27-09-2025, 11:42 PM
Como casi todos los días durante mi estancia en Sobert -Y en casi cualquier lugar.- debía ganarme la vida de la única forma que conocía, compartiendo mi melodía con el mundo, una pieza que expresaba mis emociones, sin partitura ni práctica, pura improvisación alimentada por lo más profundo de mis entrañas. Acompañaba mis notas y mi respiración con una danza basada en saltos y movimientos gráciles, realizando medias lunas con mis pies para generar con la velocidad pequeños remolinos que acompañaban al baile, mi colega negra como el carbón seguía al movimiento de mi cuerpo y mis giros, haciendo el aspecto de una cinta que me envolvía para crear un halo mas teatral y artístico. Acompañaba el sonido de la flauta con percusión al golpear con mis pies el suelo entre saltos, haciendo que la sinfonía fuera mas completa y, a la vez, mas precisa en mi sentir.
Movimientos ágiles al girar hacía que la flauta emitiera sonidos distintos y particulares que se acercaban y alejaban, generando un pequeño efecto dobles que producía calma y a la vez atención. Mis ojos se mantenían cerrados, no necesitaba ver para tocar, no necesitaba la vista en un momento como aquel, no, eso solo podía engañarme y distraerme de mi performance, innecesario totalmente. Así me mantuve por horas en un profundo trance musical, no existía el hambre, no existía el sueño, ni el cansancio, todo aquello se quedaba en un plano terrenal del que mi mente se había elevado hace tiempo. El momento era único, como todos y cada uno que sucedía al siguiente y el anterior que lo precedía, pero aquellos trances eran especiales, pues me acercaban a una especie de iluminación.
Sin embargo algo me hizo detenerme, no fueron los aplausos o la gente siguiendo el ritmo con los pies, tampoco fueron los cuchicheos ni las ovaciones, no. Lo que llamó mi atención y detuvo mi baile y mi música fue escuchar como alguien caía al suelo. Me paré en seco e, igual que otras personas me acerqué a ayudarle, pero ya estaba de pie cuando anduve cerca de su figura. Sus ojos no eran visibles, pues una venda los ocultaba al público "¿Cómo verá?" Pensé mientras se levantaba por su propio pie, frágil y débil, parecía una fina figura de cristal, bella si, pero frágil y fácil de romper. Ella terminó de romper la barrera entre el espectador y el artista, acercándose un poco mas a mi para estar a una distancia donde podríamos conversar y escucharnos. Su aspecto jovial y emocionado por mi música me parecía tierno y, aunque no lo viese, le sonreí con amabilidad. -Realmente cada día toco una cosa distinta.- Respondí a su primera segunda, pues la segunda me dejó con una cara de ligera incomprensión acompañada con medio segundo de silencio. -¿Esto?.- Pregunté mientras levantaba la flauta a la altura de su rostro para que... lo viera. Al darme cuenta de mi error la bajé de inmediato. -Ehh... Es una flauta y no, no es grande, tus pequeñas manitas podrían usarla.-
En ese momento caí en que podía ser ciega de nacimiento, por eso no conocía la forma de una flauta. -Básicamente es un cilindro de bambú de unos... 25 centímetros. También tiene agujeros por el cuerpo para cambiar de notas y una boquilla para sople a través de ella, asi sale el sonido.- Intenté ser bastante preciso en mi respuesta, pues, al no verlo, por lo menos podría imaginarlo, no lo se, la verdad es que era la primera persona ciega que conocía. Lo mas cercano que conocía era Zhang, pero ese al menos tenía un ojo ¿Ella tendría ojos? ¿Si tiene ojos... de qué color serán? La verdad es que me surgían ciertas preguntas. "Cómo sabe si el papel higiénico sale limpio o sucio?" Dudas trascendentales como cualquier dilema de la humanidad.
Aquella mujer, curiosa y algo tierno, me pidió usar mi flauta para tocarlo, no obstante aquello suponía un problema para mi. No era por la saliva o que pudiera desafinarla, el problema se encontraba en mi corazón. -Lo siento mucho, pero no comparto mi flauta. Es... Es especial para mi, es mi tesoro.- En ese momento miré a mi alrededor, había tenido una idea que podía llegar a satisfacer a esta pequeña aspirante a músico. - Pero tengo una idea que puede gustarte mas. Dame un segundo.- Me acerqué a un puesto y pedí una caja de madera, después cogí un trozo de tela que había por el suelo, lo bastante grande para cubrir la entrada de la caja y, tensando la tela todo lo que pude, lo amarré a los clavos salientes que tenía la caja. Golpeé la superficie de la tela, viendo que generaba vibración y con ello un sonido de percusión similar al de un tambor. La caja no era especialmente grande, podría agarrarla con un brazo mientras se cotaba con el otro, incluso ponérselo entre las piernas y tocar sentada con ambas manos.
Volví a acercarme a ella con cierta prisa y le ofrecí la caja frente a ella para que... la viese... .-Toma, usa esto como percusión y toquemos juntos.- Sostuve la caja frente a ella, preguntándome si la cogería y podríamos tocar juntos una armoniosa melodía.
Movimientos ágiles al girar hacía que la flauta emitiera sonidos distintos y particulares que se acercaban y alejaban, generando un pequeño efecto dobles que producía calma y a la vez atención. Mis ojos se mantenían cerrados, no necesitaba ver para tocar, no necesitaba la vista en un momento como aquel, no, eso solo podía engañarme y distraerme de mi performance, innecesario totalmente. Así me mantuve por horas en un profundo trance musical, no existía el hambre, no existía el sueño, ni el cansancio, todo aquello se quedaba en un plano terrenal del que mi mente se había elevado hace tiempo. El momento era único, como todos y cada uno que sucedía al siguiente y el anterior que lo precedía, pero aquellos trances eran especiales, pues me acercaban a una especie de iluminación.
Sin embargo algo me hizo detenerme, no fueron los aplausos o la gente siguiendo el ritmo con los pies, tampoco fueron los cuchicheos ni las ovaciones, no. Lo que llamó mi atención y detuvo mi baile y mi música fue escuchar como alguien caía al suelo. Me paré en seco e, igual que otras personas me acerqué a ayudarle, pero ya estaba de pie cuando anduve cerca de su figura. Sus ojos no eran visibles, pues una venda los ocultaba al público "¿Cómo verá?" Pensé mientras se levantaba por su propio pie, frágil y débil, parecía una fina figura de cristal, bella si, pero frágil y fácil de romper. Ella terminó de romper la barrera entre el espectador y el artista, acercándose un poco mas a mi para estar a una distancia donde podríamos conversar y escucharnos. Su aspecto jovial y emocionado por mi música me parecía tierno y, aunque no lo viese, le sonreí con amabilidad. -Realmente cada día toco una cosa distinta.- Respondí a su primera segunda, pues la segunda me dejó con una cara de ligera incomprensión acompañada con medio segundo de silencio. -¿Esto?.- Pregunté mientras levantaba la flauta a la altura de su rostro para que... lo viera. Al darme cuenta de mi error la bajé de inmediato. -Ehh... Es una flauta y no, no es grande, tus pequeñas manitas podrían usarla.-
En ese momento caí en que podía ser ciega de nacimiento, por eso no conocía la forma de una flauta. -Básicamente es un cilindro de bambú de unos... 25 centímetros. También tiene agujeros por el cuerpo para cambiar de notas y una boquilla para sople a través de ella, asi sale el sonido.- Intenté ser bastante preciso en mi respuesta, pues, al no verlo, por lo menos podría imaginarlo, no lo se, la verdad es que era la primera persona ciega que conocía. Lo mas cercano que conocía era Zhang, pero ese al menos tenía un ojo ¿Ella tendría ojos? ¿Si tiene ojos... de qué color serán? La verdad es que me surgían ciertas preguntas. "Cómo sabe si el papel higiénico sale limpio o sucio?" Dudas trascendentales como cualquier dilema de la humanidad.
Aquella mujer, curiosa y algo tierno, me pidió usar mi flauta para tocarlo, no obstante aquello suponía un problema para mi. No era por la saliva o que pudiera desafinarla, el problema se encontraba en mi corazón. -Lo siento mucho, pero no comparto mi flauta. Es... Es especial para mi, es mi tesoro.- En ese momento miré a mi alrededor, había tenido una idea que podía llegar a satisfacer a esta pequeña aspirante a músico. - Pero tengo una idea que puede gustarte mas. Dame un segundo.- Me acerqué a un puesto y pedí una caja de madera, después cogí un trozo de tela que había por el suelo, lo bastante grande para cubrir la entrada de la caja y, tensando la tela todo lo que pude, lo amarré a los clavos salientes que tenía la caja. Golpeé la superficie de la tela, viendo que generaba vibración y con ello un sonido de percusión similar al de un tambor. La caja no era especialmente grande, podría agarrarla con un brazo mientras se cotaba con el otro, incluso ponérselo entre las piernas y tocar sentada con ambas manos.
Volví a acercarme a ella con cierta prisa y le ofrecí la caja frente a ella para que... la viese... .-Toma, usa esto como percusión y toquemos juntos.- Sostuve la caja frente a ella, preguntándome si la cogería y podríamos tocar juntos una armoniosa melodía.
