29-09-2025, 06:52 PM
(Última modificación: 06-10-2025, 01:36 PM por Bertram Gaufrid.)
El joven sargento caminaba con calma por la isla, atento a cada rincón, cada zona que podía ser usada para una emboscada o para que un tirador se escondiera, siguiendo el camino indicado al punto de encuentro con el recluta. Sin embargo, el camino no lo llevaba a la ciudad ni a ninguna zona de dojos, más bien se desviaba de la misma hacia el bosque haciendo que los pasos del arquero se dirigieran poco a poco y sin lugar a dudas hacia el bosque. No era común que la marina organizara un punto de encuentro tan secreto y apartado, era más propio que fueran piratas y otros criminales que se reunieran alejados del resto, necesitaban mantener el encuentro discreto y reducir el riesgo de ser atrapados por la marina o cazadores. Pero por mucho que le sorprendiera la decisión, el joven arquero no podía sino reírse de la ironía de la situación, pues casi parecía una broma mandarle precisamente a él a un bosque.
Cada paso del arquero era cuidado y medido, pero de forma completamente natural e inconsciente, la típica naturalidad que venía de alguien que ha pasado gran parte de su vida en un entorno hasta el punto de convertirse en uno con ella. Para Bertram caminar por el bosque era como para un cocinero estar en la cocina, algo instintivo y natural. De hecho era su conocimiento del entorno que le hacía detectar fácilmente los lugares donde podrían ocultarse enemigos, y aunque no parecía haber nadie esperando para atacar era costumbre en el arquero prestar atención a lo que le rodeaba en todo momento, pues habiendo crecido en mitad de cacerías aprendió que nunca se podía saber cuando las cosas se torcerían.
Tras un rato caminando tranquilamente el joven marine llegó a una zona abierta del bosque, un claro no muy grande, pero lo suficientemente espacioso como para funcionar como el centro de una trampa elaborada en el bosque. Los pasos, tranquilos pero decididos del sargento, lo sacaron del bosque al claro donde solamente se veía a un sujeto bastante peludo con un uniforme marine, por lo que Bertram se rascó nuevamente tras la cabeza y se acercó con calma al sujeto sacando el sobre de su chaleco para luego tenderlo al joven mientras decía
-Buenas tardes, por lo que me comentaron esta carta es para usted, sir.-
De normal eso sería todo y debería esperar la respuesta del joven antes de regresar con él al barco, pero de pronto sus oídos notaron unos ruidos concretos, ninguno propio del bosque, por lo que el joven aguzó un poco más su oído para tratar de averiguar alfo más, y su cara cambió, de una expresión tranquila pasó a mostrar una mirada seria mientras tomaba su arco en mano y decía
-Parece que tenemos compañía y no parece que esperasen que nadie viniera por la zona, sir.-
Lo último era una suposición en base a lo agitado de los pasos, era como cuando los padres pillaban a los niños haciendo una trastada, pues lo mismo se notaba en esa forma de moverse tan descuidada por el bosque.
Cada paso del arquero era cuidado y medido, pero de forma completamente natural e inconsciente, la típica naturalidad que venía de alguien que ha pasado gran parte de su vida en un entorno hasta el punto de convertirse en uno con ella. Para Bertram caminar por el bosque era como para un cocinero estar en la cocina, algo instintivo y natural. De hecho era su conocimiento del entorno que le hacía detectar fácilmente los lugares donde podrían ocultarse enemigos, y aunque no parecía haber nadie esperando para atacar era costumbre en el arquero prestar atención a lo que le rodeaba en todo momento, pues habiendo crecido en mitad de cacerías aprendió que nunca se podía saber cuando las cosas se torcerían.
Tras un rato caminando tranquilamente el joven marine llegó a una zona abierta del bosque, un claro no muy grande, pero lo suficientemente espacioso como para funcionar como el centro de una trampa elaborada en el bosque. Los pasos, tranquilos pero decididos del sargento, lo sacaron del bosque al claro donde solamente se veía a un sujeto bastante peludo con un uniforme marine, por lo que Bertram se rascó nuevamente tras la cabeza y se acercó con calma al sujeto sacando el sobre de su chaleco para luego tenderlo al joven mientras decía
-Buenas tardes, por lo que me comentaron esta carta es para usted, sir.-
De normal eso sería todo y debería esperar la respuesta del joven antes de regresar con él al barco, pero de pronto sus oídos notaron unos ruidos concretos, ninguno propio del bosque, por lo que el joven aguzó un poco más su oído para tratar de averiguar alfo más, y su cara cambió, de una expresión tranquila pasó a mostrar una mirada seria mientras tomaba su arco en mano y decía
-Parece que tenemos compañía y no parece que esperasen que nadie viniera por la zona, sir.-
Lo último era una suposición en base a lo agitado de los pasos, era como cuando los padres pillaban a los niños haciendo una trastada, pues lo mismo se notaba en esa forma de moverse tan descuidada por el bosque.
