30-09-2025, 10:46 PM
Es curioso. Todos nos decimos unos a otros que esto o aquello es peligroso. Y es cierto, puesto que hay infinidad de peligros; unas veces en forma de animales, otras, vestidos con elegantes trajes, cubiertos de joyas de gran valor o refugiados en sus grandes mansiones. Sin embargo, pocas veces nos paramos a ver todas las cosas buenas que tiene la vida. Verlas o disfrutarlas.
—Sí, claro que tengo apellido, señorita Gwendolyn —comento con voz apesadumbrada—. Pero es algo que pertenece a otra vida. Ahora soy solamente Varo. Ya no me queda nada de mi familia.
—Sí, claro que tengo apellido, señorita Gwendolyn —comento con voz apesadumbrada—. Pero es algo que pertenece a otra vida. Ahora soy solamente Varo. Ya no me queda nada de mi familia.
Escucho sus respuestas con una mezcla de atención y curiosidad. No paro de preguntarme cómo será percibir la vida sin alguno de mis sentidos. Yo siempre he tenido buen oído, en las sombras es algo útil, pero al final, por instinto, siempre recurres a la vista. Sin embargo, ella parece apreciar cada pliegue y cada imperfeccion de aquello que toca, igual que hago yo con los trazos de las pinturas que llegan a mí taller. También me culpo por no haberla dejado palpar las flores y ahora estar hablando de ellas.
Continuamos bajo la espesura que forma una especie de cúpula sobre nosotros, mientras el canto de los pájaros ameniza nuestra estancia. Encuentro entrañable la manera en que se sorprende al escuchar el canto del songbird y la curiosidad que muestra ante un mundo que no se abre ante sus ojos, pero que si que llena el resto de sus sentidos.
—No se preocupe. No me molestan sus preguntas —digo justo antes de que mi respiración sufra un intento de detenerse. He oído bien? No podía salir de la iglesia... —. Entiendo perfectamente su curiosidad. Yo también pasé gran parte de mi vida encerrado. Y ahora... Aquí me tienes. Escapándome a la selva siempre que puedo.
Puede que sea eso. Tal vez algo de ella me recordaba a mí hace unos años. Yo también estuve ciego ante este mundo, de una manera diferente, por supuesto, pero tampoco era capaz de ver los terrores que me acechaban y mucho menos las cosas hermosas que nos rodeaban.
—Los Songbird? Ehm... —comento con dudas en mi voz, como si estuviera buscando las palabras para no limitarme a enumerar una lista de cualidades físicas—. Bueno yo solo he visto ilustraciones en los libros. No son muy grandes, algo más de lo que es un gorrión. Y si plumaje es verde aunque guarda detalles rojos, que lo hacen confundirse con hojas o frutos de los árboles. También son muy esquivos, por aquello de los peligros de la selva. Nadie quiere convertirse en la presa de otros.
La miro y mis ojos se clavan en su sonrisa. Una sonrisa que me llena de calidez, que me trae recuerdos de la infancia, pues hace mucho que no veo sonreír a nadie si no es por haber conseguido un buen botín, pero esas sonrisas están cargadas de malicia, no como la suya. La pequeña risa que se escapa entre sus labios parece marcar la salida de una carrera de aves, pues están levantan el vuelo para huir, sin ser conscientes de la bondad que encierra dentro el ser que los asusta.
—Vaya, parece que nuestros amigos tenían otros planes —digo y mi voz se entrecorta al recordar que tengo un encargo por cumplir y no puedo demorarme mucho más—. Qué más le gustaría descubrir en esta selva? O tal vez en esta isla. Aún dispongo de algo de tiempo antes de que deba marcharme. Sería un honor acompañarla en su exploración.
Aún tengo que prepararme para ir a por el cuadro en la mansión Da Sousa, pero será mucho mejor ir a recuperarlo cuando estén todos dormidos. Al final, las sombras siempre han sido mi hogar, al menos durante los últimos años. Aunque Gwendolyn me recuerda a cuando mi vida era muy distinta.
