30-09-2025, 09:49 PM
La muchacha pareció encontrar muy problemático que se hubieran llevado su bastón, incluso intentó ocultarlo luego, pero esa preocupación inicial era un símbolo lo suficientemente claro de lo importante que era ese objeto para ella. - Lo siento, no sabía que era tan importante. Lo recuperaré para ti -. Para su sorpresa, fue la misma muchacha quien comenzó la búsqueda, decidida a recuperar lo que era suyo.
- No se trata de eso -. Le pareció que el comentario fue bien intencionado, en verdad no había nada de malo en recibir ayuda, pero esas mujeres tenían otra perspectiva. - No les importa recibir ayuda, todos la necesitamos en algún punto, pero ellas y sus familias trabajan para ganarse el dinero y salir adelante. Si sus hijos se dedicaran a molestar al resto y robar, y aún así recibieran dinero por eso, les estaría mostrando que ese mal camino no es castigado -. Estaba seguro de que aprenderían al crecer, pero no sin una educación adecuada, no si simplemente se les daba lo que querían. - Si lo único que tienes es tu bastón, apresurémonos y vamos a recuperarlo -.
Por fin le compartió su nombre, habló de que ese bastón era lo único que le quedaba de su hogar. Sintió cierta afinidad, ¿ella también había perdido a sus seres queridos? ¿Por eso viaja? Por un momento se hizo esas preguntas a sí mismo, como si pudiera encontrar las respuestas simplemente analizando, y no preguntando. De nuevo, fue la mujer quien guio el inicio del camino, con la justificación de su gran oído. - Oh, entonces permíteme seguirte -. Siempre había pensado que si alguien perdía un sentido, sería razonable que uno o varios de los que le quedaban mejoraran para adaptarse a eso, pero siempre lo había pensado como una fantasía más que como una realidad.
- Lamento escuchar eso -. Perdida por una tormenta, una mujer con esas dificultades. En verdad podría considerarse un milagro que hubiera sobrevivido, que incluso pueda pararse y aún tener con ella un trozo de su hogar. - ¿No conoces la isla donde vivías antes? Su aroma, su nombre… Si supieras algo podría ayudarte, o buscar a alguien que te ayude -. La vida ajena no era de su incumbencia, no se metía con los demás porque no le gustaba que indaguen de más en su vida, pero esta persona parecía tan pura, que no podía dejarla a su suerte si tenía la posibilidad de ayudar en algo.
El camino los llevó fuera de la zona acaudalada de la isla. Los caminos de piedras bien ordenadas dieron paso a calles de tierra y césped a sus costados. - No será necesario, te aseguro que podemos recuperarlo sin causar ningún problema -. Al fin y al cabo, podía ver en la lejanía las casas del pueblo más cercano, conocía una en particular, la que sería su destino. - Recuperaremos tu bastón, así que no te preocupes -.
Un par de minutos de caminata después y ya se encontraban a las afueras de un hogar. El cómo se veía no parece ser importante, viendo la clara dificultad de una de nuestros protagonistas por notarlo, pero si que se podía sentir un claro olor a carne asada, junto con el sonido de una chimenea y cubiertos chocando entre ellos. Uker dio un par de golpes en la puerta, para luego esperar una respuesta. Un sonoro “En camino” se escuchó desde el interior, y al poco tiempo la puerta se abrió. Una mujer adulta, ya entrada en años, los recibió. - Uker, que sorpresa verte. ¿Sucedió algo? -. Su pelo, largo, estaba recogido con un pañuelo, el delantal que llevaba tenía manchas de salsa, y desprendía un olor a verduras y carne. - Lo siento por las molestias, señorita Magus. Estamos buscando a… -.
La mujer dio un suspiro antes de que el cocinero pueda terminar. - No me digas, mi pequeño de nuevo se metió en problemas -. Sonaba agotada, así como acostumbrada a sucesos así. - ¿Dónde debo buscarlo? -. Uker sonrió, levantando sus brazos para detener a la mujer y sus pensamientos. - No, no, no es eso. No causó problemas, simplemente cometí un error y se llevó por equivocación algo que no era suyo -. Claramente mentía, pero no tuvo que mantener esa idea por mucho, antes de que un sonido atronador sonara desde dentro de la casa.
La dueña del lugar se dio la vuelta, encontrándose a su hijo, uno de los chicos que habían molestado a Gwendolyn, en medio de la sala. Había intentado entrar en silencio y pasar desapercibido por una de las ventanas, pero había chocado con una mesa y tumbado una decoración de madera. Por suerte, el animal esculpido estaba intacto, pero todos tenían su atención puesta en el muchacho ahora, notando como cargaba el bastón en sus brazos. - Matt, ¿podrías devolverle a Uker y esta señorita eso que le quitaste? -. Palabras dulces, pero cualquiera podría decir que solo estaba esperando para regañarlo.
- No se trata de eso -. Le pareció que el comentario fue bien intencionado, en verdad no había nada de malo en recibir ayuda, pero esas mujeres tenían otra perspectiva. - No les importa recibir ayuda, todos la necesitamos en algún punto, pero ellas y sus familias trabajan para ganarse el dinero y salir adelante. Si sus hijos se dedicaran a molestar al resto y robar, y aún así recibieran dinero por eso, les estaría mostrando que ese mal camino no es castigado -. Estaba seguro de que aprenderían al crecer, pero no sin una educación adecuada, no si simplemente se les daba lo que querían. - Si lo único que tienes es tu bastón, apresurémonos y vamos a recuperarlo -.
Por fin le compartió su nombre, habló de que ese bastón era lo único que le quedaba de su hogar. Sintió cierta afinidad, ¿ella también había perdido a sus seres queridos? ¿Por eso viaja? Por un momento se hizo esas preguntas a sí mismo, como si pudiera encontrar las respuestas simplemente analizando, y no preguntando. De nuevo, fue la mujer quien guio el inicio del camino, con la justificación de su gran oído. - Oh, entonces permíteme seguirte -. Siempre había pensado que si alguien perdía un sentido, sería razonable que uno o varios de los que le quedaban mejoraran para adaptarse a eso, pero siempre lo había pensado como una fantasía más que como una realidad.
- Lamento escuchar eso -. Perdida por una tormenta, una mujer con esas dificultades. En verdad podría considerarse un milagro que hubiera sobrevivido, que incluso pueda pararse y aún tener con ella un trozo de su hogar. - ¿No conoces la isla donde vivías antes? Su aroma, su nombre… Si supieras algo podría ayudarte, o buscar a alguien que te ayude -. La vida ajena no era de su incumbencia, no se metía con los demás porque no le gustaba que indaguen de más en su vida, pero esta persona parecía tan pura, que no podía dejarla a su suerte si tenía la posibilidad de ayudar en algo.
El camino los llevó fuera de la zona acaudalada de la isla. Los caminos de piedras bien ordenadas dieron paso a calles de tierra y césped a sus costados. - No será necesario, te aseguro que podemos recuperarlo sin causar ningún problema -. Al fin y al cabo, podía ver en la lejanía las casas del pueblo más cercano, conocía una en particular, la que sería su destino. - Recuperaremos tu bastón, así que no te preocupes -.
Un par de minutos de caminata después y ya se encontraban a las afueras de un hogar. El cómo se veía no parece ser importante, viendo la clara dificultad de una de nuestros protagonistas por notarlo, pero si que se podía sentir un claro olor a carne asada, junto con el sonido de una chimenea y cubiertos chocando entre ellos. Uker dio un par de golpes en la puerta, para luego esperar una respuesta. Un sonoro “En camino” se escuchó desde el interior, y al poco tiempo la puerta se abrió. Una mujer adulta, ya entrada en años, los recibió. - Uker, que sorpresa verte. ¿Sucedió algo? -. Su pelo, largo, estaba recogido con un pañuelo, el delantal que llevaba tenía manchas de salsa, y desprendía un olor a verduras y carne. - Lo siento por las molestias, señorita Magus. Estamos buscando a… -.
La mujer dio un suspiro antes de que el cocinero pueda terminar. - No me digas, mi pequeño de nuevo se metió en problemas -. Sonaba agotada, así como acostumbrada a sucesos así. - ¿Dónde debo buscarlo? -. Uker sonrió, levantando sus brazos para detener a la mujer y sus pensamientos. - No, no, no es eso. No causó problemas, simplemente cometí un error y se llevó por equivocación algo que no era suyo -. Claramente mentía, pero no tuvo que mantener esa idea por mucho, antes de que un sonido atronador sonara desde dentro de la casa.
La dueña del lugar se dio la vuelta, encontrándose a su hijo, uno de los chicos que habían molestado a Gwendolyn, en medio de la sala. Había intentado entrar en silencio y pasar desapercibido por una de las ventanas, pero había chocado con una mesa y tumbado una decoración de madera. Por suerte, el animal esculpido estaba intacto, pero todos tenían su atención puesta en el muchacho ahora, notando como cargaba el bastón en sus brazos. - Matt, ¿podrías devolverle a Uker y esta señorita eso que le quitaste? -. Palabras dulces, pero cualquiera podría decir que solo estaba esperando para regañarlo.
