27-09-2025, 03:02 PM
(Última modificación: 28-09-2025, 11:29 AM por Ren Wansot.)
El estómago me rugía como un perro hambriento mientras mantenía mi atención puesta en el avance del hombre enmascarado, seguido por su débil compañero quién, de uno de mis tiros, estaba seguro de que caería irremediablemente muerto. Si de por sí, el aura de líder de los invasores ya se asemejaba a un volcán en erupción, si a eso se le añadía sus emociones actuales, el volcán había pasado de ser un desastre natural, a convertirse en todo un cataclismo. Aquella explosión de emociones que reflejaba su alma, junto al poder que era capaz de sentir fluir a través de él, me hacían ver que podría ser alguien extremadamente interesante de combatir.- La hamburguesa puede esperar-bang. - Comenté a la nada, metiendo mi diestra en los bolsillos dónde guardaba mis municiones para, en este caso, saborear tres de mis balas en mi boca y, seguidamente, procediendo a apuntar con mi arma al líder de los invasores. Ya tenía al lobo malherido en la mansión de Nitobo, tampoco era cuestión de dejar que su compañero entrara como Pedro por su casa.
Pero en ese momento, y hablando del rey de Dressrosa, noté como la presencia del hombre de pelo níveo ascendía levemente sintiendo, no mucho después, como el suelo bajo mis pies comenzaba a temblar.- ¿Qué está pasando? - Pensé, incrédula, desviando mi atención del enmascarado a pasar, directamente, a mirar hacia el suelo del tejado, intentando comprender lo que estaba ocurriendo. En esos precisos instantes, de la superficie del techo, emergió una especie de onda cortante que, además de hacer venir abajo el terreno sobre el que estaba basando mi estabilidad, consiguió dañarme parte de mis piernas, causándome varios rasguños desde la planta de mis pies hasta mis rodillas.- ¡Hijo de puta! ¡Ahora sí que la has hecho buena-bang! - Maldije internamente, con una sonrisa maniática, mientras me precipitaba por el agujero ocasionado por el que, hasta entonces, pensaba que se trataba de un animal en sus últimas pero, nada más lejos de la realidad. Aquella bestia aún tenía mucha guerra que darme.
Mientras caía por la tercera planta, habiendo orientado mi espalda hacia el cielo y abriendo mis piernas, recubrí tanto el arma entera como la bala que se encontraba cargada, apuntando directamente hacia el final de los varios boquetes que parecía haber causado mi enemigo campal.- ¡Nada mal! - Exclamé para adentro y, consecutivamente, accioné el gatillo, resultando en un poderoso y veloz disparo dirigido hacia el lobo antropomórfico. No me excedí demasiado con los poderes de la Moa Moa, por lo que no era un disparo tan potente como el primero que recibió el peliblanco pero si lo suficiente como para que la bala fuera capaz de romper y cortar el aire allá por dónde pasara. Y lo mejor de todo estaba por venir.
Terminando de caer a través de la tercera planta, la bala impactaría en su objetivo, ocasionando esta una explosión perfectamente compacta pero devastadora en un área de 5 metros de diámetro, arrasando por completo con lo que se encontrara en la habitación, incendiándola en el momento y empezando a ascender por los boquetes ocasionados por el peliblanco, una densa columna de humo ennegrecido. En esos momentos, anulé los poderes de la Moa Moa en mi improvisada arma - tirándola en el acto - para, seguidamente, extender mi brazo izquierdo hacia el suelo. En esta ocasión, activé las habilidades de mi Akuma no Mi para hacer crecer el sello que portaba en el dedo corazón de mi siniestra hasta que este alcanzara el tamaño de un escudo de, aproximadamente, algo menos de un metro de diámetro, pasando a empuñarla por su asa y anteponiendo de esta forma para protegerme de los escombros que estaban saliendo despedidos hacia arriba debido al estallido ocasionado por la bala.
A su vez, estando descendiendo por la segunda planta, concentré para agudizar mi mente y metí mi diestra en uno de mis bolsillos agarrando en este caso, una de mis creaciones que usaba para tornar el campo de batalla a mi favor. Una serie de afiladas púas, de unos 5 centímetros de longitud, hechas de un metal completamente resistente, mis Claymore. Tras palparlas bien, saqué un buen puñado de ellas de mi bolsillo, dejándolas caer sobre el terreno de batalla y desperdigándose a través de toda la habitación, ahora en llamas. Por fortuna para mi adversario, los Claymore, al caer, no le ocasionarían de momento ningún daño, pudiendo ver como caían a su alrededor o como, algunos, se quedaban enredados en su pelaje, sirviendo este para amortiguar el daño de los Claymore.
Por mi parte yo, al caer al suelo, pude notar la efectividad de mi creación, al clavarse las espinas en las suelas de mis botas, traspasando estas y ensartándome la planta de los pies.- Ya podría haber usado el Haki de Armamento para proteger mis pies-bang. - Pensé, tardíamente, observando al hombre-lobo, estando a algo más de un metro de distancia de mí quién, sorprendentemente, había conseguido aguantar bien la explosión de mi bala, todo mientras le apuntaba con mi sello de oro aumentado de tamaño. A su espalda, tenía la ventana que daba al jardín frontal y, a mi espaldas, la puerta que daba al pasillo del Ala Oeste. El sólo estar en esa habitación era tanto asfixiante como sofocante, por lo que debía terminar pronto con él y salir de aquí para poder detener a su jefe.
Pero en ese momento, y hablando del rey de Dressrosa, noté como la presencia del hombre de pelo níveo ascendía levemente sintiendo, no mucho después, como el suelo bajo mis pies comenzaba a temblar.- ¿Qué está pasando? - Pensé, incrédula, desviando mi atención del enmascarado a pasar, directamente, a mirar hacia el suelo del tejado, intentando comprender lo que estaba ocurriendo. En esos precisos instantes, de la superficie del techo, emergió una especie de onda cortante que, además de hacer venir abajo el terreno sobre el que estaba basando mi estabilidad, consiguió dañarme parte de mis piernas, causándome varios rasguños desde la planta de mis pies hasta mis rodillas.- ¡Hijo de puta! ¡Ahora sí que la has hecho buena-bang! - Maldije internamente, con una sonrisa maniática, mientras me precipitaba por el agujero ocasionado por el que, hasta entonces, pensaba que se trataba de un animal en sus últimas pero, nada más lejos de la realidad. Aquella bestia aún tenía mucha guerra que darme.
Mientras caía por la tercera planta, habiendo orientado mi espalda hacia el cielo y abriendo mis piernas, recubrí tanto el arma entera como la bala que se encontraba cargada, apuntando directamente hacia el final de los varios boquetes que parecía haber causado mi enemigo campal.- ¡Nada mal! - Exclamé para adentro y, consecutivamente, accioné el gatillo, resultando en un poderoso y veloz disparo dirigido hacia el lobo antropomórfico. No me excedí demasiado con los poderes de la Moa Moa, por lo que no era un disparo tan potente como el primero que recibió el peliblanco pero si lo suficiente como para que la bala fuera capaz de romper y cortar el aire allá por dónde pasara. Y lo mejor de todo estaba por venir.
Terminando de caer a través de la tercera planta, la bala impactaría en su objetivo, ocasionando esta una explosión perfectamente compacta pero devastadora en un área de 5 metros de diámetro, arrasando por completo con lo que se encontrara en la habitación, incendiándola en el momento y empezando a ascender por los boquetes ocasionados por el peliblanco, una densa columna de humo ennegrecido. En esos momentos, anulé los poderes de la Moa Moa en mi improvisada arma - tirándola en el acto - para, seguidamente, extender mi brazo izquierdo hacia el suelo. En esta ocasión, activé las habilidades de mi Akuma no Mi para hacer crecer el sello que portaba en el dedo corazón de mi siniestra hasta que este alcanzara el tamaño de un escudo de, aproximadamente, algo menos de un metro de diámetro, pasando a empuñarla por su asa y anteponiendo de esta forma para protegerme de los escombros que estaban saliendo despedidos hacia arriba debido al estallido ocasionado por la bala.
A su vez, estando descendiendo por la segunda planta, concentré para agudizar mi mente y metí mi diestra en uno de mis bolsillos agarrando en este caso, una de mis creaciones que usaba para tornar el campo de batalla a mi favor. Una serie de afiladas púas, de unos 5 centímetros de longitud, hechas de un metal completamente resistente, mis Claymore. Tras palparlas bien, saqué un buen puñado de ellas de mi bolsillo, dejándolas caer sobre el terreno de batalla y desperdigándose a través de toda la habitación, ahora en llamas. Por fortuna para mi adversario, los Claymore, al caer, no le ocasionarían de momento ningún daño, pudiendo ver como caían a su alrededor o como, algunos, se quedaban enredados en su pelaje, sirviendo este para amortiguar el daño de los Claymore.
Por mi parte yo, al caer al suelo, pude notar la efectividad de mi creación, al clavarse las espinas en las suelas de mis botas, traspasando estas y ensartándome la planta de los pies.- Ya podría haber usado el Haki de Armamento para proteger mis pies-bang. - Pensé, tardíamente, observando al hombre-lobo, estando a algo más de un metro de distancia de mí quién, sorprendentemente, había conseguido aguantar bien la explosión de mi bala, todo mientras le apuntaba con mi sello de oro aumentado de tamaño. A su espalda, tenía la ventana que daba al jardín frontal y, a mi espaldas, la puerta que daba al pasillo del Ala Oeste. El sólo estar en esa habitación era tanto asfixiante como sofocante, por lo que debía terminar pronto con él y salir de aquí para poder detener a su jefe.
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