27-09-2025, 12:49 AM
— Little bunny— La palabra se deslizó de sus labios hacia mis oídos como una caricia cargada de veneno dulce. — Jususususu— Mis ojos carmesí brillaron con picardía en cuanto escuché el apodo. —Oh, honey, si supieras lo peligroso que es darle nombre a una criatura como yo… Los nombres son cadenas, ¿sabes? Pero en tu boca suena como una joya engastada en oro. —
— Cariño… si soy tu conejito, prométeme que al menos no me meterás en una jaula. —incliné mi cabeza hacia un lado, dejando que mi cabello plateado cayera en mechones juguetones sobre mi rostro, mientras mis labios se curvaban en esa sonrisa fina, tan dulce como amenazante.
Ella se inclinó también, dejando que la luz del club rozara sus tatuajes y parte del pecho. Mi mirada se paseó con descaro, sin disimulo alguno. Ohhh, darling, no soy de los que apartan los ojos ante un espectáculo tan generoso, mis uñas pintadas golpearon suavemente contra mi copa, como si marcaran un ritmo invisible.
— Billetes pequeños, billetes grandes, honey, con que sean verdes me basta. Y si prefieres meterlos en el tanga de algun stripper, te aseguro que encontraré la forma de que ganemos mas. —la guiñé un ojo, sacando de golpe una sonrisa peligrosa y traviesa. Ella me extendió el brazo y yo, como el caballero más descarado de este cabaret, tomé su mano con exagerada reverencia, besando el dorso de sus dedos con mis labios rojos. La multitud aún cuchicheaba, aún me miraba, pero yo no pertenezco al público, cariño, im the star. Y esta noche ya tenía pareja en el escenario.
— Rosse Bellecour, darling. Ese es mi nombre, pero puedes llamarme como quieras. Aunque advierto… si sigues con eso de little bunny, puede que un día despierte y me coma las zanahorias que se supone deberian haber sido tuyas. Jususususu— Fuimos caminando hacia la zona reservada, mi paso ligero, casi danzante, acompasado por pequeños saltitos, como si cada movimiento fuese coreografía. Las miradas se clavaban en nosotros como reflectores, y yo me alimentaba de cada segundo de atención., no había telón, pero lo sentía como si lo hubiese, the scene was ours.
Nos hundimos en los sofás, y el camarero, my sweet waiter, todavía con los nervios a flor de piel apareció con copas en la bandeja y sus tiernas y preciosas manos temblaban mientras las dejaba frente a nosotros, con su voz quebrada apenas logró decir que la casa invitaba.
— ¿Invita la casa? —repetí con dramatismo, llevándome una mano al pecho como si estuviera conmovido hasta las lágrimas —Ohhh, cariño, si supieras lo peligroso que es regalar cosas a alguien como yo, un regalo es un lazo, ¿sabes? Y yo cobro los favores en intereses muy altos. —El pobre casi dejó caer la bandeja otra vez, sus mejillas encendidas, y yo no pude resistir acercarme un poco más. Incliné mi cuerpo hacia él, lo bastante como para que el perfume de miel lo envolviera.
— Don’t worry, sweetheart, si yo muerdo, te aseguro que será con cariño. — Mi lengua chasqueó juguetona al final, y lo dejé ir con una palmada ligera en la espalda, él escapó casi corriendo, y yo lancé una carcajada musical que resonó en la sala, entonces me giré hacia Kayseira, cruzando una pierna sobre la otra de forma elegante, mi copa en una mano, el espejo de bolsillo en la otra. Me miré un segundo, ajusté un mechón de cabello que, francamente, no lo necesitaba, y luego la miré de nuevo con mis ojos carmesí encendidos.
— ¿Ves, darling? El caos me sigue como un amante fiel. Tú dices que te encanta, pero cuidado, cariño, porque el caos conmigo no se comparte a medias. Si entras a mi danza, you dance until the last light goes out.— Di un trago largo al whisky, dejando que el ardor recorriera mi garganta, y luego dejé el vaso sobre la mesa con un golpe seco que atrajo un par de miradas curiosas. — Así que, Kayseira ¿será whisky, cigarro y conversación o quieres sacar al little bunny a la pista y hagamos de esta noche un cabaret inolvidable? — Me incliné hacia ella, invadiendo su espacio sin permiso, mi voz bajando a un susurro cargado de miel.
— Lo advierto, cariño, conmigo no hay medias tintas, una vez entras al espectáculo, no hay salida, curtain call, darling. —
— Cariño… si soy tu conejito, prométeme que al menos no me meterás en una jaula. —incliné mi cabeza hacia un lado, dejando que mi cabello plateado cayera en mechones juguetones sobre mi rostro, mientras mis labios se curvaban en esa sonrisa fina, tan dulce como amenazante.
Ella se inclinó también, dejando que la luz del club rozara sus tatuajes y parte del pecho. Mi mirada se paseó con descaro, sin disimulo alguno. Ohhh, darling, no soy de los que apartan los ojos ante un espectáculo tan generoso, mis uñas pintadas golpearon suavemente contra mi copa, como si marcaran un ritmo invisible.
— Billetes pequeños, billetes grandes, honey, con que sean verdes me basta. Y si prefieres meterlos en el tanga de algun stripper, te aseguro que encontraré la forma de que ganemos mas. —la guiñé un ojo, sacando de golpe una sonrisa peligrosa y traviesa. Ella me extendió el brazo y yo, como el caballero más descarado de este cabaret, tomé su mano con exagerada reverencia, besando el dorso de sus dedos con mis labios rojos. La multitud aún cuchicheaba, aún me miraba, pero yo no pertenezco al público, cariño, im the star. Y esta noche ya tenía pareja en el escenario.
— Rosse Bellecour, darling. Ese es mi nombre, pero puedes llamarme como quieras. Aunque advierto… si sigues con eso de little bunny, puede que un día despierte y me coma las zanahorias que se supone deberian haber sido tuyas. Jususususu— Fuimos caminando hacia la zona reservada, mi paso ligero, casi danzante, acompasado por pequeños saltitos, como si cada movimiento fuese coreografía. Las miradas se clavaban en nosotros como reflectores, y yo me alimentaba de cada segundo de atención., no había telón, pero lo sentía como si lo hubiese, the scene was ours.
Nos hundimos en los sofás, y el camarero, my sweet waiter, todavía con los nervios a flor de piel apareció con copas en la bandeja y sus tiernas y preciosas manos temblaban mientras las dejaba frente a nosotros, con su voz quebrada apenas logró decir que la casa invitaba.
— ¿Invita la casa? —repetí con dramatismo, llevándome una mano al pecho como si estuviera conmovido hasta las lágrimas —Ohhh, cariño, si supieras lo peligroso que es regalar cosas a alguien como yo, un regalo es un lazo, ¿sabes? Y yo cobro los favores en intereses muy altos. —El pobre casi dejó caer la bandeja otra vez, sus mejillas encendidas, y yo no pude resistir acercarme un poco más. Incliné mi cuerpo hacia él, lo bastante como para que el perfume de miel lo envolviera.
— Don’t worry, sweetheart, si yo muerdo, te aseguro que será con cariño. — Mi lengua chasqueó juguetona al final, y lo dejé ir con una palmada ligera en la espalda, él escapó casi corriendo, y yo lancé una carcajada musical que resonó en la sala, entonces me giré hacia Kayseira, cruzando una pierna sobre la otra de forma elegante, mi copa en una mano, el espejo de bolsillo en la otra. Me miré un segundo, ajusté un mechón de cabello que, francamente, no lo necesitaba, y luego la miré de nuevo con mis ojos carmesí encendidos.
— ¿Ves, darling? El caos me sigue como un amante fiel. Tú dices que te encanta, pero cuidado, cariño, porque el caos conmigo no se comparte a medias. Si entras a mi danza, you dance until the last light goes out.— Di un trago largo al whisky, dejando que el ardor recorriera mi garganta, y luego dejé el vaso sobre la mesa con un golpe seco que atrajo un par de miradas curiosas. — Así que, Kayseira ¿será whisky, cigarro y conversación o quieres sacar al little bunny a la pista y hagamos de esta noche un cabaret inolvidable? — Me incliné hacia ella, invadiendo su espacio sin permiso, mi voz bajando a un susurro cargado de miel.
— Lo advierto, cariño, conmigo no hay medias tintas, una vez entras al espectáculo, no hay salida, curtain call, darling. —
