26-09-2025, 04:21 AM
La sutileza nunca ha sido mi fuerte. Jamás he tenido que actuar a hurtadillas, como las putas ratas, así que por una vez que lo intento, los dioses me recuerdan con dureza que mi estilo es otro, el de ser una apisonadora de guerra. Mis gritos e intenciones bélicas no llegan a ninguna parte con el tropezón, así que trato de levantarme con toda la entereza posible y evitar dañar más el orgullo ya por los suelos. Fijo que el desgraciado de Ubbe se descojona en mi cara por tremendo espectáculo.
Con la idea de una emboscada hecha trizas, ya solo queda apostar con la moneda de siempre, ir de frente y con todo. Poco a poco, nos vamos acercando, imperiosos, haciendo temblar el suelo con cada paso, quebrando raíces y helechos bajo nuestros pies. Imponente, recuesto a Yggdrasil, enorme como un árbol en mi hombro derecho, mientras que con la mano izquierda me retiro la porquería del cuerpo, recuperando la dignidad y el aspecto intimidante. Ubbe me sigue esta vez, que aunque más pequeño que yo, también es una mala bestia que asusta al más valiente. Una vez ya en el claro, podemos ver de qué figuras se tratan. Los invitados inesperados son tres, una mujer, un hombre y una especie de gato enano parlanchín. El variopinto grupo, lejos de intimidarse y salir corriendo o atacar a la primera de cambio, procede a hacer un show personal junto a la presentación, lleno de poses, coreografía y frases pegadizas. Yo ya soy lobo de mar profundo, pero fijo esto le gusta a mi compañero Buccaneer. Casi que por la forma de vestir, podrían haber llegado del mismo sitio. Sureños, supongo. Aunque su tono de voz y forma de hablar... Me resultan cercanas. Ese acento... Parece sacado de Whisky Peak.
Mientras están todavía con la presentación y las habladurías, yo miro un segundo a mí amigo, a ver cómo está reaccionando. En silencio, sin interrupciones, ladeo un poco la cabeza en dirección al gato, demostrando un interés por la rareza ya no solo de la situación, sino de la criatura. Vamos, por mis cojones que a ese bicho me lo secuestro yo en cuanto de lugar. Compañía para Julie y la mascota para el grupo. Por cierto... ¿Le dejé comida a Julie...?
Los pensamientos son interrumpidos ya no por el final del espectáculo, sino por las gotas de lluvia y truenos que empiezan a caer. La tormenta ha empezado y aun no tenemos cobijo. Sin embargo, el trío cohete o como coño se hagan llamar tienen algo interesante que decir antes de que nos los comamos para cenar y nos quedemos con el mink de premio. Conocen una ubicación especial, un sitio donde se guardan una especie de huevos de las bestias que habitan en esta isla. A mí, como tal, me suda los cojones la idea de traer materiales preciados o suministros para esta gente, pero usan la palabra clave: "mercado negro"
He oído de ese sitio antes. Una red poderosa de compra y venta de mercancías ilegales que se extiende por todo el mundo. Cualquiera puede ser víctima de ella, pero no todo el mundo puede entrar ahí... Y hacerles un favor a gente que se mueve por estos mundillos... Puede resultar especialmente beneficioso. Tomo la iniciativa de la negociación nada más terminan de darnos la información, indiferente de si mi compañero está de acuerdo o no con los términos, aunque con un simple vistazo, puedo ver que la idea de "huevos de dinosaurio" le emociona de más. - Ajeno a toda esta danza circense, sí, por supuesto que aceptamos a ese precio. Para nosotros un trabajo así no es un desafío. Y para vosotros seguro es un negocio rentable y redondo, ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- me río de forma forzosa, complacido, aunque exagerado la fuerza de los gritos para demostrar nuestro poderío casi ancestral. -Vosotros contáis con una fuerza imparable capaz de todo y nosotros nos hacemos con un contacto valioso dentro del mercado negro. Me parece un trato cojonudo.- extiendo el puño hacia el grupo, en señal de cerrar el trato, pues si les doy la mano, les parto el brazo a los tres a la vez. -¿Que me dices, Ubbe? ¿No te parece un trato cojonudo? Nos podemos quedar algún huevo de recuerdo, si te mola la idea.- lo miro sonriente, a la espera de que me confirme. La tormenta es una complicación, pero tampoco un impedimento. Y los monstruos serán peligrosos, pero le darán emoción al día. Nada que no podamos afrontar la tribu más poderosa del mundo, orgullosos Bucaneros.
Con la idea de una emboscada hecha trizas, ya solo queda apostar con la moneda de siempre, ir de frente y con todo. Poco a poco, nos vamos acercando, imperiosos, haciendo temblar el suelo con cada paso, quebrando raíces y helechos bajo nuestros pies. Imponente, recuesto a Yggdrasil, enorme como un árbol en mi hombro derecho, mientras que con la mano izquierda me retiro la porquería del cuerpo, recuperando la dignidad y el aspecto intimidante. Ubbe me sigue esta vez, que aunque más pequeño que yo, también es una mala bestia que asusta al más valiente. Una vez ya en el claro, podemos ver de qué figuras se tratan. Los invitados inesperados son tres, una mujer, un hombre y una especie de gato enano parlanchín. El variopinto grupo, lejos de intimidarse y salir corriendo o atacar a la primera de cambio, procede a hacer un show personal junto a la presentación, lleno de poses, coreografía y frases pegadizas. Yo ya soy lobo de mar profundo, pero fijo esto le gusta a mi compañero Buccaneer. Casi que por la forma de vestir, podrían haber llegado del mismo sitio. Sureños, supongo. Aunque su tono de voz y forma de hablar... Me resultan cercanas. Ese acento... Parece sacado de Whisky Peak.
Mientras están todavía con la presentación y las habladurías, yo miro un segundo a mí amigo, a ver cómo está reaccionando. En silencio, sin interrupciones, ladeo un poco la cabeza en dirección al gato, demostrando un interés por la rareza ya no solo de la situación, sino de la criatura. Vamos, por mis cojones que a ese bicho me lo secuestro yo en cuanto de lugar. Compañía para Julie y la mascota para el grupo. Por cierto... ¿Le dejé comida a Julie...?
Los pensamientos son interrumpidos ya no por el final del espectáculo, sino por las gotas de lluvia y truenos que empiezan a caer. La tormenta ha empezado y aun no tenemos cobijo. Sin embargo, el trío cohete o como coño se hagan llamar tienen algo interesante que decir antes de que nos los comamos para cenar y nos quedemos con el mink de premio. Conocen una ubicación especial, un sitio donde se guardan una especie de huevos de las bestias que habitan en esta isla. A mí, como tal, me suda los cojones la idea de traer materiales preciados o suministros para esta gente, pero usan la palabra clave: "mercado negro"
He oído de ese sitio antes. Una red poderosa de compra y venta de mercancías ilegales que se extiende por todo el mundo. Cualquiera puede ser víctima de ella, pero no todo el mundo puede entrar ahí... Y hacerles un favor a gente que se mueve por estos mundillos... Puede resultar especialmente beneficioso. Tomo la iniciativa de la negociación nada más terminan de darnos la información, indiferente de si mi compañero está de acuerdo o no con los términos, aunque con un simple vistazo, puedo ver que la idea de "huevos de dinosaurio" le emociona de más. - Ajeno a toda esta danza circense, sí, por supuesto que aceptamos a ese precio. Para nosotros un trabajo así no es un desafío. Y para vosotros seguro es un negocio rentable y redondo, ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- me río de forma forzosa, complacido, aunque exagerado la fuerza de los gritos para demostrar nuestro poderío casi ancestral. -Vosotros contáis con una fuerza imparable capaz de todo y nosotros nos hacemos con un contacto valioso dentro del mercado negro. Me parece un trato cojonudo.- extiendo el puño hacia el grupo, en señal de cerrar el trato, pues si les doy la mano, les parto el brazo a los tres a la vez. -¿Que me dices, Ubbe? ¿No te parece un trato cojonudo? Nos podemos quedar algún huevo de recuerdo, si te mola la idea.- lo miro sonriente, a la espera de que me confirme. La tormenta es una complicación, pero tampoco un impedimento. Y los monstruos serán peligrosos, pero le darán emoción al día. Nada que no podamos afrontar la tribu más poderosa del mundo, orgullosos Bucaneros.
En efecto, cajita feliz
