[T3 - Presente Relativo] Protegiendo al Mundo de la Desvastacion
#7
La lluvia caía como una cortina sólida cuando las dos figuras gigantescas abandonaron el pequeño claro. El grupo amante de la teatralidad los observó alejarse entre la vegetación, sus siluetas desapareciendo rápidamente en la oscuridad y el aguacero.
 
“¿No van a llevar nada del equipo?” – preguntó James, señalando las cuerdas y ganchos apilados contra las rocas empapadas - “Déjalos” – respondió Jessie, exprimiendo su cabello rosado – “Si son tan tontos como para ir sin preparación, es su problema.” – Meowth sacudió la cabeza mientras buscaba refugio bajo una hoja gigante – “Estos dos van a morir antes de llegar a los nidos.”
 
El camino hacia los cráneos de los reyes marinos era traicionero en condiciones normales, pero la tormenta lo había convertido en una pesadilla. El sendero, si es que alguna vez existió uno, había desaparecido bajo torrentes de agua que bajaban desde las partes más altas de la selva, creando riachuelos improvisados de 30 centímetros de profundidad que arrastraban hojas, ramas y piedras pequeñas. Los árboles prehistóricos se mecían violentamente con vientos de 80 kilómetros por hora, sus ramas gigantescas crujiendo ominosamente sobre las cabezas de los viajeros. Ocasionalmente, una rama gruesa (oscilando entre 3 y 5 metros de largo y hasta 1 metro de grosor) se desprendía y caía estrepitosamente al suelo, agregando más obstáculos al ya difícil terreno. Las raíces, que en condiciones secas sobresalían 2 metros del suelo, ahora estaban cubiertas de una capa resbaladiza de musgo empapado y barro, convirtiéndolas en trampas mortales para quien no pusiera atención. La visibilidad era prácticamente nula. La lluvia era tan densa que no se podía ver más allá de 3 metros, y la oscuridad de la noche tropical era absoluta entre relámpago y relámpago. Cada destello eléctrico revelaba el paisaje como si se tomara una foto con flash en un cuarto oscuro, pero estos momentos de claridad duraban menos de un segundo antes de que la oscuridad regresara, más profunda y desorientadora que antes. A 1 kilómetro del campamento que habían dejado atrás, el terreno comenzó a cambiar. El suelo se volvió más rocoso, con formaciones de piedra volcánica negra que sobresalían entre el barro. Charcos de agua de medio metro de profundidad se habían formado en las depresiones naturales, imposibles de distinguir del resto del terreno inundado hasta que uno ya había metido el pie. Es aquí, exactamente a mitad de camino hacia los cráneos colosales, donde el peligro acechaba.
 
 
Para aquellos que fueran amantes de las historias de dinosaurios – esas que, en un universo alterno, se vuelven tan exitosas de forma global que rara es la persona que no ha visto cuando menos una de ellas un fin de semana en la comodidad de un sofá con una pizza cuatro quesos y una coca-cola bien fría (bendito seas universo alterno) – apreciarían que no son solo los grandes dinosaurios a los que uno debe temer, existen también aquellos pequeños diablillos con la misma ferocidad, peligrosidad y hambre que un velociraptor o un tiranosaurio rex pero, a diferencia de este último, estos diminutos dinosaurios disfrutan el compartir y prefieren cazar en manada.
 
Dos grupos de Parvicursores habían estado siguiendo a aquellos ruidos, descuidados, enormes y apetitosos intrusos desde hacía 10 minutos, moviéndose silenciosamente entre la maleza baja. Estos pequeños dinosaurios, de apenas 40 centímetros de altura, eran cazadores nocturnos perfectamente adaptados a las condiciones de tormenta. Sus cuerpos emplumados, ahora completamente empapados, les daban un aspecto esquelético y amenazante. Sus ojos amarillos brillaban levemente en la oscuridad, y sus garras de 5 centímetros estaban diseñadas específicamente para aferrarse a presas más grandes. Los dos grupos que juntos formaban 100 aterradoras criaturas se dividió instintivamente en dos grupos de 50, cada uno seleccionando su objetivo. Era una estrategia de caza perfeccionada durante generaciones: dividir, rodear, abrumar.
 
El primer grupo de 50 convergió hacia Ubbe desde tres direcciones simultáneamente. El viento y la lluvia torrencial enmascaraban completamente el sonido de sus pequeñas patas chapoteando en el barro, el roce de sus cuerpos contra la vegetación baja, sus chillidos de coordinación ultrasónicos. Para alguien con audición atenuada como la de este Bucanneer, eran completamente indetectables hasta el momento del impacto. Saltaron desde rocas de 1 metro de altura, emergieron desde helechos densos, y cargaron directamente desde el frente. Los primeros 15 alcanzaron las piernas de Ubbe simultáneamente, sus garras encontrando agarre inmediato en la tela empapada y la piel expuesta. Otros 10 treparon rápidamente por su espalda, habiendo saltado desde una rama baja a 2 metros de altura. Los 25 restantes rodearon sus pies, mordiendo los tobillos y pantorrillas.
 
El segundo grupo de 50 intentó la misma estrategia con Sigurd, pero, para suerte del más alto de los Bucaneer, el ruido que habían generado los primeros en atacar a Ubbe le puso alerta. Cuando los 50 Parvicursores que acechaban a Sigurd estaban a 5 metros de este, listos para lanzarse al ataque, el Bucaneer podría tomar acción para salvarse de un destino similar al de su compañero que se negaba a perder las gafas oscuras a pesar de las condiciones de oscuridad en las que se encontraban.
 
Los 50 Parvicursor que atacaban a Ubbe ya habían establecido su dominio. 20 de ellos se aferraban a sus piernas, distribuyendo su peso para dificultar el movimiento. 15 más habían logrado escalar hasta su torso, usando sus garras como ganchos de escalada. Los últimos 15 coordinaban ataques rápidos desde el suelo, saltando para morder y retrocediendo inmediatamente al barro. Mientras tanto, los 50 que se acercaban a Sigurd se preparaban para su asalto. 25 de ellos se posicionaron en rocas elevadas entre 1 y 2 metros de altura y a 5 metros de distancia de Sigurd, listos para saltar. Los otros 25 se arrastraban por el barro directamente hacia sus pies, sus cuerpos bajos casi invisibles en la oscuridad, igual a 5 metros de distancia de Sigurd.
 
Un relámpago masivo iluminó toda la escena por un instante - 100 pequeños depredadores ejecutando un ataque coordinado contra dos gigantes, la lluvia creando un velo plateado sobre todo, el barro salpicando en todas direcciones, y al fondo, a solo 1 kilómetro de distancia, los cráneos colosales de los reyes marinos brillando espectralmente bajo la luz eléctrica. La oscuridad regresó, y con ella, el caos continuó. Los Parvicursores eran implacables, su estrategia de manada perfeccionada durante miles de años de evolución en Little Garden.
 
Y desde algún lugar al norte, a no más de 200 metros, un rugido profundo y gutural cortó a través del ruido de la tormenta. Algo mucho más grande había notado la conmoción, y estaba alerta.
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RE: [T3 - Presente Relativo] Protegiendo al Mundo de la Desvastacion - por Fuguwu - 28-09-2025, 02:06 PM

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