27-09-2025, 11:55 PM
Narrador / María Merlot
CANCIÓN PARA LA SEGUNDA MITAD DEL POST
…………………………….
Mareada.
Su olor la embriagaba.
Melocotones.
CANCIÓN PARA LA SEGUNDA MITAD DEL POST
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Mareada.
Su olor la embriagaba.
Melocotones.
La intimidación que sintió antes se esfumó ante el miedo de ser descubierta, y que la voz de alarma se encendiera. No era del tipo bélico, no entró al burdel pensando en pelear, realmente, no pensó al entrar a ese sitio, solo siguió su corazón y optimismo. Ahora que tenía un momento de claridad, debió haber saltado luego de Penny, correr era mejor que verse atrapada en una situación que no podría controlar… o en las manos de un sujeto que podía hacerle daño, no era tonta, podía sentirlo en cada escama de su espalda, él… no era alguien común, alguien común no se veía como él, no tenía su presencia, no abarcaba una habitación entera al entrar en esta.
¿Lado positivo?
No mostró intenciones oscuras.
Hasta el momento...
No mostró intenciones oscuras.
Hasta el momento...
La cara de la celeste, pegada al pecho del masculino, se mantuvo, y más bien se intentó hacer uno con su pecho, muy duro y delicioso pecho afrutado cabe destacar… ¿Por qué olía tan bien? ¿O solo era así para ella que adoraba las frutas? De verdad tenía ganas de abrir la boca y morderlo, y no iba a mentir, no era por fines científicos, era porque quería probarlo, simplemente, saber si sabría igual que olía. Casi suelta un suspiro delirante pero debía mantenerse en silencio, y más cuando él la abrazo… ¡LA ABRAZO! ¿Por que eso hacía, no? La protegió de la vista indiscreta de la prostituta con todo su cuerpo.
“Mantén la calma... No dejaré que te pasé nada.”
Su voz, su voz suave y tranquila, volvió a escucharse…y por consiguiente a causar mil y una emoción en su cuerpo… emociones sin descifrar pero que la hicieron temblar, y que la estuviera tocando, que estuvieran tan cerca, causó nuevamente que se nublara su mente, que sus reacciones se volvieran protagonistas, aunque aún no sabía cómo definirlas… porque se contradecían… quería alejarlo, quería acercarlo, quería que no dijera más, quería escucharlo hablar más… ¡Se estaba volviendo loca! Entonces, adoptó el gesto de Hyakinthos: Mordió su labio inferior. El leve dolor debía hacer que su mente se enfocará en eso, y no en el contacto de sus cuerpos.
Él le pidió tiempo a la prostituta pelirroja y la mujer aceptó. Cuando se hubo cerrado la puerta, y quedaron solos en la habitación el hombre se alejó. Su toque se esfumó de su cuerpo… dejándola con una extraña sensación de vacío, de frío… ¿Por qué se sintió tan incorrecto su retirada? El olor a melocotón, el fuerte aroma, se fue con él… y ella ya lo extrañaba, a pesar de estar en la misma habitación.
Él le pidió tiempo a la prostituta pelirroja y la mujer aceptó. Cuando se hubo cerrado la puerta, y quedaron solos en la habitación el hombre se alejó. Su toque se esfumó de su cuerpo… dejándola con una extraña sensación de vacío, de frío… ¿Por qué se sintió tan incorrecto su retirada? El olor a melocotón, el fuerte aroma, se fue con él… y ella ya lo extrañaba, a pesar de estar en la misma habitación.
¡Reacciona!
Respira
Respira
Enfócate en el dolor de tu labio
Con su diestra llevó su cabello hacia atrás, y volvió a presionar su labio inferior entre sus dientes. Tenía que alejarse de él, ese hombre… ese hombre era peligroso, porque la hacía entrar en una dualidad que nunca antes había sentido, por eso no podía decir si era miedo o algo más lo que generaba en ella. Un paso, otro más, se alejó de él, y por ende de la ruta de escape más cercana: La ventana. Estaba la cama, los espejos en el techo, había botellas en la mesita de noche, había otra puerta… por ahora, mejor sentarse, en la cama… la cama era buena idea porque él estaba en la ventana… ¿qué estaba haciendo? Era lo de menos, no quería verlo… porque verlo la haría perderse de nuevo en la intensidad de su mirada, en su… ¡No sé qué! Se sentó, mirando los frascos de colores en la cómoda: uno verde, uno rojo, uno azul. Muy bonitos…
“Dime que sabes de las instalaciones mi querida desconocida, o sobre el lugar, cualquier cosa será una ayuda prominente en esta empresa que tenemos que realizar juntos.”
El silencio fue roto, ella sabía que le estaba hablando. ¿Por qué su voz la recorría de la punta de los pies hasta la punta de su última hebra celeste? Una caricia involuntaria a sus sentidos, que la hizo volver a sonrojarse. Ella estaba ahí pero su mente se bloqueaba cuando lo escuchaba, y fue un error voltear a verlo. Sus ojos negros, sus iris amarillas… la hipnotizaban, para bien o para mal, la embobaban… y también la asustaban... porque la miraba con una intensidad cálida y fría, como el norte y el sur… ¿o eran ideas suyas?
Su mano extendida
¿Qué había dicho?
Su mano entre la suya…
¡La estaba tocando de nuevo!
Su respiración volvió a cortarse…
Sus mejillas sonrojarse…
¿Qué había dicho?
Su mano entre la suya…
¡La estaba tocando de nuevo!
Su respiración volvió a cortarse…
Sus mejillas sonrojarse…
Su mano, su mano se siente como si cada nervio en la palma se hubiera despertado a la vez. Una chispa invisible, fría y luego abrasadora, que viajaba directamente desde el punto de contacto, arrastrándose por su muñeca, escalando al antebrazo y rebotando en sus pechos. No es placentero en un sentido delicado… es… una sensación abrumadora e inexplicable. Por inercia se levantó de la cama, y retiró su mano como si la estuviera quemando, y en el movimiento tiró todos los frascos de la mesita de noche.
Crash
El sonido del vidrio rompiéndose a los pies de ambos, las tres botellas derramaron líquidos de sus colores homólogos… y en un segundo se volvieron gases… cambiando por completo el olor de la habitación, atrás quedó el afrutado melocotón, ahora se hizo presente un aroma a piel caliente bajo el sol, a sudor limpio mezclado con especias exóticas… un dulzor espeso, casi a miel tibia que se ha derramado sobre el frío mar. No incitaba a la ternura, sino a la posesión… y ella lo aspiró todo, su cuerpo… su cuerpo reaccionó inmediatamente, y su mente lo supo, porque ya sabía de qué se trataba: Afrodisiacos.
No, no, no.
¿Cómo pudo ser tan descuidada?
¿Cómo pudo ser tan descuidada?
Como un conejo asustado, se alejó del hombre. Se fue al lado opuesto de él, tomó la distancia que el espacio en la habitación le permitió. Su cuerpo se estaba calentando con una rapidez inexplicable, su respiración agitada podía escucharse. Tenía la cabeza pegada contra la pared, odiaba la sensación artificial que provocan los afrodisíacos pero la reacción primaria no se podía controlar, y su cuerpo se lo recordó. No sabía si el hombre había sido más inteligente de no aspirarlo, pero debía descubrirlo… no podía simplemente quedarse de espaldas a él. Se volteó, pegando su espalda a la fría pared, fría pared que no aportada nada en la disminución del calor que la estaba invadiendo.
María estaba recostada de la pared, su largo cabello celeste enmarcaba sus hermosas facciones, su pecho subía y bajaba, y sus dientes volvieron a morder su labio inferior; también apretaba sus manos en puños, clavando las uñas en las palmas… quizás el dolor no la haría pensar en la excitación que se extendía por su cuerpo. La apertura en su falda mostraba su delicada y nivea pierna — Yo… yo… no me estoy sintiendo bien… — susurro con su voz casi como un gemido. ¡Mal, muy mal! — Me quema… Hmmm… me quema como si estuviera en la cocina de Rackham hmmm siendo el banquete de la noche, hmmm me quema como si estuviera en… hmmm… una hoguera lista para ser sacrificada a… hmmmm — su voz suave y llena de sensualidad dejaba sus labios, entre jadeos aterciopelados… mientras detenia su frase parar mirar los ojos negros de su oyente. Necesitaba cortar el efecto, necesitaba… ¿Su ayuda? ¡No! ¡Si! ¡No! — Cao Guojiu — lo llamó por su nombre soltando un suspiro ¿placentero? Lo recordaba… sonó tan bien en su boca, deslizándose por su lengua. Involuntariamente su diestra fue a su cabello, internándose entre las hebras celestes, al tiempo que cerraba los ojos. No quería verlo, aunque quería verlo. Formó un puño tirando de su propia melena, el dolor solo la estimuló más — Yo… yo…— la boca se le había secado, la mente se desdibujo a blanco. La niebla paralizante de la intimidación se disipó, solo para ser reemplazada por una bruma ardiente de pura excitación. No podía hilar un solo pensamiento coherente, solo sentía el impulso creciendo bajo su piel de… liberarse. ¿Si lo hacía se irían los efectos del afrodisiaco?
Su mano, la que sujetaba su cabello, empezó a bajar por cuello en una caricia propia que dejaba un sendero rojo por la presión que ejercía, se detuvo entre sus senos, en la parte que el top dejaba ver… la tela fina posiblemente dejaba a la vista sus pezones duros. Ella no era ninguna puritana, sabía bien qué debía hacer para que su mente se despejara, conocía demasiado bien su cuerpo pero… ¿lo haría frente a ese desconocido?
María estaba recostada de la pared, su largo cabello celeste enmarcaba sus hermosas facciones, su pecho subía y bajaba, y sus dientes volvieron a morder su labio inferior; también apretaba sus manos en puños, clavando las uñas en las palmas… quizás el dolor no la haría pensar en la excitación que se extendía por su cuerpo. La apertura en su falda mostraba su delicada y nivea pierna — Yo… yo… no me estoy sintiendo bien… — susurro con su voz casi como un gemido. ¡Mal, muy mal! — Me quema… Hmmm… me quema como si estuviera en la cocina de Rackham hmmm siendo el banquete de la noche, hmmm me quema como si estuviera en… hmmm… una hoguera lista para ser sacrificada a… hmmmm — su voz suave y llena de sensualidad dejaba sus labios, entre jadeos aterciopelados… mientras detenia su frase parar mirar los ojos negros de su oyente. Necesitaba cortar el efecto, necesitaba… ¿Su ayuda? ¡No! ¡Si! ¡No! — Cao Guojiu — lo llamó por su nombre soltando un suspiro ¿placentero? Lo recordaba… sonó tan bien en su boca, deslizándose por su lengua. Involuntariamente su diestra fue a su cabello, internándose entre las hebras celestes, al tiempo que cerraba los ojos. No quería verlo, aunque quería verlo. Formó un puño tirando de su propia melena, el dolor solo la estimuló más — Yo… yo…— la boca se le había secado, la mente se desdibujo a blanco. La niebla paralizante de la intimidación se disipó, solo para ser reemplazada por una bruma ardiente de pura excitación. No podía hilar un solo pensamiento coherente, solo sentía el impulso creciendo bajo su piel de… liberarse. ¿Si lo hacía se irían los efectos del afrodisiaco?
Su mano, la que sujetaba su cabello, empezó a bajar por cuello en una caricia propia que dejaba un sendero rojo por la presión que ejercía, se detuvo entre sus senos, en la parte que el top dejaba ver… la tela fina posiblemente dejaba a la vista sus pezones duros. Ella no era ninguna puritana, sabía bien qué debía hacer para que su mente se despejara, conocía demasiado bien su cuerpo pero… ¿lo haría frente a ese desconocido?
Decisiones, decisiones.
Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
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