30-09-2025, 09:42 PM
Qué sorpresa tan deliciosa me regaló el destino, honey. Yo esperaba el murmullo ronco de un viejo sacerdote, y en cambio lo que atravesó la rejilla fue una voz distinta, suave, inocente, con un temblor que parecía rezar incluso cuando no pronunciaba plegarias, no olía a incienso ni a vino barato; olía a incertidumbre.
Mis labios se curvaron en una sonrisa amplia, y una risa bajita se me escapó, como un pétalo de luz que flota antes de arder. —Ay, cariño, no sabes lo divertido que es esto, yo, con mis demonios sobre la lengua, y tú, tan dulce, preguntando como si todavía existieran respuestas limpias en este mundo. — Me incliné hacia adelante, casi pegando mis labios a la rejilla, dejando que mi aliento viajara hacia ella como un secreto envenenado.
—¿Quieres saber por qué corté esos hilos familiares? Porque a veces, darling, lo que llaman amor no es más que una soga. Porque los mismos labios que decían “te quiero” fueron los que me escupieron veneno. Porque no todos merecen el título de padre o madre, aunque la sangre los delate. — Mis dedos, con uñas rojas como pecados, rascaron la madera, marcando un ritmo que era más confesión que música.
—¿Crees que vine aquí a buscar absolución? No, honey. Lo que busco es jugar con el eco de mis propios crímenes, ver si la fe es tan fuerte como dicen o si basta con un poco de teatro para quebrarla. — Hubo un instante en que la penumbra me apretó el pecho, recordándome ese sótano húmedo que me convirtió en lo que soy. Mi sonrisa se tensó, pero no la dejé caer. Al contrario, la afiancé, como quien se pinta una máscara antes de salir al escenario.
—El mundo —murmuré, saboreando cada sílaba —Es un cabaret. Tiene luces hermosas, sí, pero tras bambalinas sólo hay ratas, sudor y gritos, te puede ofrecer miel en los labios y luego clavarte cuchillos en la espalda, es un espectáculo eterno, dulce y cruel, brillante y podrido al mismo tiempo. — Saqué mi pequeño espejo de bolsillo, lo acerqué a la rejilla y me miré, solo para besar mi propio reflejo, una caricia teatral que no podía compartir con mi interlocutora invisible.
—Y tú… oh, cariño… tienes una voz que todavía suena a inocencia, como una canción que no ha sido interrumpida por disparos, créeme cuando te digo que hay cosas que mejor nunca veas, aunque algún día te las susurre la oscuridad. — Incliné la cabeza, como un gato curioso, dejando que mi voz bajara hasta volverse casi un ronroneo.
—Pero escucha bien esto, si alguna vez el telón de este mundo te resulta demasiado pesado, Rosse Bellecour lo alzará para ti. Y entonces, honey, I'll invite you to dance. —
—Pero, darling… si resultara que detrás de esta rejilla no hay inocencia sino una farsante jugando a ser sacerdotisa, oh, qué divertido sería arrancarte la máscara, because i kiss with the same mouth with which i bite, y te juro que mis dientes no distinguen entre la piel y la mentira, así que elige bien tu papel, cariño, puedes ser my confidant en la penumbra o the corpse que inspire mi próximo acto. —
Mis labios se curvaron en una sonrisa amplia, y una risa bajita se me escapó, como un pétalo de luz que flota antes de arder. —Ay, cariño, no sabes lo divertido que es esto, yo, con mis demonios sobre la lengua, y tú, tan dulce, preguntando como si todavía existieran respuestas limpias en este mundo. — Me incliné hacia adelante, casi pegando mis labios a la rejilla, dejando que mi aliento viajara hacia ella como un secreto envenenado.
—¿Quieres saber por qué corté esos hilos familiares? Porque a veces, darling, lo que llaman amor no es más que una soga. Porque los mismos labios que decían “te quiero” fueron los que me escupieron veneno. Porque no todos merecen el título de padre o madre, aunque la sangre los delate. — Mis dedos, con uñas rojas como pecados, rascaron la madera, marcando un ritmo que era más confesión que música.
—¿Crees que vine aquí a buscar absolución? No, honey. Lo que busco es jugar con el eco de mis propios crímenes, ver si la fe es tan fuerte como dicen o si basta con un poco de teatro para quebrarla. — Hubo un instante en que la penumbra me apretó el pecho, recordándome ese sótano húmedo que me convirtió en lo que soy. Mi sonrisa se tensó, pero no la dejé caer. Al contrario, la afiancé, como quien se pinta una máscara antes de salir al escenario.
—El mundo —murmuré, saboreando cada sílaba —Es un cabaret. Tiene luces hermosas, sí, pero tras bambalinas sólo hay ratas, sudor y gritos, te puede ofrecer miel en los labios y luego clavarte cuchillos en la espalda, es un espectáculo eterno, dulce y cruel, brillante y podrido al mismo tiempo. — Saqué mi pequeño espejo de bolsillo, lo acerqué a la rejilla y me miré, solo para besar mi propio reflejo, una caricia teatral que no podía compartir con mi interlocutora invisible.
—Y tú… oh, cariño… tienes una voz que todavía suena a inocencia, como una canción que no ha sido interrumpida por disparos, créeme cuando te digo que hay cosas que mejor nunca veas, aunque algún día te las susurre la oscuridad. — Incliné la cabeza, como un gato curioso, dejando que mi voz bajara hasta volverse casi un ronroneo.
—Pero escucha bien esto, si alguna vez el telón de este mundo te resulta demasiado pesado, Rosse Bellecour lo alzará para ti. Y entonces, honey, I'll invite you to dance. —
—Pero, darling… si resultara que detrás de esta rejilla no hay inocencia sino una farsante jugando a ser sacerdotisa, oh, qué divertido sería arrancarte la máscara, because i kiss with the same mouth with which i bite, y te juro que mis dientes no distinguen entre la piel y la mentira, así que elige bien tu papel, cariño, puedes ser my confidant en la penumbra o the corpse que inspire mi próximo acto. —
