30-09-2025, 08:33 PM
Con la ira manifestada en su más primitiva forma, Sohem hacía explotar su aura de una manera tan feroz que la Ouka Shichibukai, Ren Wansot, no tuvo forma de soportar con integridad aquel estallido espiritual, haciendo temblar los propios cimientos de la mansión, y haciendo volar mucho de los billetes que brotaban de aquellos árboles dignos de una película. Incluso la propia ciudad gracias a esa inconmensurable presión invisible, reverberaba, viéndose afectado hasta el propio Shoto que, una vez que vio los rayos propios del Haoshoku, no tuvo forma de escapar a tiempo del radio de acción de este bendito poder, cayendo inconsciente inmediatamente y desplomándose en el cemento dónde convergían ambas avenidas. Con la tiradora fuera de juego, la Mansión del Botín y Ciudad Rupia respiraban un aire más tranquilo y libre de amenazas. Al cesar Sohem de emitir su Haoshoku, tanto el pasto como los árboles - llamados científicamente como "berryales" - del jardín de la mansión se tranquilizaron, meciéndose suavemente con el viento. Viktor, por su parte, podía observar como, en la biblioteca, se hallaba tendido a sus pies el cuerpo inconsciente de la Shichibukai, con la boca llena de espuma y quién aún respiraba.
No obstante, aún quedaba un asunto por resolver, y ese era nada más y nada menos que el Emperador del Inframundo que, gracias al uso del Kenbunshoku, podíais sentir - o mejor dicho, intuir - que se encontraba en la primera planta, en la parte más pegada al fondo del Ala Este, junto a otras 250 presencias. Si decidían ir directamente hacia él, lo único que debían hacer era cruzar el pasillo central de la planta baja, decorado con varios cuadros - poco narcisistas - del propio Nitobo y teniendo el suelo tapizado con una gran alfombra roja. Si fijaban la mirada al techo, era posible observar varias lámparas de araña, engastadas con múltiples diamantes de un quilate. Al final de ese pasillo, sería que se encontraría una gran escalera - también tapizada con la alfombra rojiza -, con unas barandillas bien decoradas, que llevaría hasta la primera planta. Al subir por aquellas escaleras, lo primero que se podría observar era, lejos de lo que se podía apreciar en la planta baja, un campo de minigolf, abandonando las decoraciones pomposas, doradas y llenas de incrustaciones doradas por un suelo repleto de césped y con varias atracciones y obstáculos propios del juego. El campo de minigolf se extendía en toda la planta, dividida en tres subzonas siendo cada una la central, la del Ala Oeste y la del Ala Este. Era en el propio Ala Este que, dentro del sección, a su vez había otra habitación, en la esquina más alejada de la fachada principal, dónde se encontraba el propio Nitobo con lo que quedaba de sus hombres.- Hay que coger todo el dinero que podamos y largarnos de aquí-yen. - Decía un nervioso Nitobo, mientras guardaba fajos y fajos de billetes en gran saco de tela.- Esos ruidos no auguran nada bueno, y temo por la ineptitud de mi propia guardaespaldas-yen. - Añadió, emitiendo un suspiro.- No hay tiempo que perder, pero no dejéis ni un mísero berry en la sala del tesoro, o estáis despedidos-yen. - Amenazó, mientras seguía guardando todas las riquezas de las que disponía, encontrándose el Emperador en un habítaculo, de unos 10 metros de largo por 10 de ancho, lleno de estanterías con miles y miles de fajos de billetes de 50.000 berries perfectamente apilados, así como toda clase de tesoros y esculturas bañadas en oro que cualquier hombre afán del dinero podía soñar. Se rumoreaba que el valor de todo lo que se guardaba en la Sala del Tesoro, podía ascender a la cifra de 1000 millones de berries.
Por otro lado, también tenían la opción de pararse a investigar las distintas zonas de la mansión. En concreto, en la planta baja, podían encontrar el comedor, los baños públicos, los almacenes de contabilidad, los dormitorios de los Lobos de Foodvalten, así como su propia oficina y el despacho del propio Nitobo. Y esto tan sólo en la primera planta pero, debían apurarse pues, el tiempo apremía y ese mismo tiempo podría ser utilizado por el propio Emperador para escabullirse de lugar.
No obstante, aún quedaba un asunto por resolver, y ese era nada más y nada menos que el Emperador del Inframundo que, gracias al uso del Kenbunshoku, podíais sentir - o mejor dicho, intuir - que se encontraba en la primera planta, en la parte más pegada al fondo del Ala Este, junto a otras 250 presencias. Si decidían ir directamente hacia él, lo único que debían hacer era cruzar el pasillo central de la planta baja, decorado con varios cuadros - poco narcisistas - del propio Nitobo y teniendo el suelo tapizado con una gran alfombra roja. Si fijaban la mirada al techo, era posible observar varias lámparas de araña, engastadas con múltiples diamantes de un quilate. Al final de ese pasillo, sería que se encontraría una gran escalera - también tapizada con la alfombra rojiza -, con unas barandillas bien decoradas, que llevaría hasta la primera planta. Al subir por aquellas escaleras, lo primero que se podría observar era, lejos de lo que se podía apreciar en la planta baja, un campo de minigolf, abandonando las decoraciones pomposas, doradas y llenas de incrustaciones doradas por un suelo repleto de césped y con varias atracciones y obstáculos propios del juego. El campo de minigolf se extendía en toda la planta, dividida en tres subzonas siendo cada una la central, la del Ala Oeste y la del Ala Este. Era en el propio Ala Este que, dentro del sección, a su vez había otra habitación, en la esquina más alejada de la fachada principal, dónde se encontraba el propio Nitobo con lo que quedaba de sus hombres.- Hay que coger todo el dinero que podamos y largarnos de aquí-yen. - Decía un nervioso Nitobo, mientras guardaba fajos y fajos de billetes en gran saco de tela.- Esos ruidos no auguran nada bueno, y temo por la ineptitud de mi propia guardaespaldas-yen. - Añadió, emitiendo un suspiro.- No hay tiempo que perder, pero no dejéis ni un mísero berry en la sala del tesoro, o estáis despedidos-yen. - Amenazó, mientras seguía guardando todas las riquezas de las que disponía, encontrándose el Emperador en un habítaculo, de unos 10 metros de largo por 10 de ancho, lleno de estanterías con miles y miles de fajos de billetes de 50.000 berries perfectamente apilados, así como toda clase de tesoros y esculturas bañadas en oro que cualquier hombre afán del dinero podía soñar. Se rumoreaba que el valor de todo lo que se guardaba en la Sala del Tesoro, podía ascender a la cifra de 1000 millones de berries.
Por otro lado, también tenían la opción de pararse a investigar las distintas zonas de la mansión. En concreto, en la planta baja, podían encontrar el comedor, los baños públicos, los almacenes de contabilidad, los dormitorios de los Lobos de Foodvalten, así como su propia oficina y el despacho del propio Nitobo. Y esto tan sólo en la primera planta pero, debían apurarse pues, el tiempo apremía y ese mismo tiempo podría ser utilizado por el propio Emperador para escabullirse de lugar.
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