—¿Otra vida? — ¿Es que se le ha acabado la anterior? Lo pensó literal, aun así su mente se repitió que eso no es posible, tendría que ser milagroso para lograrlo — Varo. Entiendo, mucho gusto.
Efectivamente es un gusto para ella, por eso sonrió con suavidad, permaneciendo con el semblante sereno ¡Y se ensancha cuando la amabilidad aumenta! Una vez es dichoza por encontrarse en el camino a una persona que le trae calidez al corazón.
Hay muchas cosas que quiere preguntar, pero se amontonan una sobre otra ¿Atrapado en donde? ¿Será que si le cuenta lo que ocurre tendrá una buena respuesta? Apretó los labios y soltó un chasquido con la lengua, pero no llegó a soltar nada. No aun, quizás después, cuando los sentidos no estén enfocados en aquello que los rodea.
—¿Y son tan dulces como el fruto? O tienen sabor como a un ave — ha comido pollo, pero los colores que asocia al animal son otros. Rojo como la manzana, verde como la hierba que le da cosquillas cuando se recuerda — Huh, ¿Es muy normal ser la presa de otro? — seguro en la selva sí, pero en los pueblos no es así. La presa parecieran ser los problemas que llevan a cuesta.
Se han ido las aves por su culpa, pero no reclamó, simplemente alzó el mentón, para escuchar el aleteo de que parten, se marchan a un lugar mejor, como debería hacer ella — Me gustaría… Me gustaría saber lo que es un tigre ¡Me dijeron que era un gato enorme que estaba en las selvas! ¿Es verdad? — porque los gatos que conoce son esos domésticos que se quedan en su regazo toda la tarde, esperando cariños infinitos — ¿Podré tocar uno alguna vez? ¿Ronronearán si les hago cariño?
Suena a tontería, pero nadie ha podido responder.
— Ah, espera… yo tenía que volver al pueblo. Si han pasado días lo mejor será ir de regreso.
Se acercó a su acompañante y buscó el brazo ajeno, encontrándose con una mano. Inicialmente lo apretó con suavidad, como si algo pasara por su mente — Oh… — algo quiere decir, pero no lo logró, simplemente llevó su otra mano para atraparlo más — Nunca había sentido algo así.
Por eso es que su mano se alzó en busca de un rostro que augura que es distinto y quizás lo es si puede llegar a tocarlo — ¡Q-Que suave! Eres como un gatito — de poder, no dudará en buscar las orejas ajenas solo para saber como son — Waah, nunca había encontrado a alguien así. Jamás — no se mostró temerosa, sino más bien encantada con lo que se ha encontrado — Qué eres tú, en la iglesia nunca me encontré a alguien así. Q-Que emoción.
Sin poder evitarlo apretó su mano, no es fuerte, de querer tirarla podrá escaparse de ahí — ¿Te da frío en el invierno? ¿Te da calor en verano? ¿Si duermo contigo eres tibio por las noches?
Seguro no esperó que él fuese la atracción principal de la función.
Efectivamente es un gusto para ella, por eso sonrió con suavidad, permaneciendo con el semblante sereno ¡Y se ensancha cuando la amabilidad aumenta! Una vez es dichoza por encontrarse en el camino a una persona que le trae calidez al corazón.
Hay muchas cosas que quiere preguntar, pero se amontonan una sobre otra ¿Atrapado en donde? ¿Será que si le cuenta lo que ocurre tendrá una buena respuesta? Apretó los labios y soltó un chasquido con la lengua, pero no llegó a soltar nada. No aun, quizás después, cuando los sentidos no estén enfocados en aquello que los rodea.
—¿Y son tan dulces como el fruto? O tienen sabor como a un ave — ha comido pollo, pero los colores que asocia al animal son otros. Rojo como la manzana, verde como la hierba que le da cosquillas cuando se recuerda — Huh, ¿Es muy normal ser la presa de otro? — seguro en la selva sí, pero en los pueblos no es así. La presa parecieran ser los problemas que llevan a cuesta.
Se han ido las aves por su culpa, pero no reclamó, simplemente alzó el mentón, para escuchar el aleteo de que parten, se marchan a un lugar mejor, como debería hacer ella — Me gustaría… Me gustaría saber lo que es un tigre ¡Me dijeron que era un gato enorme que estaba en las selvas! ¿Es verdad? — porque los gatos que conoce son esos domésticos que se quedan en su regazo toda la tarde, esperando cariños infinitos — ¿Podré tocar uno alguna vez? ¿Ronronearán si les hago cariño?
Suena a tontería, pero nadie ha podido responder.
— Ah, espera… yo tenía que volver al pueblo. Si han pasado días lo mejor será ir de regreso.
Se acercó a su acompañante y buscó el brazo ajeno, encontrándose con una mano. Inicialmente lo apretó con suavidad, como si algo pasara por su mente — Oh… — algo quiere decir, pero no lo logró, simplemente llevó su otra mano para atraparlo más — Nunca había sentido algo así.
Por eso es que su mano se alzó en busca de un rostro que augura que es distinto y quizás lo es si puede llegar a tocarlo — ¡Q-Que suave! Eres como un gatito — de poder, no dudará en buscar las orejas ajenas solo para saber como son — Waah, nunca había encontrado a alguien así. Jamás — no se mostró temerosa, sino más bien encantada con lo que se ha encontrado — Qué eres tú, en la iglesia nunca me encontré a alguien así. Q-Que emoción.
Sin poder evitarlo apretó su mano, no es fuerte, de querer tirarla podrá escaparse de ahí — ¿Te da frío en el invierno? ¿Te da calor en verano? ¿Si duermo contigo eres tibio por las noches?
Seguro no esperó que él fuese la atracción principal de la función.
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