[EVENTO LOCAL - TOROS NEGROS] - Para el pueblo lo que es del pueblo
#36
Los gritos de los guardias que habían cargado contra el monje se escuchaban cada vez más alto desde el exterior del arsenal, donde las tres jóvenes trillizas esperaban a cubierto. La chica que se encontraba más cerca del flanco izquierdo del gigante, al escuchar a los soldados cada vez acercarse más y preocupada ante la pasmosa pasividad del invidente revolucionario, se asomó con intención de ayudar a este último. El momento elegido no pudo ser peor pues para su sorpresa y para la de aquellos hombres, estos últimos atravesaron el cuerpo del gigante. Antes de que la joven o cualquiera de sus hermanas pudieran reaccionar, el filo de un sable le hizo un corte en la mejilla derecha a la chica. Lei se echó entoncer hacia atrás, llevándose la mano derecha a la nueva herida, mientras se quejaba. Las otras dos rebeldes acudieron veloces en ayuda de su herida hermana, comenzando a atacar a los guardias, quienes se habían volteado, sorprendidos tras lo ocurrido. La tercera joven, lejos de quedarse parada, sacó una de las dos dagas que guardaba en el cinturón y siguió a sus hermanas en el ataque. Si hacía unos instantes el grupo de tiradores había desaparecido a manos del comandante revolucionario en un torbellino de oscuridad y muerte, este grupo de guardias había caído en una danza. Una danza en las que las tres jóvenes se movían gracilmente, perfectamente compenetradas como si fueran una, valiéndose de sus arcos y dagas para derrotar a los hombres hasta que no quedó ninguno en pie. Aquellos pobres hombres que se habían levantado este día como cualquier otro, dispuestos a pasar una larga jornada en su trabajo, no sólo habían perdido a sus compañeros a manos de un invasor, si no que encima ahora yacían en el suelo, apalizados por tres chicas. En cuanto se recuperaran de aquellos cortes y golpes sin duda más de uno pediría un aumento de sueldo.

Mientras esto sucedía, el comandante revolucionario, quien se había acercado caminando lentamente hacia aquel primer grupo de guardias se lanzó al ataque. Parecía que no le preocupaba lo más mínimo la notable inferioridad numérica en la que se encontraba y eso que, a diferencia de antes, ahora no disponía del factor sorpresa. Con los diestros movimientos que caracterizaban al antiguo pescador fue lanzando poderosos ataques, acabando con los que se encontraban más cerca de él e hiriendo a los que estaban más lejos. Los guardias más alejados podrían haber evitado un fatídico final simplemente manteniéndose alejados de aquel peligroso invasor, pero el ver caer a sus compañeros con tan pasmosa facilidad, sumado al frenesí del momento hicieron que estos se acercaran para tratar de acabar con el moreno, muriendo o quedando heridos de gravedad en el proceso.

Tras asegurarse de haber dejado fuera de combate a todos los guardias que habían herido a su preciada hermana, Rian y Dima comenzaron a inmovilizar a estos mismos, aplicando primeros auxilios a aquellos que tenían heridas algo más graves, asegurándose de esa forma que ninguno moriría por accidente - ¿No puedes tratarme a mi primero, hermana? - preguntó Lei, sentada en el suelo junto a su hermana Rian - Calla y ayuda, que no tienes más que un corte de nada - se quejó la otra, haciendo que la primera se echara levemente hacia atrás, añadiendo dramatismo a la para nada dramática situación - Hermana, si no me tratas pronto me va a quedar una enorme cicatriz - dijo, a lo que la tercera hermana suspiró, notablemente molesta - Mejor, así hace juego con tu fea cara - respondió Dima, lo cual pareció darle una idea a Lei quien sonrió con cierta malicia - Oh, es verdad, no me había dado cuenta. Si me queda una cicatriz, seguro que luego Robin cuando la vea se preocupa por mi y viene a abrazarme - habló con un tono realmente empalagoso con la intención de molestar a sus hermanas.

Aquella rocambolesca escena fue cortada de lleno por un puñetazo. Pero no se trataba de un puñetazo cualquiera, si no de un puñetazo del úrsido mariscal del ejército revolucionario. Un simple (pero realmente poderoso) puñetazo en la tierra, que hubiera quedado en nada si no fuera por los extraños y realmente útiles poderes del mink. En cambio, ese puñetazo hizo que el suelo se elevara hasta los cinco metros y comenzara a moverse hacia el final del pasillo. Las tres jóvenes callaron, mirando fijamente a aquella ola moverse lenta pero inexorablemente. La ola, o mejor dicho el suelo, avanzaba lo suficientemente despacio como para que, si los guardias que acababan de salir de la habitación con las puertas blindadas no hubieran tenido toda su atención puesta en tratar de emboscar al espadachín, hubiera podido tratar de hacer algo para huir de esta, pero no era el caso. Para cuando el primer guardia se percató de lo que se les venía encima ya era demasiado tarde. La ola golpeó de lleno al gran grupo, lanzándolos por los aires mientras los compañeros que estaban algo más alejados veían a estos volar, antes de recibir el golpe también. Mientras hombres llovían en el pasillo, la ola continuó avanzando perdiendo poco a poco su fuerza hasta disiparse al chocar contra la pared.

Al ver a casi la mitad de la guarnición del arsenal caer noqueada en un instante, y viendo perecer a un par de docenas de sus preciados compañeros frente a sus ojos, los valerosos guerreros que se encontraban al final de la sala de descanso y se habían preparado para la pelea optaron por la opción más lógica: tirar las armas, rindiéndose y suplicando al antiguo pescador por una clemencia que no estaban para nada seguros de que fueran a obtener, visto el destino que habían sufrido los compañeros que lo habían enfrentado. Aquellos hombres se mantenían lo más quietos que podían, con las manos levantadas mostrando que no suponían un peligro, por si el haber dejado las armas no le pareciera suficiente al hombre que se encontraba en guardia frente a ellos.

Tan pronto como las chicas terminaron de atar y estabilizar a los soldados de la entrada, dos de ellas corrieron hasta el final del pasillo, yendo una de ellas en la dirección que había seguido el gran líder, para hacer lo propio con los guardias que habían dejado fuera de combate los revolucionarios, o por lo menos aquellos que seguían con vida. Lei se quedó cerca de la entrada, cogiendo un Den Den Mushi de uno de los guardias, el cual utilizó para llamar a sus compañeros e informar del éxito de la incursión - Hola hola, aquí Lei informando - dijo con la característica alegre voz que compartía con sus hermanas - Ha sido un completo éxito. Tenemos los cañones - explicó, mientras caminaba en círculos por el pasillo - Estamos todos bien... bueno, a mí me han hecho un corte, y no se si podría aguantar sin que Robin viniera a darme un abrazo - habló a lo que recibió una respuesta de enfado del pelirrojo señor - No te enfades, Stutely. Se que esto es lo más importante. Yo solo decía que mañana tendré que pedirle a Robin que me de mimitos jijiji - se rio, a pesar de recibir otra respuesta de enfado - No os preocupéis. Todos están perfectamente. Lo mío es un cortecito de nada, y ha sido culpa mía por ir sin cuidado - explicó, pasando de caminar en círculos a caminar haciendo la forma del número ocho - ¿Vosotros necesitáis que os demos apoyo? - asintió a la respuesta del señor, mirando en dirección a sus hermanas - Entiendo, aviso y preparamos todo. Tened mucho cuidado - se despidió antes de colgar, llamando entonces a otro de sus compañeros para que se dirigieran hacia el arsenal. - ¿Maese Beto, si es tan amable podría vigilar que no se acerque ningún guardia? - le pidió amablemente al monje y tras eso corrió hacia donde se encontraban sus hermanas para informarles - Voy a ir preparando los cañones y lo demás - explicó, agachándose levemente - Entendido, cuando terminemos vamos a ayudarme, que no tienes ni idea de cañones.



Info

Off

Contenido Oculto


Mensajes en este tema
RE: [EVENTO LOCAL - TOROS NEGROS] - Para el pueblo lo que es del pueblo - por Voz Seductora - 29-09-2025, 05:01 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)