27-09-2025, 05:32 AM
-Dime que todo esto no está pasando simplemente porque le dije a una monja que iba a darle una mejor razón para ponerse de rodillas.-Refunfuño por lo bajo, pasando ambas manos por mi rostros, dejando escapar un suspiro mientras me aparto el cabello hacia atrás, mirando el panorama.
En parte sí, porque a veces soy toda una desgraciada y claro, la desgracia llama a la desgracia, que vamos a hacer.
-Ah que bien, aparte de un amargado es traficante, que maravilla.-No, no lo es, pero la verdad es que esto estaba saliéndose de desmadre y empezaba a ser bastante surrealista, pero bueno.-Teniendo en cuenta que suelo usar espadas y no la traigo conmigo, digamos que soy un sólido cinco.-No sabría decir, la verdad, cierto es que llevo toda mi vida peleando contra todo lo que se me pone delante para sobrevivir.
Pero esto son…¿Curas y monjas guerreros?
Genial, esto empieza a ser cada vez más surrealista. Miro al cielo con algo de queja, como si de verdad hubiera alguien ahí, de haberlo, se está partiendo el culo a mi costa.-Mira como somos amigas para lo que te interesa, te salvas por esa tremenda puntería.- Intento contener la risa, pero la verdad es que no funciona demasiado en este caso, vamos que la mujer tiene su carisma.
Me paso los dedos por mi cabello con algo de queja, el monje vestido de negro empieza a girar la cadena, aquella extraña cruz empieza a tomar velocidad hasta que finalmente la lanza contra mi. Definitivamente esto sería más sencillo con una espada, pero me va a tocar hacer lo de siempre, improvisar.
Me inclino hacia un lado y avanzo hacia delante esquivando la cadena, para agarrarla a mitad de camino y tirarla hacia a mi, eso hace que cambie la trayectoria y la cruz haga un semicírculo brusco hacia el interior, volviendo hacia ellos. El tipo de la lanza la detiene, pero antes de que el otro pueda recogerla, yo la piso contra el suelo, causando que caiga hacia delante, hasta el suelo.
Pateo la cadena, alejándola de él.
-Bueno, supongo que ya sin la cadena de por medio podemos hablar mi idioma.-No soy una peleadora a distancia, no tengo la puntería de nuestra querida Maki asi que tengo que facilitarme el combate cuerpo a cuerpo. Parece que nuestro amigo el monje blanco quiere ayudar a su compañero a recuperar el arma, porque se lanza a por mi sin pensarlo.
-¿Qué se supone que vamos a hacer después? ¿Entregarlos a las autoridades?-Le pregunto a la mujer con sarcasmo, porque la verdad no tengo ni idea. La lanza busca cortarme de forma diagonal, pero consigo desviarla golpeando el asta con el antebrazo, empujándola hacia afuera, abriéndole la postura al hombre para clavarle un derechazo en la cara y que caiga hacia atrás.
-¿Otra lata que puedas tirar por ahí?
En parte sí, porque a veces soy toda una desgraciada y claro, la desgracia llama a la desgracia, que vamos a hacer.
-Ah que bien, aparte de un amargado es traficante, que maravilla.-No, no lo es, pero la verdad es que esto estaba saliéndose de desmadre y empezaba a ser bastante surrealista, pero bueno.-Teniendo en cuenta que suelo usar espadas y no la traigo conmigo, digamos que soy un sólido cinco.-No sabría decir, la verdad, cierto es que llevo toda mi vida peleando contra todo lo que se me pone delante para sobrevivir.
Pero esto son…¿Curas y monjas guerreros?
Genial, esto empieza a ser cada vez más surrealista. Miro al cielo con algo de queja, como si de verdad hubiera alguien ahí, de haberlo, se está partiendo el culo a mi costa.-Mira como somos amigas para lo que te interesa, te salvas por esa tremenda puntería.- Intento contener la risa, pero la verdad es que no funciona demasiado en este caso, vamos que la mujer tiene su carisma.
Me paso los dedos por mi cabello con algo de queja, el monje vestido de negro empieza a girar la cadena, aquella extraña cruz empieza a tomar velocidad hasta que finalmente la lanza contra mi. Definitivamente esto sería más sencillo con una espada, pero me va a tocar hacer lo de siempre, improvisar.
Me inclino hacia un lado y avanzo hacia delante esquivando la cadena, para agarrarla a mitad de camino y tirarla hacia a mi, eso hace que cambie la trayectoria y la cruz haga un semicírculo brusco hacia el interior, volviendo hacia ellos. El tipo de la lanza la detiene, pero antes de que el otro pueda recogerla, yo la piso contra el suelo, causando que caiga hacia delante, hasta el suelo.
Pateo la cadena, alejándola de él.
-Bueno, supongo que ya sin la cadena de por medio podemos hablar mi idioma.-No soy una peleadora a distancia, no tengo la puntería de nuestra querida Maki asi que tengo que facilitarme el combate cuerpo a cuerpo. Parece que nuestro amigo el monje blanco quiere ayudar a su compañero a recuperar el arma, porque se lanza a por mi sin pensarlo.
-¿Qué se supone que vamos a hacer después? ¿Entregarlos a las autoridades?-Le pregunto a la mujer con sarcasmo, porque la verdad no tengo ni idea. La lanza busca cortarme de forma diagonal, pero consigo desviarla golpeando el asta con el antebrazo, empujándola hacia afuera, abriéndole la postura al hombre para clavarle un derechazo en la cara y que caiga hacia atrás.
-¿Otra lata que puedas tirar por ahí?
