmenso, digno de ser elogiado, pero también su insensatez. Orgullosa, se aproxima lo suficiente para lanzar una patada demoledora, igual o más destructiva que la que mató a la primera agente, pero esta vez no tiene el mismo resultado. Antes si quiera de que pueda alzar la rodilla lo suficiente, el soldado la apunta con el dedo índice de la mano izquierda, la mano empapada. Y con más estilo que poder bruto, hace correr una gota de desde su dedo como una bala, que impacta en el abdomen de la oni. El dolor es tan intenso que le impide continuar con su plan y la frena en seco.
No hay tiempo que perder, y nadie es más fugaz que Rosse Bellecour. Como una verdadera estrella, desata su poder puro y con un destello, atraviesa la pista para convertirse en la estrella... Literalmente. Su paso es cegador, mientras recorre la sala funde los ojos de todos aquellos que estan cerca suyo y osan mirar en su dirección. Pero eso no acaba ahí. En menos de un segundo se planta frente a la mayor amenaza del lugar, y sin vacilar extiende el brazo convertido en un arma cegadora que deja sin visión todo lo que le rodea. El marine no tiene ni tiempo para reaccionar, tan solo puede lamentarse. -¡AAAHHH...!- grita, impotente y sin visión. Lo único que puede hacer es echarse hacia atrás de un salto, mientras se frota los ojos con la mano derecha, inútilmente. Solo ve chispitas recorriendo sus ojos, pues por el momento está completamente ciego, y muy probablemente, pronto, vea las estrellas.
Ryuu no ha tenido tiempo para reaccionar, puede que por falta de coraje o porque estaba a la espera de ver cómo reaccionaban los demás. Algo similar pasa con el mink. En su cabeza sonaba bien la idea de dialogar antes de entrar en combate, pero el resto de sus compañeros se han adelantado y han frustrado por completo sus intentos de mediación o lo que fuera que pudiera conseguir.
La violencia está servida, pero esta vez a favor de los piratas. Pese a eso, todos han sido cegados por Rosse al estar tan cerca de su grandeza. Alana, Mercedes y el Agente Ñ al estar cerca de su brazo lumínico, y Varo y Ryuu al estar cercanos a su ignición fugaz. Ahora el ritmo de la música no es nada más y nada menos que el más seductor e irreverente ritmo del cabaret.
Importante
