El lunarian de la mascara de hueso [Pasado]
#1
Siento tener que comunicaros que los sucesos que se van a relatar en este diario no van a ser alegres y, si estáis junto a algún infante, recomiendo sacarle de la habitación antes de continuar. El diario que vais a leer tiene partes extremadamente desagradables y nadie os culpara si decidís cerrar la pestaña, apagar el ordenador y distraeros con un paseo bajo la agradable luz de la luna, permaneciendo con ello ajenos a los sucesos que aquí serán narrados. Sin embargo, si os gustan las historias que muestran cuan cruel puede llegar a ser el ser humano… Os aconsejo que consigáis unos aperitivos, os centréis en la pantalla y os preparéis para leer la historia del joven Fyodor, donde presenciaremos los 6 días más importantes antes del comienzo de su aventura

Mi nombre, por si os lo preguntáis, no es necesario en esta historia, pero, tras 7 tranquilos años apartado en la soledad el bosque, me veo en la triste obligación de regresas a mi vieja maquina de escribir y volver a documentar un relato de estas características.

Capitulo 1: Bienvenido al mundo.

Año 1

Nuestra historia comienza en un lugar desconocido para muchos, con un pasado sangriento, traicionero y despiadado que queda oculto por el lujo y la ostentosidad que rezuma cada rincón de sus calles. A 10000 metros sobre el nivel del mar, en la Tierra Sagrada de Mary Geoise, donde el mundo entero queda a los pies de los tenryubitos, gobernantes del mundo que dictan las normas y acababan con cualquiera que se atreviese a desafiarles.

Allí, quitando el inmenso castillo de Pangea, pocas edificaciones destacaban por encima de las otras en el Dominio de los Dioses, la ciudad donde residen los nobles mundiales, pero el hogar de la familia Tsvetnik lograba eso gracias a sus enormes jardines florales que, gracias a la armonía artística que tenían y al excelso cuidado que recibían por parte de la familia y sus esclavos, hacían resaltar la enorme mansión de mármol blanco, de sobrecargado y pomposo estilo victoriano en la que, quitando los ya mencionados elegantes jardines, lo que más destacaba eran los 2 ángeles armados con llameantes espadas y con grandes alas en su espalda, cincelados con sumo detalle encima de la entrada principal y de un blanco tan puro que, a esas horas de la noche, reflejaban sin impedimentos la hermosa luz de la luna llena que bañaba la cima del mundo y las casas de sus habitantes.

Cualquier otro día nadie habría osado encender una luz por la noche en aquella imperial mansión. El cabeza de familia, Saint Tsvetnik Lev, era muy estricto con los horarios de sueño y cualquier luz, por mínima que fuese, estaba terminantemente prohibida después de cenar y eso era algo que todos los esclavos sabían muy bien. Aunque, al igual que hace casi 4 años, algo especial estaba pasando ese día y las luces encendidas en una de las habitaciones de la casa así lo reflejaban, con una suave luz proveniente de una elegante lámpara de techo.

-  “¡Fyodor, ve al baño y trae mas toallas limpias!” - Exigió con tono preocupado una anciana sirvienta, de largas trenzas canosas, grandes alas blancas en su espalda y que mediría cerca de 2 metros de altura, a un pequeño niño, diminuto en comparación, de no mas de 4 años y que destacaba por tener unas grandes alas negras en su espalda, el pelo blanco como la nieve y un tono de piel de tez morena que hacia destacar su cabello. Acompañando al lujo y la elegancia que estaba impuesta en aquella sala, el cuerpo del pequeño estaba cubierto con la impoluta y ajustada ropa de servicio, aunque había una prenda que desentonaba con la vestimenta del pequeño, una larga y roja bufanda repleta de remiendos con elegantes bordados de diferentes flores, de calidad extraordinaria pero vieja y gastada y cuya función era cubrir el rostro del joven lunarian. 

El joven no había levantado su cabeza desde que ingresó a esa instancia hace más de una hora, escondiendo su rostro todo el tiempo mientras estaba atento a cualquier orden que le diesen, al igual que otras 4 sirvientas que estaban pegadas a la pared, con sus pequeñas alas de skypiean casi rozando la pintura, esperando pacientes a que su superiora las necesitara.

- “¡Sí, señora!” - Con sólo esa afirmación y sin apartar la mirada del suelo, el pequeño niño salió velozmente de la única habitación iluminada de la casa, utilizando la puerta de servicio y dejando a la hija de la familia, que estaba dando a luz al futuro heredero de los Tsvetnik, junto a las 5 sirvientas.

Los angostos pasillos secretos por los que se movía el pequeño Fyodor habrían sido un inconveniente para cualquier otro, pero el lunarian pasaba la mayor parte de su tiempo metido ahí dentro, escondido por orden del cabeza de familia, y había memorizado a la perfección aquel laberinto como si fuera la palma de su mano. La oscuridad casi absoluta, por su parte, tampoco suponía ningún problema para los ojos de Fyodor, que había convertido a la oscuridad en su mejor amiga gracias a sus ojos, rojos como la sangre, con un patrón similar a unas espinas en el iris y capaces desde su nacimiento de ver en esa oscuridad. Gracias a esto pudo llegar al pomposo baño, recoger las toallas y volver a la habitación en menos de 3 minutos, haciendo gala de una eficiencia impropia de un niño normal de su edad.

Nada más cruzar Fyodor el umbral de la puerta oculta, un grito agudo e irritante taladró los oídos de todos los presentes. - “¡Llegas tarde! Quédate ahí y no molestes.” - Recriminó con tono severo la anciana al pequeño niño mientras le quitaba con fuerza una de las toallas limpias que había llevado, envolviendo hábilmente y con suma delicadeza al pequeño bebé antes de entregárselo a su madre, una hermosa y joven lunarian de unos 4 metros, de tez morena, con un cabello de un blanco tan puro que reflejaba cualquier luz y que, ahora despeinado y cayendo sobre su espalda, tapaba parte de sus grandes alas negras, de unos 25 años y que, pese al notable agotamiento físico y mental, mantenía una gentil sonrisa en su delicado y extremadamente bello rostro mientras trataba de calmar al recién nacido meciéndole en sus delgados brazos.

- “¿Dónde están mi padre y mi esposo?” - Preguntó con voz débil y con un tono de casi imperceptible de tristeza debido al recuerdo de su madre, ahora postrada en cama por una rara enfermedad y que está vez, al contrario que hace casi un lustro, le había impedido ayudar en el parto.

Mientras la anciana se giraba en dirección a la ventana para ver los elegantes jardines que eran el orgullo de la familia, haciendo un gesto con la mano para mandar fuera al resto de sirvientas y encendiendo con la otra el den den mushi de su oreja para tratar de localizar a los dos miembros restantes de la familia y que así pudiesen conocer al nuevo miembro de los Tsvetnik. Fyodor, por su parte, seguía inmóvil al lado de la puerta de servicio, siendo, como de costumbre, ignorado por el resto de personas y esperando nuevas órdenes que acatar. El bebé, por su parte, seguía taladrándole la cabeza con su agudo e incesante llanto y, pese a que lo tenía prohibido, la curiosidad terminó por ganar la batalla y hacer que levantase ligeramente la cabeza para poder ver como era el nuevo miembro de la familia. El joven lunarian, con el rostro levantado y descubierto al no taparse con la bufanda, se encontró con una bola de carne de color oscuro, con dos alas negras, tapado hasta la cabeza con la lujosa toalla que había llevado él mismo minutos antes y que, pese a los intentos de su madre, no paraba de llorar mientras intentaba abrir los ojos, consiguiéndolo poco a poco.

El silencio se hizo absoluto en el momento en el que Fyodor y el bebé, que pudo ver por primera vez el mundo que le rodeaba, cruzaron miradas. Aquél pequeño e indefenso ser, con unos pocos instantes de vida y protegido por los brazos de una madre que ignoraba lo que estaba sucediendo, estaba sintiendo un miedo primigenio capaz de helar la sangre del más valiente y que, en esos momentos, atenazaba sus pequeños pulmones y le impedían respirar, incapaz de apartar la mirada de esos siniestros ojos rojos, los mismos que acompañaban un deformado y aterrador rostro, digno de un monstruo de alma siniestra y más oscura que la noche más cerrada.

Apenas pasaron un par de segundos antes de que una gran mano impactara en el rostro de Fyodor. - “¡Idiota!” - El grito de la anciana sirvienta rompió el silencio justo antes de que el pequeño cuerpo del lunarian golpease en la pared del fondo, asustando con ello al resto del servicio y a la joven madre que pedía explicaciones con la mirada a la sirvienta que la había acompañado toda su vida, protegiendo con sus brazos y alas al pequeño recién nacido que había retomado su llanto de forma aún más escandalosa. - “No pasa nada, señorita Irina. El joven Fyodor no preparó el vino antes de subir a ayudarnos con el nacimiento del nuevo miembro de la familia y próximo heredero.” - Mintió, con un tono dulce que contrastaba enormemente con lo que había sucedido hace apenas unos segundos.

- “No hace falta que seas tan dura con el pobre Fyodor. A madre no le gusta que le tratéis así.” -Respondió con tono condescendiente mientras giraba el rostro lo suficiente como para ver a Fyodor levantarse torpemente, con la cabeza gacha y ajustando la vieja bufanda al mismo tiempo que las lagrimas caían poco a poco de sus ojos y empapaban la roja tela. -  “Puedes retirate. Has hecho un buen trabajado ayudando a la vieja Kostya a traer al pequeño Viktor al mundo.” - Concluyó, sin terminar de ver como se levantaba el pequeño e indiferente al sufrimiento y dolor de Fyodor, centrada solamente en su hijo recién nacido y demostrando con ello una falta de interés y empatía absoluta por el pequeño lunarian.

-  “Gra-gracias.” - Tartamudeo con voz temblorosa Fyodor antes de retirarse por la puerta de servicio, sabiendo que el castigo que le esperaría esa noche por parte de la anciana sirvienta que, en esos momentos, sonreía a la joven madre tras lanzar una mirada fulminante al pequeño Fyodor antes de que este desapareciese en la oscuridad de la noche.

Si alguien con algo de luz hubiese estado en ese mismo lugar, podría haber visto al pequeño Fyodor caminando sin rumbo por los angostos y oscuros pasillos de servicio, llorando de forma ahogada y con su vieja bufanda abierta, manchada de lagrimas y revelando el horrendo rostro del niño, extrañamente similar al de un vampiro de terror y, ahora, hinchado y surcado por las lagrimas del pequeño lunarian.

- “No vales para nada. Eres un inútil. Todo lo haces mal. Nadie te quiere.” - La voz de la anciana sirvienta invadió sus pensamientos. No era la primera vez que aquella voz aparecía para atormentarle y, desde luego, no sería la última vez que lo haría. - “No mereces mirar a nadie a la cara. Eres escoria que no debería haber nacido y que solo ha traído desgracias a la familia Tsvetnik. Tu abuelo debería haberte cortado la cabeza nada mas verte.” - Continuaba la voz de su cabeza mientras el pequeño se tiraba en el suelo, apoyando su espalda en la fría pared mientras cubría por completo su pequeño cuerpo con sus enormes alas negras y tapaba sus pequeñas orejas de soplillo con sus pequeñas manos, tratando inútilmente de ahogar la voz de la anciana sirvienta que venía del interior de su cabeza, atormentándole sin cesar.

Nuestro pequeño protagonista acababa de descubrir una de las más crueles verdades del mundo. El amor y la detestable capacidad de las personas de negárselo a determinadas personas por el simple hecho de ser diferentes. Pero tranquilo, ávido lector. Esto es sólo el comienzo de la historia y, por cruel que sea, en toda historia siempre hay un lugar para la ilusión… aunque tarde en llegar.
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El lunarian de la mascara de hueso [Pasado] - por Fyodor - 30-09-2025, 10:53 PM

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